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Para conmemorar los cien años del nacimiento de un personaje, Charlot, Lumen recuperó íntegramente la autobiografía que escribió su creador, Charles Chaplin, publicada en el año 1964 (empezó a escribirla en 1958). De ella había leído varios fragmentos así como ciertos comentarios y críticas que no dejaban en buen lugar estas memorias. Sin embargo, me he deleitado con su lectura y se han disipado esas sombras que había sobre estas páginas… porque ya es mucho lo visto e investigado sobre Chaplin y esta autobiografía personal enriquece mi visión sobre este creador. Así acabo con una de mis lagunas sobre Charles Chaplin, hundirme en su propia vida vista por él mismo.

Contextualizarla

Estas memorias están escritas en su “exilio” en Suiza. En el año 1952, estaba en un barco junto a su familia, para ir al estreno de Candilejas en Europa, cuando recibió la noticia de que era persona non grata en Estados Unidos y que no podría regresar a no ser que se presentase ante el Comité Investigador de Inmigración para declarar ante diversas acusaciones de cariz político y “depravación moral”. De pronto Charles Chaplin experimentó la sensación de caída, él que durante el cine mudo había sido adorado en todo el mundo, ahora recibía también grandes dosis de odio y olvido. Su cine antes encumbrado, ahora estaba siendo denostado. Así que es una autobiografía de un hombre desencantado, resentido y triste (aunque siempre le acompañó esa tristeza y también ese halo de persona solitaria e introvertida). Como en todas las autobiografías es valioso tanto lo que cuenta… como lo que calla.

Su madre

Así es una autobiografía que empieza con un crudo preludio que no solo muestra la pobreza que rodeó la vida del actor sino que realiza una triste y dura presentación de una mujer que marcó su vida: su madre, Hannah Chaplin (su nombre artístico era Lily Harley), una actriz de variedades. Una mujer que ante la pobreza y las dificultades de la vida fue perdiendo su salud mental. Así las primeras páginas de la autobiografía de Chaplin cuenta una infancia, junto a su hermano (solo de madre), Sydney (y otra de las personas presentes a lo largo de su vida), con tintes dramáticos, donde se percibe el Londres de los bajos fondos (y donde Chaplin contaría con muchos elementos para luego construir la vida de su Charlot, el vagabundo). A la vez también se refleja como tanto él como su hermano desde su infancia estuvieron unidos al teatro de variedades pero también a una vida de penurias (traslados continuos a casas de condiciones pésimas, lugares de beneficiencia, visitas a los sanatorios de salud mental, hambre, enfermedad, trabajos variopintos para sobrevivir…). Su padre, que se había separado de su madre cuando Chaplin tenía 3 años, también fue un actor de variedades y falleció a causa de una cirrosis provocada por el alcohol a la temprana edad de 37 años.

Ahí en la infancia se va conformando la personalidad del creador, que encuentra como tabla de salvación las distintas compañías de teatro de variedades, que le permitirán realizar distintas giras y conocer así como dar su primer salto a los Estados Unidos.

Cine silente

Una industria que nace y en la que todos son pioneros. Y ahí está Chaplin dando sus primeros pasos junto a Mack Sennett (en sus estudios Keystone). Ahí además de encontrar la esencia de Charlot, conocería el oficio de ese nuevo arte, el cine. En sus comienzos pioneros, hay nombres como Mabel Normand, Ford Sterling, Roscoe Arbuckle (Fatty) y muchos más. Después vendrían otras compañías, donde él ya tendría el control de sus cortos, y el nacimiento de una leyenda y una popularidad sin igual. Que además culminaría con la creación de un estudio junto a otros actores y directores del momento, United Artist. Por otra parte, en su autobiografía habla de cómo entiende su obra y la forma de hacer cine.

Su obra cinematográfica

Es curioso como las obras más valoradas por él mismo, son las más desconocidas, menos analizadas y más alejadas del cuerpo de su filmografía. Así se siente particularmente orgulloso de Una mujer de París y de Monsieur Verdoux (que corresponden a dos momentos muy distantes en su vida y en situaciones distintas respecto su fama).

También descubre como una inflexión en su carrera el largometraje de El chico. Por otros largometrajes pasa de largo y otros apenas los nombra, se para algo más (pero no de manera exhaustiva) en La quimera de oro, Luces de la ciudad, Tiempos modernos, El gran dictador o Candilejas. También es interesante cómo habla de alguno de sus cortometrajes y qué significaron en su carrera.

Otras personas del mundo del cine

Aunque no era muy amante de la vida de Hollywood, sí que mantuvo relaciones con algunas de sus personalidades. Así cuenta (hasta el fallecimiento del actor) su larga relación de amistad con Douglas Fairbanks (y por ello también con Mary Pickford… aunque con esta se enfriaría la relación). Y también dará otra cara y más detalles sobre otra de las parejas más influyentes y complejas del Hollywood silente, la formada por Marion Davies, como eterna amante del magnate de la prensa, William Randolph Hearst.

