Sobre los blaxploitation. ¿¡Soy lo bastante negro para ti!? (Is That Black Enough for You?!?, 2022) de Elvis Mitchell / Coffy (Coffy, 1973) de Jack Hill

Un recorrido por los blaxploitation. ¿¡Soy lo bastante negro para ti!? (Is That Black Enough for You?!?, 2022) de Elvis Mitchell

Dorothy Dandridge y Harry Belafonte, dos pioneros en cambiar la imagen de los afroamericanos en el cine de Hollywood.

El crítico de cine Elvis Mitchell escribe y dirige ¿¡Soy lo bastante negro para ti!? En este ensayo cinematográfico cobra especialmente importancia que este crítico sea afroamericano. ¿Por qué? Pues porque a partir de su experiencia personal como espectador de cine apasionado, cuenta esa otra historia de cine en Hollywood. Es decir, la presencia de actores, directores o guionistas negros en el sistema de estudios desde el cine mudo hasta los años setenta donde se produce un antes y un después con el fenómeno de los blaxploitation. Dicho género, agrupa a un grupo de películas, normalmente de bajo presupuesto, protagonizadas por afroamericanos que supusieron taquillazos. El éxito de dichas producciones, y también sus bandas sonoras, hizo que incluso los grandes estudios apostaran por estos largometrajes.

De esta manera, nació todo un star system paralelo y una representación distinta del afroamericano en la pantalla de cine. No obstante, el género también tuvo sus contradicciones, pues muchas de estas películas eran extremadamente violentas, con unos planteamientos machistas, que explotaban al máximo la sexualidad, mostrando la corrupción, los negocios sucios, las drogas y demás asuntos que dejaban una mirada controvertida de la comunidad negra estadounidense. Pero lo que estaba claro es que el estereotipo había cambiado: ya no era el personaje sumiso, cómico, victimista o sin apenas protagonismo, sino que los hombres y las mujeres de este movimiento mostraban toda su personalidad arrolladora, fuerza, sexualidad, rabia y orgullo de ser negros. Y esto abrió el camino a una generación de realizadores, actores y actrices y profesionales del mundo del cine que ha abierto el abanico, reflejando al cien por cien un mundo plural.

Elvis Mitchell se centra en dos antecedentes claros para empezar a cambiar la perspectiva de la presencia afroamericana en las películas: Sidney Poitier y Harry Belafonte. Así como la manera de enfocar el tema racial de directores del Nuevo Hollywood, como Hal Ashby, o de la presencia de solventes actores negros en el cine independiente americano como Rupert Crosse. Todo está a punto, sobre todo con la presencia de directores afroamericanos pioneros como Melvin van Peebles, Gordon Parks o Ossie Davis en la industria del cine, pero el crítico cinematográfico no se olvida tampoco de mencionar a un realizador afroamericano en el Hollywood clásico y del cine mudo, Oscar Micheaux.

Respecto a los dos tipos de oro: Poitier y Belafonte, Mitchell realiza un análisis crítico de la aportación de cada uno. A Belafonte le presenta más guerrero y más dispuesto a cambiar los planteamientos de la industria en cuanto a la representación de la comunidad negra. Una de las películas que se reseñan de este último es la maravillosa Apuestas contra el mañana de Robert Wise. Y a Poitier le dibuja un camino más lento y acomodaticio, pero igual de influyente. No le quita su valor ni sus méritos, pero sí explica que en un principio Poitier representó al hombre negro que no era una amenaza para el hombre blanco: bello, conciliador, comprensivo y cercano.

Después ya empieza la galería de películas que reventaron taquillas, crearon estrellas y sobre todo fueron afianzando otra manera de representar a los afroamericanos en el cine. En el universo del blaxploitation había todo tipo de físicos, importaba la estética y la moda, así como también la música que acompañaba sus historias. El género rompedor fue el thriller, puro cine negro o el cine de acción culminando con Shaft de Gordon Parks o Super Fly de Gordon Parks Jr.

En un momento, que la industria estaba cambiando y buscando nuevos caminos, fue una vía de aire fresco, de tiempos nuevos que iban cambiando. Incluso los grandes estudios en crisis hicieron caso a este tipo de producciones. El género tuvo la duración de un suspiro, años setenta, hasta que Hollywood se renovó y comenzaron nuevos modos de distribución cinematográfica con jóvenes como Steven Spielberg, George Lucas o John Badham. Este último con John Travolta y Fiebre del sábado noche supo incluir los ingredientes que habían triunfado en los blaxploitation.

