La cordillera de los sueños (2019) de Patricio Guzmán

La primera imagen de Los Andes de Patricio Guzmán fue en las cajetillas de fósforos de su infancia.

La cordillera de los sueños cierra de manera redonda la trilogía que el documentalista Patricio Guzmán empezó en un lejano 2010. Con un final poético y emocionante, el director explica que ha encontrado meteoritos en la cordillera de los Andes, pequeñas piedras que caen del cielo, y cuenta que su madre le dijo que cada vez que cae uno en medio de la noche se puede pedir un deseo y que se cumple cuando uno guarda el secreto. Pero Guzmán formula su deseo en voz alta: que Chile recupere su infancia y su alegría. No pierde la esperanza de un país soñado donde quizá hubiese sido posible un cambio social y político. Sin embargo, ese sueño fue aplastado como un cataclismo por la brutal represión y la dictadura de Pinochet.

Guzmán empezó un viaje poético a través de su país en Nostalgia de la luz y después en 2015 con El botón de nácar. A través de la geografía, nadando en el alma de Chile, realiza un inteligente ensayo sobre la memoria de un país e indaga también en la suya, en lo más profundo de su ser. Desde el exilio, el realizador desnuda su alma, y como dice en este último documental, ha pasado más tiempo fuera de su país de nacimiento (reside en Francia)…, pero, sin embargo, siempre su obra cinematográfica ha girado alrededor de Chile.

Porque Patricio Guzmán quiere entender las entrañas de su lugar de nacimiento, saber por qué se produjo esa cruda dictadura y las consecuencias posteriores. Si primero escarbó en el desierto de Atacama y miró también a las estrellas, después fue al océano y se hundió en sus profundidades hasta llegar en La cordillera de los sueños a los Andes que atraviesan Chile. Tres paisajes que definen un país, pero también esconden en sus recovecos huellas de una historia pasada y otra reciente que conforma y marca a cada uno de sus habitantes. Dice el documentalista chileno que su primera referencia a Los Andes fueron las ilustraciones de las cajetillas de fósforos de su infancia…, pero estos se alzan eternos y reales.

La voz de Patricio Guzmán va hilando, como en los anteriores documentales de la trilogía, palabra tras palabra, un abanico de reflexiones que dibujan una mirada que mezcla la nostalgia, unas verdades como puños y otras que duelen, un idealismo que no ha sido vencido y un mapa que cuenta una historia que se niega a no ser contada. A lo largo de los tres documentales surge con fuerza la voz de los desaparecidos de la dictadura.

En La cordillera de los sueños la cámara recorre el estadio nacional de Chile vacío y es escalofriante porque también se convirtió en un centro de detención. Guzmán comparte sus recuerdos como preso político durante quince días. Logró no desvelar dónde estaban los rollos de su trabajo documental: La batalla de Chile. Desde aquel golpe de Estado, Guzmán nunca volvió a vivir en Chile. Consiguió sacar el material del país y difundirlo. Pero el director se centra en otro compañero, Pablo Salas, que se quedó en Chile y siguió filmando la represión. Salas ha documentado durante años la represión de la dictadura con sus cámaras y tiene un legado audiovisual de un valor incalculable: la resistencia contra todo lo que representaba Pinochet. Todavía continua filmando todo movimiento social o de protesta.

Pablo Salas ha dedicado su vida a documentar la represión de Pinochet y sus consecuencias.

Como dice Salas, él documentó visualmente tan solo una mínima parte de lo que ocurrió durante los años más duros. Y las imágenes que se ven de su trabajo documental en La cordillera de los sueños son realmente escalofriantes, pero tan solo son la punta del iceberg del horror vivido. Otras voces van completando y enriqueciendo las reflexiones de Patricio Guzmán. Por ejemplo, la cantante Javiera Parra recuerda el impacto que producía a los niños (ella fue una de esos niños) sentir el miedo, el desconcierto y la desorientación de los padres ante las barbaridades que estaban aconteciendo.

