La forma del agua

El hombre anfibio y la sirena varada… en la sala de cine.

En el cuento de La Sirenita de Hans Christian Andersen, su protagonista quiere alejarse del mar, desprenderse de su cola, conseguir dos piernas para seguir, enamorada, a un joven príncipe al que salva de un naufragio, que además finalmente no la corresponderá. Y consigue lo que quiere a través de la hechicera del mar, pero a cambio de grandes sacrificios. Y uno de ellos es que la deja sin voz. En La forma del agua Elisa Esposito (Sally Hawkins) es una mujer de la limpieza muda, no tiene voz… y tiene piernas, además de unas cicatrices en el cuello. La encontraron al lado del agua. Elisa Esposito se comunica por la lengua de signos… y un día en un laboratorio secreto del Gobierno donde trabaja conocerá a su alma gemela, una criatura del agua, una especie de hombre-anfibio fuera de su hábitat, donde era considerado un dios (porque tiene poderes y cualidades milagrosas, mágicas)… en la selva amazónica. Y Elisa Esposito no solo logra comunicarse con él, sino también enamorarse y ser correspondida. El cuento de La Sirenita al revés…, una sirenita varada que vuelve a su orígenes.

Pero además Guillermo del Toro no solo regala un hermoso cuento, en el que puedes creer en él desde el minuto uno, sino que realiza una hermosa oda de amor al cine. No podía ser de otra manera que una de las secuencias más hermosas sea cuando el hombre-anfibio encuentra su refugio en una hermosa y decadente sala de cine vacía donde se proyecta La historia de Ruth de Henry Koster. Y ahí va a buscarlo Elisa. Porque Elisa y su vecino homosexual, Giles, viven al lado de la sala de cine. De hecho el dueño de la sala es su casero. Una sala de cine que se cae a pedazos, que vivió otros momentos de esplendor, pero que sigue programando y proyectando… Sueños de cine, como los que tienen Giles y Elisa frente al pequeño televisor con Shirley Temple o Alice Faye. Y es que a Elisa le gustan los musicales y siempre se queda con distintos pasos… Porque ella no deja de buscar nunca un camino de baldosas amarillas que la lleve a encontrar aquel ser vivo que la haga sentir. No duda en comprarse unos zapatitos rojos. Ni tampoco en tratar de expresar su amor, como si se encontrara dentro de un musical de Ginger Rogers y Fred Astaire.

Además Guillermo del Toro que se alimentó de películas de monstruos en la infancia, aquí da la mano al hombre-anfibio, a la bestia, y empatiza con él para ofrecerle su historia de amor. Y es que la chica sí se va enamorar de la bestia, del monstruo. Desde el primer momento. Así como King Kong no consigue a la dama rubia y su historia de amor es trágica, ni tampoco el referente más evidente de este hombre anfibio, que es el ser acuático de La mujer y el monstruo de Jack Arnold, logra que la heroína morena (Julia Adams) suspire de amor por él…., el director mexicano permite que su hombre anfibio sí sea correspondido. Y es que Elisa Esposito no espera besar a la bestia y que surja el príncipe o amar al sapo y que se transforme en un hombre bello. No, Elisa se enamora totalmente del hombre-anfibio sin querer que cambie o se transforme.

Y como La forma del agua es un hermoso cuento. Hay personajes muy buenos y personajes muy, pero que muy malos… y todos viven en la América de los 60 en un periodo turbulento social y políticamente donde además se vive la paranoia de la Guerra Fría. Así los buenos forman parte de las minorías que están en plena lucha por sus derechos: el vecino gay (Richard Jenkins), que es un buen ilustrador, o la mujer de la limpieza negra (Octavia Spencer), que siempre se queja sabiamente del esposo. El malo malísimo es un funcionario militar (Michael Shannon), que trajo a la criatura del pantano, y que representa el sueño americano (con todas sus sombras y represiones): vive en una urbanización perfecta, tiene una esposa perfecta, dos niños perfectos… y aspira a comprarse el mejor coche, a cumplir sus objetivos y a no fracasar. Pero algo huele a podrido en su interior, como dos de sus dedos que se le van ennegreciendo. También hay personajes con claro-oscuros, que echan una mano a los protagonistas, como el doctor Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg), un científico-espía, que termina decantándose por la maravilla extraña que es el hombre-anfibio… y traiciona a soviéticos y americanos por amor a la ciencia.

La forma del agua no solo te sumerge en ella, sino que todo flota o baila, con música de fondo de discos de vinilo, unos huevos cocidos, unas tartas de lima sin terminar, unos zapatitos rojos, unas ilustraciones preciosas, un tanque lleno de agua, una bañera, una sala de cine vacía, una televisión siempre encendida… y unas gotas de lluvia tras el cristal.

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