Sin embargo, estas películas dejaron la puerta abierta para el desarrollo de esta otra historia del cine que continuó lenta, pero que hoy sigue en marcha y sin freno. No faltan los testimonios de actores como Samuel J. Jackson, Laurence Fishburne, Whoopi Goldberg, Margaret Avery o la guionista Suzanne De Passe que enriquecen la visión de un camino abierto y en continúa transformación.

Un blaxploitation de pura cepa. Coffy (Coffy, 1973) de Jack Hill

Pam Grier, como una enfermera justiciera contra el mundo de la droga.

Precisamente uno de los momentos culminantes del documental de Elvis Mitchell es cuando analiza lo que supuso la aparición en el star system de la actriz Pam Grier. Y se centra sobre todo en Coffy, blaxploitation de éxito. Una de las grandes contradicciones es que varias de estas películas fueron rodadas por directores blancos como Jack Hill, un realizador que hacía películas exitosas y de bajo presupuesto a lo Roger Corman. Su estrella máxima en varias producciones fue la Grier. Pues el sistema de estudios no fue ajeno a esta transformación y a este nuevo nicho de espectadores y éxitos.

Lo cierto es que Hill levanta una película políticamente incorrecta, con una heroína de armas tomar (sensual y bestia a la vez) y con un fondo crítico y reivindicativo sobre la situación social de la comunidad afroamericana en plena década de los setenta. No deja de reflejar los estragos de la droga y la corrupción política y policial. El espíritu justiciero va de la mano de una enfermera, que deja salir toda su rabia cuando su hermana pequeña de once años termina postrada en una cama por las drogas. Así que ni corta ni perezosa se pone a la búsqueda de aquellos que han postrado en la cama a su hermana para eliminarlos: empieza por yonquis que venden mercancía, traficantes de poca monta hasta ir alcanzando otras esferas más peligrosas, que muestran sus lazos con políticos y policías.

En su camino, Coffy irá perdiendo amistades y amores, pero no la parará nadie en una lucha que sabe perdida. A veces tiene la sensación de que está en un sueño, y que no puede despertar. Sabe que solo acabará con unos eslabones de la cadena, pero que el camino en solitario continuará. Pero ella no deja de andar por una playa, bajo el atardecer, pese haber renunciado al amor y haber sembrado todo un camino de muerte y violencia. Todo con la música y las canciones de Roy Ayers de fondo, un influyente músico de funk, soul y jazz.

Pam Grier muestra todo su poderío y su personalidad con un cuerpazo de infarto y enseñando con todo su esplendor la belleza del pelo afro. Estrella de glamour total, en cada secuencia luce un modelo o un peinado, estando siempre divina, incluso en los momentos más peligrosos. La película de Jack Hill no aburre ni un segundo con sus dosis descabelladas de violencia y sexo y un ritmo trepidante que nunca decaé. Un blaxploitation en estado puro. Nuevos tiempos, nuevas heroínas de carne y hueso, que no necesitan nadie que las cuide o proteja. Ellas solas se bastan.

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14 comentarios en “Sobre los blaxploitation. ¿¡Soy lo bastante negro para ti!? (Is That Black Enough for You?!?, 2022) de Elvis Mitchell / Coffy (Coffy, 1973) de Jack Hill

  1. Hola Hildy
    Pam Grier ¡nada menos! la Jackie Brown de Tarantino y, aunque hoy es la «edad de oro» de las series, también «influyó» en una de los setentas «Get Christie Love!» que, incluso, disfrutamos por aquí.
    Como comentas la blaxpoitiation disfruto de grandes músicos pero su auge también era debido a la gran importancia que tuvieron los músicos afroamericanos durante los sesentas y cincuentas. Digamos que se retroalimentaban (no iba a ser blaxpo-noséqué el único palabro). (Aquí es cuando digo que Belafonte era, también, un estupendo cantante de… ¡Calypso! de, de de dee daylight come and we want go home).
    Un saludo, Manuel.

  2. Muchas gracias por acercarnos a tantas películas maravillosas que, sin tu blog, seguramente no llegariamos a conocer y disfrutar.

