El cine como espejo. Mi vida en rojo Kubrick de Simon Roy (Alpha Decay. Colección Héroes Modernos, 2017)

Mi vida en rojo Kubrick

Una película como tabla de salvación o que sirve para leerse uno mismo…

“Ver, analizar, ver de nuevo y sobreanalizar El resplandor, el exhaustivo examen de esta obra magistral equivale a dejar detrás de mí un hilo de Ariadna que me permite encontrar sano y salvo el camino para salir del asfixiante laberinto del hotel Overlook, huir de la bestia encolerizada que nos persigue a mi madre y a mí desde 1942”. Y en esta frase está la clave para entender el apasionante laberinto que se despliega entre las páginas de Mi vida en rojo Kubrick. Simon Roy es un profesor de literatura que cuenta cómo se le grabó en la mente cuando tenía 10 u 11 años la primera vez que vio El resplandor en televisión y sobre todo cuando escuchó unas palabras: “¿Te apetece un helado, Doc?” así como todas las sensaciones que le provocó esa secuencia en concreto. A partir de ese día, muchas veces se ha enfrentado al visionado de la película (y también a la lectura de la novela de King), e incluso ha formado parte como herramienta pedagógica en sus clases, y su poder de fascinación ha sido además una llave para explorar la sombra más oscura de su alma, un trauma familiar que marca su vida y la de los seres más queridos, en concreto su madre.

¿Qué es Mi vida en rojo Kubrick? ¿Un original ensayo cinematográfico sobre la película de Kubrick?¿Un relato de terror con toques de realidad?¿Un ensayo sobre la psicología humana y el trauma? ¿Un libro sobre los poderes ocultos del cine y el arte, sobre cómo una obra puede ser una tabla de salvamento o una llave para leer los enigmas oscuros de nuestro interior? Mi vida en rojo Kubrick es un laberinto revelador sobre el poder de una película para “leer” la vida de un hombre y poder entender el mundo en el que vive y el trauma familiar que condiciona su existencia.

Ese laberinto es un viaje reflexivo por sus páginas que lleva a muchas claves e interpretaciones de las secuencias de la película de Kubrick que se encadenan con la historia de su realizador y con la Historia en mayúscula… y que reverbera ecos brillantes para que el autor, un profesor de literatura, pueda sobrellevar otro intento de suicidio de su madre, ya anciana. Un laberinto que le permite inmiscuirse en el trauma familiar y poder aferrarse a una salida… De pronto, la odisea de Danny y Wendy frente la locura de Jack Torrance se torna en otra cosa, así como la aparición de las gemelas Grady adquiere otro significado.

Simon Roy escribe un libro que mezcla la meticulosidad y obsesión por el detalle kubrickiano, el análisis exhaustivo de una película cargada de significados y un camino que descubre las páginas de la novela de Stephen King…, pero también se convierte en un torrente de emociones y sensibilidades que tratan de buscar forma entre las páginas de un libro; en un relato tierno (pero triste) sobre un hijo y su madre; en un mazazo terrorífico, casi de pesadilla, sobre una herencia familiar que se arrastra; y en una herramienta crucial para alejarse de la locura y de lo oscuro, pese a tener una visión pesimista del mundo…

Binomio cine y literatura. De cine de Joseph Roth (Casimiro, 2018)

De cine

Joseph Roth, lúcido ante su mirada literaria de un nuevo arte, el cine.

El autor de novelas como La leyenda del Santo Bebedor o Job, y muy amigo de Stefan Zweig, escribió un montón de artículos para la prensa entre 1919 y 1931 sobre cine. De cine recopila varios de esos artículos y es un pequeño libro placentero. A Roth no le entusiasman las grandes producciones mudas y siente una distorsión de la Historia o de los modelos literarios que adaptan… y le llama la atención, en negativo, el dinero que cuestan. Así se siente más subyugado por aquellas imágenes que atrapan la realidad y se queda encandilado ante el visionado de Nanuk el esquimal y critica, sin embargo, el resultado del díptico de Los Nibelungos de Fritz Lang, con guion de Thea von Harbou; o le atrapa más el visionado de un noticiario donde reflejan un drama sobre el desempleo en EEUU que la película de aventuras que se proyecta a continuación.

