A qué me refiero con amor al cine. Hay obras cinematográficas que cuentan historias pero a la vez son un homenaje explícito a las películas, una canción de amor al cine. A continuación en esta sesión doble (con propina-sorpresa) se proponen tres maneras de amar distintas pero que emocionan.

Para explicarme mejor, algunos ejemplos. En Voces distantes o El largo día acaba de Terence Davies vemos cómo el director recrea y ficciona sus recuerdos infantiles a través del cine. Así en ambas películas son de suma importancia la sala, como vía de escape; las bandas sonoras que también forman parte de la memoria sentimental o aquellos documentos sonoros de diálogos de películas que podían marcan para siempre o aquellos carteles en las marquesinas que ya contaban una historia… Woody Allen es otro director que refleja varias veces su amor al cine. Siempre en sus películas hay una proyección, una sala de cine, una cola delante de un cine, una emisión de una película clásica en televisión…, e incluso a veces los personajes cinematográficos cobran vida y salen de sus pantallas… Así el cine en Allen impide suicidios, da sentido a la vida y se convierte en refugio… Son distintas maneras de hacer una película, contar una historia y además realizar también una declaración de amor al cine.

La propina-sorpresa viene de la mano de Stanley Donen y su Movie, movie (1978) que canta su amor a aquellas sesiones dobles de los años treinta que hacían más fácil la Depresión en EEUU.

Lejos del cielo (Far from heaven, 2002) de Todd Haynes

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¿Es posible construir un melodrama con todos los ingredientes que tuvo el género durante su etapa dorada, los cincuenta, bajo la óptica de un siglo XXI que empieza? ¿Es posible rescatar la esencia de Douglas Sirk, uno de los representantes más importantes del género en esa década? La respuesta a las dos preguntas es sí. No hay más que ver Lejos del cielo de Todd Haynes. Con la elegancia, un fuerte sentido de la estética, el cuidado del color así como la ambientación y con una partitura maravillosa, uno de sus últimos trabajos, de Elmer Bernstein… Todd Haynes construye un perfecto melodrama sin huellas de censura. Pero lo explícito no supone una ruptura del género sino una evolución. Lejos del cielo se convierte en un canto exquisito de amor al melodrama. Pero además no es una película antigua o pasada de moda porque muchas de las situaciones planteadas, en muchos lugares, siguen sin estar superadas. Y los sentimientos de rechazo, soledad, miedo o la injusticia social y el clasismo siguen vigentes.

Así Haynes recicla el argumento de Sólo el cielo lo sabe de Douglas Sirk y crea una película propia hermosísima. Sin amar el melodrama y sus mecanismo nunca se podría haber construido de manera tan emocionante Lejos del cielo. Refleja esos años cincuenta a través de la tragedia de una ama de casa burguesa, Cathy Whitaker (maravillosa y deslumbrante Julianne Moore), que ve cómo su vida perfecta (american way of life) se desmorona en pedazos y cómo queda atrapada en su pequeña ciudad provinciana. No es solo que su marido haya ocultado siempre su homosexualidad (y que se enamore perdidamente de un hombre… y que tenga mucho más fácil que su esposa la huida y la búsqueda de su identidad) sino que a ella la cortan las alas por todas partes… cuando se descubre la amistad que la une a su jardinero negro, un hombre culto y sensible que tiene que soportar el rechazo en su día a día y el único que entiende y escucha a Cathy.

Y si a Sirk le era posible dar una esperanza y una salida a la soledad a Cary Scott (Jane Wyman), a Haynes no le es posible hacer lo mismo con su Cathy… Sus años cincuenta, bajo la sabiduría y el pesimismo que da el paso del tiempo y la mirada del siglo XXI, la condena a la soledad más absoluta. Eso sí la regala una despedida bella e intensa en una estación de tren del hombre con el que nunca podrá estar y la compañía de una banda sonora inolvidable.

Yo, él y Raquel (Me & E arl & the dying girl, 2015) de Alfonso Gómez-Rejón

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Una mezcla a priori explosiva para huir de la sala de cine: planteamiento love story, con el concepto ahora tan de moda de young adult, adolescentes incomprendidos con hormonas volátiles y cine independiente… Sin embargo, Yo, él y Raquel sorprende pues lo que transmite finalmente es un amor enorme al cine, dosis de verdad y un tratamiento sensible de la enfermedad, el dolor, la pérdida, la muerte mezclada con un miedo a crecer, con la confusión, la soledad y el miedo al rechazo de la adolescencia.

