Roberto Gavaldón y Paul Henreid unidos por una misma historia. Me gusta cómo un descubrimiento me lleva a otro. Así ha pasado con las dos películas de esta sesión que propongo. Indagando en el catálogo de una plataforma, descubro que han subido una nueva película de Bette Davis que no conozco, Su propia víctima. Y me agrada más cuando veo que está dirigida por el actor Paul Henreid, un inolvidable Victor Laszlo en Casablanca. Es otro de los temas que me gusta analizar, películas dirigidas por actores o actrices. Me deleito en su papel como realizador, sobre todo de numerosos capítulos de Alfred Hitchcock presenta.

Y me pongo a leer información antes de verla y entonces descubro que es un remake de película anterior, ambas basadas en una historia del guionista y autor Rian James. Y esa película original es del periodo de oro del cine mexicano, otra época en la que me gusta ahondar. Ni más ni menos que La otra de Roberto Gavaldón, con una genial Dolores del Río. Buscando en Internet descubro una página de la UNAM de México que facilita cine en línea, también con un canal en YouTube, y entre otras películas ofrece el visionado de una copia de buenísima calidad de esta obra cinematográfica de Gavaldón.

Roberto Gavaldón filma con maestría y elegancia visual un poderoso melodrama, y Paul Henreid crea una obra visualmente más plana y sencilla, pero fuerte tanto en la construcción de personajes, como en envolverlo todo de suspense y dejando huellas de cine negro para construir una película muy oscura.

La otra (1946) de Roberto Gavaldón

Roberto Gavaldón crea una obra cuidada formalmente y haciendo hincapié en la culpa, la redención y el romanticismo con una bella y gran actriz, Dolores del Río.

La película empieza en un entierro de un hombre con un alto poder adquisitivo, se nota por el carácter de la ceremonia y por los asistentes. Su viuda está totalmente cubierta de negro, su rostro también. Llega presurosa una joven hermosa y humilde, y pronto sabemos que es la hermana de la viuda. Una vez terminado el entierro es invitada a la mansión de esta. Cuando se retira el velo del rostro, descubrimos que son gemelas. Premisa fundamental de la historia. Durante el encuentro de ambas, de María y Magdalena (Dolores del Río), descubrimos sus distintas personalidades y suertes.

Una se ha subido al tren de la fortuna pisando a quien tuviese que pisar. Y la otra es una mujer trabajadora, con problemas económicos y amargada por su situación. La rivalidad entre ambas es evidente, incluso se deja entrever que el marido de la millonaria primero pretendió a la humilde. Cuando María, la humilde, se entera de la cantidad económica que va a heredar su hermana, su insatisfacción por la vida que tiene, aumenta. E incluso no la deja ver que hay un hombre a su lado, Roberto (Agustín Irusta), que no solo la ama, sino que quiere que pasen todos los problemas de la vida juntos. El trato humillante que recibe por parte de su jefe y de los clientes, en la peluquería donde trabaja, y su dificultad para pagar el alquiler de la vivienda donde vive, así como la imposibilidad de momento de casarse con Roberto hace que María tome una decisión: matar a su hermana y suplantarla. Planea el crimen perfecto.

Sin embargo, la perseguirá la culpa continuamente, y poco podrá disfrutar de sus riquezas. Primero, porque se dará cuenta de que Roberto la amaba sobre todas las cosas. Segundo, esta suplantación se convertirá en castigo inevitable, sobre todo cuando descubra, en un momento que cree que quizá pueda vivir gastando sin parar y olvidar lo perdido, las oscuras intenciones de su hermana gemela con la aparición de su amante Fernando (Víctor Junco). Y para más inri el que indirectamente precipitará su perdición será Roberto, que es policía e investiga un robo en el que su nombre está implicado.

Dolores del Río está magnífica en su doble rol, y sobre todo construyendo la complejidad del personaje de María (convertida en su millonaria hermana Magdalena), capaz por dinero de idear un plan descabellado, y seguir insatisfecha por estar dominada por la culpa. Lo que la define es la insatisfacción. Sin embargo, al final, cuando recibe el castigo por algo que no ha realizado, de alguna manera se redime. Y también con su historia imposible con Roberto, y con que sea él quien la conduce a la celda para siempre, María descubre que era amada y que lo que ha logrado ha sido solo soledad y desgracia. Por otra parte, Roberto Gavaldón muestra su dominio del lenguaje cinematográfico y su elegancia en la manera de filmar. Así emplea los espejos como nadie para contar la historia de estas dos hermanas, se sirve también de las escaleras, y sobre todo de las sombras en la secuencia magistral del asesinato.

Su propia víctima (Dead Ringer, 1964) de Paul Henreid

Paul Henreid se decanta más por la parte macabra y oscura de la historia, tirando más hacia ingredientes de cine negro y gotas de terror.

Paul Henreid realiza una dirección correcta, plana y sin alardes, pero es acertado a la hora de envolver la película en cine negro con unas gotas de terror siniestro y destino fatal creando una obra oscura (se le notaba su experiencia en los capítulos de Alfred Hitchcock presenta). Además cuenta con una mujer como Bette Davis que no tiene problema alguno en construir a dos hermanas gemelas, Margaret y Edith, con personalidades malvadas y oscuras, enfrentadas durante años, pues en esta versión se hace más hincapié, por el marido fallecido. La millonaria es más transparente en su frivolidad y maldad, pero la que ha tenido menos suerte en la vida, Edith, es más sutil, vengativa y rencorosa. El encuentro hostil con su hermana hace más fácil su plan, más cuando los problemas económicos la acucian. No la frenará el amor y el cariño que la profesa, Jim (Karl Malden), un policía.

Aparecen las mismas secuencia climáticas que en la película mexicana: el entierro, el primer encuentro entre las hermanas en la mansión, el asesinato… Pero hay diferencias evidentes a la hora de contar la historia. El tema de la culpa no está presente como en la anterior ni tampoco el halo romántico, redentor y positivo del policía. Sí es un personaje noble, pero es un hombre más realista y totalmente entregado a su trabajo. Por otra parte, aquí se da un protagonismo importante al perro de la familia, que será además crucial en una de las escenas más violentas, aportando más oscuridad a la obra, mientras que en la película mexicana su presencia era mínima y útil para representar de otra manera la suplantación (el perro no reconoce a su dueña). Edith, la hermana trabajadora, dueña de un local de copas que va mal económicamente, es una mujer consciente totalmente de lo que hace. Comete el asesinato asumiendo todas las consecuencias. Y tratará por todos los medios de no ser descubierta ni siquiera por Jim y será capaz de todo por no ser delatada como comprobará en sus carnes el amante (Peter Lawford). En ambas, el personaje del amante es un hombre desagradable. En la película americana, todos los personajes son más siniestros y ambiguos, como en una buena película de cine negro. En la mexicana son personajes mucho más humanos y cercanos, más como la vida misma, y eso que deja más claro que el móvil del asesinato es el dinero puro y duro.

Al final, Edith asumirá su castigo (que además es la pena capital) y se dará cuenta de que no ha sido más feliz, sino que además es condenada por algo que no ha cometido. Y es más será castigada además con el rechazo absoluto de Jim, que no reconoce absolutamente nada en su persona de la Edith que él creía conocer. Y en un acto de amor, el único que la redime, prefiere quitar al policía todas las dudas sobre si realmente es Edith (pues en un principio trata de salvarse confesándole a Jim su identidad), y asume y suplanta el papel de su hermana para la eternidad.

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