Joseph Roth vierte su pluma literaria para dar su visión particular del cine. A veces saca su humor y su cinismo a relucir para describir a las divas o los directores o para explicar cómo son las películas de detectives. Otras sus crónicas se convierten en relatos maravillosos sobre un pianista de película de cine mudo que cae en la locura tras repetir una y otra vez la misma partitura o sobre un cine al lado de un puerto (y el poder que ejercen las historias cinematográficas sobre los espectadores o, al revés, ¿quizá son las sombras las que nos observan? Dónde está la esencia ¿en la vida o en la pantalla?) u otro sobre una proyección en un recinto al aire libre que da la posibilidad de mirar las estrellas, otra pantalla que le llena más…

Textos en los que hundirse en los que recrea, y esto tiene un valor sociológico sin igual, el ambiente y el tipo de personas que iban a las salas de cine berlinesas. A veces Roth en vez de deleitarse en la película, se regodea con todo lo que le rodea, y refleja cómo el público vivía las películas, cómo eran y funcionaban esas salas… Por ejemplo, cuenta una sesión donde acuden un montón de niños de una organización benéfica para ver un documental sobre la vida en África o cómo vive los momentos antes en un cine antes de la proyección de una película de Harold Lloyd, casi como si la sala se transformara en un recinto sagrado con toda la orquesta de la película y el juego que dan las luces ante la gran pantalla blanca.

Y también realiza reflexiones sobre la naturaleza del cine, sobre las sombras que se proyectan, sobre qué significa la llegada del sonoro, sobre el mundillo cinematográfico, sobre el valor testimonial de algunos eventos y lo que se puede analizar de ellos como su reflexión ante las imágenes del entierro de Lenin… o sobre la ética en la pantalla, por ejemplo, cómo reflejar las películas bélicas, cuando se ha vivido recientemente una guerra o cómo se muestra indignado sobre la exhibición pública de un encuentro entre Charles Chaplin y Gandhi. De cine es un libro breve… pero intenso.

Entrevistas míticas. John Ford de Peter Bogdanovich (Editorial Fundamentos, 1997)

John Ford

Otra entrevista mítica que muestra a un John Ford al que le gusta contar anécdotas…

Una de las entrevistas míticas es la que realizó Peter Bogdanovich a John Ford y el libro transcribe una versión abreviada de la misma. Tanto el prólogo a la entrevista, que es casi un documental escrito, con testimonios incluidos, sobre la forma de ser y la forma de trabajar en el set del director así como un análisis de su obra (desde su etapa muda hasta su última película, Siete mujeres), como la propia entrevista deja al descubierto o permite un acercamiento más a la figura y obra de John Ford. Así aparece la anécdota de su enfrentamiento a Cecil B. DeMille en plena Caza de Brujas donde pronunció su famosa frase “Me llamo John Ford y hago películas del Oeste” o, por ejemplo, sorprende la lucidez y el cariño con los que recuerda sus películas de la etapa de cine mudo y el espíritu pionero (y de improvisación y rapidez) de los primeros directores de cine.

Cuando recuerda El gran combate se posiciona respecto el tema de los indios y es muy claro: “Todas las historias tienen dos aspectos, pero por una vez quería enseñar su punto de vista. Seamos justos: los hemos tratado muy mal, y es una mancha en nuestro historial; hemos engañado, robado, matado, asesinado, hecho matanzas y todo, pero si ellos matan a un solo hombre blanco, por Dios que sale el Ejército”. También sorprende cuando dice una y otra vez sus tres películas favoritas, muy distintas entre sí, y no precisamente las más vistas o las más populares. Estas son El fugitivo, Caravana de paz y El sol siempre brilla en Kentucky (que, por cierto, nunca he visto).

Lo que deja en evidencia este libro, que es todo un clásico, es que su filmografía no es solo extensa, sino prácticamente inabarcable, siempre queda alguna joya por descubrir o películas por ver que completan más su obra y hacen entender mejor su evolución creativa. Ford se revela como un hombre que le gusta contar anécdotas, que deja escapar cierta nostalgia hacia la herencia irlandesa de su familia, hacia la etapa más pionera del cine…; le gusta el humor en la vida, el trabajo bien hecho, fiel a sus amistades y a los profesionales de los que se rodea, pero también es directo, crítico, le molesta dar demasiadas vueltas a las cosas; que lejos de filosofar, prefiere las explicaciones más sencillas y que va directo al grano. Cuando le pregunta el entrevistador cómo es que se metió de lleno en el mundo del cine, da una contundente respuesta: “El hambre”. Y es inevitable ante las pocas palabras que dejó sobre su vida y obra no ver en ellas a algunos personajes o algunas secuencias memorables de sus películas.

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