O el escritor Jorge Baradit (Historia secreta de Chile) va exponiendo cómo el golpe supuso la posterior introducción de un neoliberalismo económico brutal, donde tan solo vale lo rentable. Y cómo Chile sigue arrastrando los estragos políticos, económicos y sociales de la dictadura. En ese sentido es impresionante cuando la cámara de Guzmán recorre los aposentos vacíos de un edificio abandonado muy concreto, el de Diego Portales, las oficinas de Pinochet desde donde se instauró el nuevo plan neoliberal en un país en estado de shock.

La cordillera de los sueños está llena de reflexiones maravillosas que recorren esa cordillera donde los escultores encuentran lo que hay dentro de las piedras o toman como labor convertirse en guardianes de la belleza de su país, como dice el artista Francisco Gazitúa, aunque sepa que es una labor quijotesca, casi imposible. Pero el documental se convierte también en la confesión más íntima de su realizador Patricio Guzmán, y quizá el motor de la trilogía.

Volando con su cámara a través de la cordillera, confiesa que descubrió que la cordillera le escondía algo. De pronto, es consciente de que nunca ha hablado de la soledad que le acompaña desde aquel 11 de septiembre de 1973. “Es como una angustia oculta, como si debajo de mis pies se hubiera desplomado algo, como un temblor de tierra”. Explica cómo se ha acostumbrado a hacer películas de Chile desde la distancia (lleva casi cinco décadas fuera de su país), pero “nunca dejé de sentirme solo y de trabajar aislado en medio de la vida cotidiana. En mi alma nunca se despejó el humo de las cenizas de mi casa destruida”. Nunca deja de soñar con empezar de nuevo, por eso quizá necesita entender esa memoria y no dejar de filmar… para construir un futuro que merezca la pena.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

12 comentarios en “La cordillera de los sueños (2019) de Patricio Guzmán

  1. Que un hombre pueda llagar a hacer tanto y tan terrible daño a todo un país es algo estremecedor y tenemos cientos de ejemplos de las veces que ha sucedido y está sucediendo en la historia universal
    Gracias a la valentía de los que en medio del horror han sido capaces de reflejarlo, de contarlo, de filmarlo jugándose la vida, se han podido conocer muchos de estos sangrientos sucesos.
    Su conocimiento y denuncia es lo único que puede evitar su olvido
    Muchas gracias Hildy por descubrirnos este documental..

  2. Hola Hildy
    En el primer párrafo, hasta justo el final, se podría entender que estas escribiendo sobre hoy mismo; en algún otro párrafo podrías estar hablando de otro país en «una galaxia muy, muy lejana…»
    La cordillera de los andes, desde lejos, parece una columna vertebral que une y separa a dos países tan iguales y tan distintos como Argentina y Chile.
    Cuando has escrito sobre el Estadio Nacional de Chile vacío me has hecho recordar aquella película que narró los hechos bien cerca en el tiempo «Llueve sobre Santiago, 1975» mientras el «parte meteorológico» iba narrando eso de «llueve sobre Santiago…» veíamos la ciudad desierta… y seca.
    Un saludo, Manuel.

  3. Un hombre (o una mujer) es capaz de hacer tanto daño a su país, principalmente, porque ni él (o ella), ni quienes lo apoyan (a veces porcentajes muy relevantes, amplísimos, que incluso a veces terminan por ser mayoritarios, de la población) tienen conciencia de hacer ese daño, sino, al contrario, están imbuidos de un espíritu salvador, redentor, que les avala y justifica. Eligen cuáles son los miembros «podridos», según su visión, claro, y los extirpan sin contemplaciones, como culminación de un proceso de deshumanización progresiva. Lo mismo da Hitler que Stalin, que Pinochet o que Franco (o que China, Arabia Saudí, Qatar o tantos otros, con los que hoy hacemos negocios tan ricamente). Experiencias terribles que traumatizan a todo un país (han vuelto a verse los fantasmas en las últimas elecciones) y a un catálogo interminable de escritores, artistas y cineastas, de los que Patricio Guzmán es muestra y ejemplo (para mí, más que Pablo Larraín). Una obra imprescindible para entender el país, pero también lo que ocurrió en Iberoamérica durante cuarenta años, por designio del «poderoso vecino del Norte».