Greg es un adolescente a punto de terminar el instituto y dar el paso a la Universidad. Es un tipo inteligente pero emocionalmente patoso e inmaduro, con miedo a crecer, que prefiere ser invisible y no destacar para pasar desapercibido. Pasa los días junto a su mejor amigo, Earl, y los dos tienen como hobby hacer sus particulares versiones de películas como Apocalipsis Now, Al final de la escapada, Cowboy a medianoche… Los dos sienten predilección por el cine europeo. Todo cambiará cuando la madre de Greg le informa de que a una vecina y compañera de instituto, Raquel, le han diagnosticado un cáncer y le obliga a que se relacione con ella. Entonces asistimos a la historia de una amistad condenada… contada en primera persona por Greg, que además tiene una imaginación y una creatividad desbordantes. Y al intento por parte de Earl y Greg de cumplir con un encargo: una película para Raquel.

Alfonso Gómez-Rejón lleva a la pantalla el guion de Jesse Andrews (que es además el autor del libro que adapta la película) y además de contar con esa mezcla explosiva de la que hablo al principio, cuenta con referentes cinematográficos muy recientes que trataban el mismo tema: Bajo la misma estrella (que consigue un personaje muy potente interpretado por Shailene Woodley pero hace aguas alrededor) y Restless que aporta la mirada siempre interesante de Gus van Sant. Además de contar con una estética que recuerda mucho al Michel Gondry de Rebobine, por favor. Pues bien…, a pesar de todo, Gómez-Rejón finalmente consigue y sorprende con una película propia que destila verdad (qué gran personaje la madre de Raquel con una interpretación brillante de Molly Shannon) y mucho pero mucho amor al cine… con un clímax final en el hospital, con proyección incluida, realmente cautivador, emocionante.

La propina. Movie, movie (Movie, movie, 1978) de Stanley Donen

Stanley Donen, creativo hasta el final, en una de sus últimas obras cinematográficas realiza un especial ejercicio de amor infinito al cine… Inventa una posible sesión doble que se podría haber proyectado en los años treinta en EEUU… en esas sesiones continuas donde los espectadores trataban de huir de la Depresión con historias sencillas, entretenidas que les hicieran volar y olvidar. Historias donde los malos eran muy malos y los buenos muy buenos. Donde la chica encontraba al chico y se quedaba con él y viceversa. Y donde había géneros estrella, además de tráileres anunciando futuras películas para evadirse. Allí el público reía y lloraba… y se evadía de la cruda realidad.

Así Donen crea una sesión doble con una película sobre boxeo y superación personal y un musical a lo calle 42. Imagina y recrea… y dota a las películas del espíritu de aquellos años con mucho sentido del humor y dosis de cariño. En Manos de dinamita mezcla todos los tópicos de las películas sobre boxeo y superación personal con aires de tragedia. Chico joven y pobre enamorado además de una linda bibliotecaria. Nuestro protagonista sueña con ser un buen abogado… pero que ante la futura ceguera de su hermana (y su salvación posible a través de un viaje y una operación costosa), decide entrenarse y convertirse en un campeón del boxeo para reunir el dinero necesario. En su camino se cruza un antiguo campeón de boxeo, ahora entrenador, y su ayudante…, dos bellas personas que tratan bien al muchacho (y se convierten en amigos y protectores) y un gánster que juega sucio y además le presenta a una chica cautivadora que se hace llamar Peligro. Y por supuesto con emocionante pelea final… donde nuestro boxeador se lo juega todo.

Y en Las bellezas de Baxter, 1933, con la clara inspiración del coreógrafo Busby Berkeley, conjuga todos los tópicos de aquellas películas musicales donde había que levantar en poco tiempo y con muchos obstáculos un espectáculo en Broadway. Actrices estrellas que actúan como divas, compositor tímido y con talento, la aspirante con sueños, el productor al borde de un ataque de nervios y de una enfermedad terminal, la actriz de vuelta de todo…, canciones, números musicales y la máxima fundamental: el espectáculo debe continuar…

… Entre medias un emocionante tráiler de un próximo estreno: una emocionante película bélica sobre aviadores valientes que surcan los aires…

Stanley Donen consigue un divertido y nostálgico homenaje a aquellas sesiones y es un placer ver como nexo de unión de las dos películas y el tráiler a actores veteranos como George C. Scott, Eli Wallach y Red Buttons que se nota que se divierten con los distintos personajes que tienen que llevar a cabo.

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