  3. Sí, Manuel. Yo la descubrí precisamente con Jackie Brown, que es una peli de Tarantino que me gusta mucho. Efectivamente, tienes razón con lo que aportas de las bandas sonoras. Fue un momento de oro donde música y cine se complementaron.
    Belafonte como no podía actuar ni tener los papeles que deseaba en cine, se dedicó mucho más a su faceta musical… Y a los calypsos…
    Beso grande con mucho ritmo
    Hildy

  4. Queridísima María Rosa, ya sabes que conozco bien tus gustos. Y sé que el documental podría resultarte interesante, pero me atrevería a decirte que no te gustaría ni disfrutarías de Coffy. Jajaja, soy muy atrevida, aunque puedes no hacerme ni caso
    Beso bonito
    Hildy

  5. Hola Hildy!
    Buen e interesante repaso a este genero. Estaba leyendo el post y resonaba en mi cabeza esa música tan particular que acompañaba a las películas. Efectivamente, lo del cuerpo de Pam es como bien describes de infarto…
    Besos y feliz semana!

  6. Sí, querido Fran, es una de las cosas que más llama la atención: las bandas sonoras de estas películas. Sí, Pam Grier se convirtió en todo un fenómeno cultural, y además es una mujer bellísima.

    Beso
    Hildy

  7. Esta reseña tuya, querida Hildy, me ha recordado a una de las películas más pobres y miserables en su producción que he visto nunca. Se trata de Moon over Harlem, (1939) de Edgar G. Ulmer. Como sabes este director tan especial tuvo que trabajar en las más lamentables encomiendas de la subindustria cinematográfica después de sus movidas por quitarle no sé si la novia al sobrino de Carl Laemmle, que le supuso la defenestración laboral y tener que dedicarse a hacer infrapelículas, como esta que comento, eminente precedente del género blaxpoitation (nunca he entendido bien qué significa este palabro)
    Moon over Harlem, como decía, es la cosa más pobre que se haya podido rodar, apenas se ve ni se oye, todo es precario y lamentable en ella, lo cual es un reflejo de la nula exigencia que se le suponía a su público potencial, eminentemente negro, pues negros son todos sus intérpretes y su ambiente.

    Ay Pam Grier, no me la nombres tres veces, que desaparezco.

    Un besazo!

  8. Querido Manuel, jajajaja, no repetiré el nombre de Pam tres veces, que no quiero que desaparezcas, por favor.
    Qué bueno traer acá a Edgar G. Ulmer con una filmografía curiosísima. Y gracias por recordar Moon over Harlem (1939). No he podido verla nunca, pero es muy interesante todo lo que compartes, así como señalar que es un antecedente de los blaxploitation. ¡Me encanta!
    Y es que en esos años era difícil que Hollywood reflejara a la comunidad afroamericana. Tan solo en pequeños papeles y muy estereotipados. También King Vidor rodó una película exclusivamente con actores negros: Aleluya, en 1929. O uno de los episodios de Julian Duvivier y su película Seis destinos en 1942. Y no podemos olvidar el melodrama de Stahl, que luego haría remake también inolvidable Sirk, Imitación de la vida (1934), donde se cuenta la amistad entre una mujer blanca y una mujer negra que se conocen en momentos precarios para ambas.
    Hay muchas historias desde las que abarcar o contar la historia del cine, la verdad.
    Y siempre se realizan descubrimientos de obras cinematográficas que realmente merecen la pena.

    Beso
    Hildy

  9. Hola otravez
    Otro antecedente obvio sería «Orfeu Negro» (por cierto la muerte tiene un «papelito» y salen niños ejem, ejem). Confieso que, a pesar de todos sus premios, la peli no me convence pero tiene dos canciones que están en mi Olimpo: «A felicidade» y «Manha de Carnaval».
    Otra canción de mi Olympo particular es «Across 110th Street» que era la banda sonora de una blaxpoitation de mismo titulo y casi el mismo año que «Coffy». Es también la canción que suena mientras Jackie Brown se desliza por la cinta del aeropuerto y a algunos -chincha rabiña- nos sitúa al personaje.
    Un saluxploteision, Manuel.

  10. Qué bonitas son «A felicidade» y «Manha de Carnaval», Manuel. He escuchado «Across 110th Street», y es inevitable moverse a su ritmo. Va saliendo a base de comentarios esa otra historia del cine. «Orfeo Negro» no la tengo nada fresca, y me apetece volver a verla.