    Aunque a veces se echa de menos que algunos cineastas se dediquen alguna vez a contar otras cosas, a mí estas películas siempre me dejan entre escalofríos.

    Besos

  4. Querida María Rosa: dices algo en lo que estoy totalmente de acuerdo. «Su conocimiento y denuncia es lo único que puede evitar su olvido». Recuerdo a un amigo que se fue hace muchos años, que se despidió diciéndonos: «Que no haya olvido». Y se me quedó grabada esa frase, siempre.

    Beso
    Hildy

  5. Querido Manuel: cuánta razón tienes. Da miedo la actualidad que tiene lo cuenta el documental de Patricio Guzmán. Y como dices puede trasladarse a otros sitios del planeta.
    Me comentó una amiga con mucho conocimiento de Chile que lo esperanzador del documental de Patricio es que es un visionario y puede que después de las últimas elecciones empiece el camino que tanto desea, recuperar ese Chile de la infancia, alegre.
    Me apunto «Llueve sobre Santiago», pues no la he visto. ¿Sabes de qué película me acordé yo cuando vi el Estadio? De Missing de Costa-Gavras.

    Beso
    Hildy

  6. Mi querido Alfredo: es cierto, hay experiencias terribles que traumatizan a todo un país. Al final, en las elecciones, que es verdad que han sido muy reñidas, y como dices los fantasmas están ahí, han abierto finalmente un camino que puede ser bueno para Chile, un momento de movimiento, cambios e ilusiones.
    Me gusta cuando hablas de Larraín y Guzmán. Yo te confieso que en estos últimos años soy una admiradora total del cine chileno. Creo que Guzmán es de la generación que vivió la dictadura y Larraín es de la generación que ha visto la herencia y analiza el pasado. No sería mala idea un ciclo de ambos y qué diálogos establecerían sus películas.

    Beso
    Hildy

  7. Hola Hildy. En su dia vi en el cine Nostalgia de la luz y fue una pelicula que me impacto mucho.
    Gracias por recordarnos aqui la obra de este importante director chileno.
    Un beso.

  8. Querido Luis, a mí me pasó igual con «Nostalgia de la luz». Me emocionó e impactó. Me parece una trilogía dura, pero muy hermosa a la vez. Lo que he visto hasta ahora de Patricio Guzmán me ha interesado mucho.
    Beso enorme
    Hildy

  9. Como decís algunos, cuando vi Nostalgia de la luz también me quedé impactado. El caso es que desconocía que tuviera otras hermanas. Es lo que tiene la cinefilia intermitente. Como La cordillera de los sueños no tengo como verla por ahora, anoche disfruté con El botón de nácar y me reencontré con las mismas sensaciones que con Nostalgia…
    La aparente calma y sencillez con la que Guzman va narrando los documentales y la mesura con que se desenvuelven los hace parecer sencillos, como un hilo que se desenreda y que con toda naturalidad lleva de la belleza al horror sin gritos ni más desgarros que el espiritual que sentimos. Me encantan, ya mismo estoy encargando La cordillera de los sueños a mis contactos con la academia.
    Un besazo, Hildy querida

  10. Querido Manuel, el cierre de la trilogía con La cordillera de los sueños merece mucho la pena. La voz de Patricio Guzmán sigue contando sin gritos y reflexionando. La trilogía es doloroso viaje por la memoria y las entrañas de un país, pero con un poso de belleza y de seguir creyendo que a mí me toca.
    Beso
    Hildy

  11. Hola Hildy!
    Poco que añadir a lo ya dicho. No puedo imaginar lo que debió de ser esa época y los terribles sufrimientos del pueblo chileno.
    Besos;)

  12. Querido, querido Fran, sí, tienes toda la razón. El cine chileno refleja muy bien lo que supuso ese terror continuado para el país. Y Patricio Guzmán mira lúcido y es uno de los guardianes de la memoria.

    Beso
    Hildy

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