Respecto a sus compañeras de reparto hay dos historias que relata muy especiales. Una de sus paternaires en varios cortos y largos importantes (como El chico o Una mujer de París) fue Edna Purviance. Con ella no solo la descubre y convierte en musa sino que también hay una despreocupada relación sentimental por parte de ambos. Su relación perduraría a lo largo de los años, en que curiosamente Chaplin jamás dejó de pagarla un sueldo (aunque ya no trabajara en sus películas y apenas se vieran). Chaplin refleja a una mujer tremendamente divertida que no dejó de serlo incluso en sus momentos más difíciles, como demuestran las últimas cartas que mandó al director en que ya no solo estaba muy enferma sino también absolutamente olvidada. Y la otra relación que llama la atención es con Paulette Goddard, su heroína en dos de sus largometrajes más populares Tiempos modernos (última y maravillosa aparición de Charlot) y El gran dictador. Cuenta su relación con total naturalidad y al igual que llegó su unión y boda, también se dejaron sin problema alguno. Ninguno de los dos habló mucho de su relación y convivencia en común. Respetaron su intimidad mutuamente.

Mujeres e hijos

Charles Chaplin se muestra tremendamente frío (e incluso frisando lo despectivo) con un montón de relaciones frustradas que tuvo con distintas mujeres. Es como si tuviera una importante carencia a la hora de enamorarse y amar. El romanticismo que se deja entrever en sus películas, es prácticamente imposible de vislumbrar en su vida real. Por supuesto es ahí donde más calla. Al igual que silencia todos los escándalos que aireó la prensa (solo se explaya con el protagonizado por Joan Barry pues consideró que fue explotado para desacreditarle y que se convirtió en uno de los motivos para expulsarle de EEUU). Habla de casi todas sus relaciones con amargura y distanciamiento, sin una pizca de sensibilidad o amor. Así describe con total desapasionamiento su relación con su primera esposa Mildred Harris, no la nombra y solo de pasada vislumbramos a su segunda esposa Lita Grey (y por supuesto no nombra en ningún momento a sus dos hijos y sus difíciles relaciones con ellos, Charles y Sydney). Con Paulette, su tercera esposa, más bien fue como un mutuo acuerdo de ambos para espantar su soledad. Y solo tiene palabras más cercanas al cariño y respeto que al amor a su última y jovencísima esposa (así como madre de ocho de sus hijos), Oona O’Neill.

Personalidades

Otro de los aspectos de su personalidad que llama la atención a lo largo de su autobiografía es la importancia que da a sus encuentros con ilustres personalidades del siglo xx y su relación con ellos (aquí es donde siempre había encontrado más críticas negativas a estas memorias, como que a Chaplin solo le importaba este aspecto de su vida). Parece que estos encuentros son lo que más valoró y lo que más le satisface de su fama (fue autodidacta en cuanto a su formación intelectual). Así las páginas de la autobiografía esconden todo un anecdotario curioso de los encuentros de Chaplin con intelectuales, políticos, científicos, artistas de toda índole (escritores, pintores, cantantes de ópera, poetas, actores de teatro), aristócratas, personalidades de la realeza… que pintaron el siglo xx. Así nos encontramos con Churchill, Gandhi, Albert Einstein, Picasso, Gertrude Stein, los Steinbeck… y una galería realmente amplia.

Política

También remarca y explica perfectamente su pensamiento social y político. Su posición ante las dos guerras mundiales. Y cómo vivió su expulsión de los EEUU como un ataque a su pensamiento político así como a no haber solicitado nunca la ciudadanía estadounidense (nunca perdió su nacionalidad británica). Narra cómo fue uno de los afectados por la caza de brujas y la brutal presión que vivió por parte de la prensa norteamericana que además aireó también el escándalo con Joan Barry. Y como siempre se le vio cercano a una ideología socialista (entre otras cosas, por películas como Tiempos modernos y El gran dictador). Por otra parte, además no se vio con buenos ojos, su apoyo a la Unión Soviética como aliado de la Segunda Guerra Mundial… a la que había que echar una mano y posicionarse en su enfrentamiento contra el nazismo. También deja reflexiones y pensamientos interesantes sobre la pobreza que vivió y sobre su conversión en un hombre millonario.

Un hombre triste y patadita

Así la autobiografía de Chaplin se convierte en una apasionante crónica del Hollywood silente, del Londres de los bajos fondos de finales del siglo xix, de los acontecimientos que marcaron el siglo xx… y en el retrato personal que realiza de sí mismo un hombre triste, desencantado, complejo y amargo que hizo y hace de reír con su personaje Charlot, que daba una patadita ante las adversidades.

Aviso de Hildy: durante unos días voy a estar ausente de este blog… pero por buenos motivos, por supuesto. Un pequeño paréntesis, un breve descanso. Después, como siempre, más cine…

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