Mandingo

Los Maxwell perpetuando el sistema esclavista en Mandingo.

Un veterinario es el que cura a los animales de la plantación de Warren Maxwell (James Mason)… y a los negros que allí habitan, bien porque son esclavos de la plantación o porque van a ser vendidos, ya que Maxwell también es tratante. Así de cruda es Mandingo. Una película de Richard Fleischer que presenta en toda su dureza el sistema esclavista en EEUU, antes de su Guerra Civil. Un sistema de poder y sometimiento, absolutamente cruel. Un sistema enfermo instalado en la cotidianeidad, como modo de vida. A los negros se los trata como animales, incluso se les castra si es necesario. Se examina sus dientes, y cada parte de su cuerpo. Son machos y hembras. No tienen alma. No pueden aprender a leer. Si hay el más mínimo conato de rebelión, los castigos más bestias serán los que se inflijan. Se les separa sin miramientos, sus hijos son vendidos, sus mujeres son violadas sí o sí, algunos de sus hombres pueden ser entrenados como luchadores… y se les hace enzarzarse en luchas, sin reglas, hasta la muerte, con apuestas de por medio. En una desagradable cena, le dicen a Warren que hay un método que cura el reuma y es ponerse un perro en el regazo y traspasarle los dolores. El veterinario dice que también vale un negro. Y Warren ni corto ni perezoso, a partir de ese día, tiene siempre un niño a sus pies, pisándolo, para trasmitirle la enfermedad, y curarse él. No es una película cómoda.

Mandingo cuenta un melodrama sureño, con toda la sexualidad y la violencia latente, con todo su ambiente enfermizo, en una plantación con esclavos… y con la mirada desencantada que arrastraba la década de los setenta. Es una película incómoda, desagradable y cada fotograma asesta un golpe. Toda esta es la herencia que traspasa Warren a su hijo Hammond (Perry King), espiritual y física, un joven introvertido, con un complejo fuerte de inferioridad debido a una cojera por un accidente infantil. Hammond es un hombre ambiguo, al que parece que molesta el trato en exceso vejatorio, pero que no hace nada por eliminar. Lo perpetua. Para descubrirse explícitamente en su secuencia final, que arrastra toda esa herencia con virulencia y violencia… Así a todo el trato vejatorio y al funcionamiento del sistema esclavista se une también la historia de la familia Maxwell. Warren quiere un descendiente varón y arregla una boda a su hijo con una prima, Blanche (Susan George). Dentro de la plantación todo se remueve y cambia por varias llegadas: la de Blanche; la de Mede, un luchador mandingo; y la de Ellen, una sirviente negra por la que Hammond siente algo especial, que no entiende. Y entre los cuatro se tejerá una tragedia que explotará en una catarsis final de violencia, muerte y destrucción.

Richard Fleischer rueda con crudeza y distanciamiento el dolor, la dureza, la deshumanización y el ambiente enfermizo y hostil que se vive en la plantación y alrededores. Con sus personajes con pasiones virulentas y revueltas. Y también deja ver cómo entre los esclavos, los sometidos, hay semillas de rebeldía que tratan de romper el sistema, resquebrajar el miedo y despertar conciencias (aunque en el caso de Mede será demasiado tarde). Y también cómo el modo de vida de las familias en las plantaciones encierra más rincones oscuros. Un modo conservador, hostil, violento y donde las mujeres también viven su propio ostracismo, que convierten a Blanche en un personaje odioso, pero que también provoca lástima. Mandingo adaptaba una novela de Kyle Onstott (un autor con un único éxito editorial) y en el momento de su estreno causó revuelo y escándalo. Por ejemplo, Roger Ebert escribió una crítica demoledora contra la película y todo lo que reflejaba. El director, Richard Fleischer (que ya ha aparecido más de una vez por este blog), sabe cómo contar la historia y emplea distanciamiento, su cámara observa, muestra. Se mete dentro de la plantación… y después de la catarsis final, sale. El espectador se convierte en testigo de lo que ocurre tras esas paredes. No escatima tampoco en violencia y sexualidad… y recrea un ambiente hostil, enfermizo… en el que viven sus oscuros y complejos personajes.

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