    Beso
    Hildy

  11. Querida Hildy,
    este interesantísimo documental lo descubrí en Netflix la otra noche y lo estuve viendo con los ojos semi-cerrados por el cansancio del día,pese a lo cual pude llegar al final y tengo pendiente volver a verlo con toda la concentración que se merece la riqísima información que contiene.
    Pam Grier realmente era una delicia para los ojos y reina indiscutida del blaxploitation,pero su título de l»a Venus negra»fue de alguna forma disputado por otras bellas heroínas de color que no merecen quedar en el olvido,como Tamara Dobson(«Cleopatra Joes»),Jeannie Bell («TNT Jackson») o Lola Falana(«Lady Cocoa»)…bellezas que le abrieron el camino a Halle Berry,Vivica Fox o Lupita Nyongo(sí,tengo debilidad por las actrices negras)
    Besos,IVÁN

  12. Queridísimo Iván, sí, a mí me gustó mucho el documental. Lo disfruté un montón.
    Hay un elenco maravilloso de actores y actrices que merecen no caer jamás en el olvido. Pioneros antes del blaxploitation y que lo tuvieron muy difícil solo por no ser blancos: como Juano Hernández, Woody Strode, Hattie McDaniel, Louise Beavers, Dorothy Dandridge, Juanita Moore…

    Beso
    Hildy

  13. Me aburren profundamente los debates identitarios, una cosa que viene barnizada de casa por el aura del progresismo, pero que en el fondo es ultraconservadora y de lo más carca. Pongamos, por ejemplo, el caso de Coffy, ya que la citas. La crítica «progre» del momento llamaba «fascista» (parece que no han pasado los años; es lo que tiene insistir en debates falsos) al Harry Callahan de Clint Eastwood o al Paul Kersey de Charles Bronson porque, siendo policía o un civil blanco, respectivamente, ejercían la violencia «gratuita», es decir, la venganza, al margen de todo procecimiento legal, contra los delincuentes, asesinos, etc. Sin embargo, si eres mujer y «afroamericana» (otro término hipócrita; la cuestión es que la raza no importe ni sea un rasgo diferencial, no cambiar la denominación para distinguir de manera más cool), el discurso de la venganza, más si es para resarcir el sufrimiento de una menor (puro blanqueamiento, con perdón), sobre todo si es familia (valor igualmente conservador), no se califica como tal. Como si ser mujer, ser negra o elegir «mejor» el motivo de la venganza, otorgara una manga ancha moral más amplia. Una cuestión que no es ni más ni menos que el pilar central de nuestros actuales debates públicos. Primero se mira el carnet o la afiliación política de quién dice o hace, y luego se califica el acto, de manera que una misma cosa puede ser una y la contraria según el color político (o cualquier otro) del agente. Lo dicho, esta forma de mirar las cosas me aburre.

    En cuanto al debate de fondo, siempre me ha parecido ilustrativa la cuestión de Una cabina en el cielo (1943), cuando Louis B. Mayer cedía al equipo de actores negros su comedor privado, no por empatía, sino porque el resto del personal del estudio se negaba a compartir el comedor público con ellos.

    Besos

  14. Mi querido Alfredo, el documental te va a interesar. Y plantea lo que dices, que esas películas son violentas y con muchos aspectos tan políticamente incorrectos como Harry. El valor de Coffy no era el tema que tan bien expones de que se comporta como un Harry, con la filosofía del ojo por ojo, sino que ampliaba las posibilidades de representación de una mujer negra en el cine y abría puertas a actrices como Pam Grier, que terminó, cierto es, también encasillada. Presentaba a un mujer hermosa, y que lo sabe, nada sumisa, sin necesitar ser protegida por nadie, una heroína de acción; es decir, un estereotipo alejado de los personajes a los que estuvo condenada, por ejemplo, Hattie McDaniel.
    Lo difícil de estos debates que planteas al principio de tu comentario y que efectivamente crean crispación es su polarización, y nunca mejor dicho, no todo es blanco ni negro, sino que hay una escala de grises donde indagar, analizar, pensar, reflexionar y avanzar. Lo triste es cuando en vez de debate, se fomenta la crispación, el odio y el no querer dialogar, progresar, avanzar, aprender del otro y de lo propio… etcétera.

    Beso
    Hildy

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