Los orígenes del género. El desconocido del tercer piso (Stranger on the Third Floor, 1940) de Boris Ingster

El desconocido del tercer piso

Buceando en los orígenes del género…

El poco prolífico realizador Boris Ingster (se prodigó más como guionista), de origen letón, dirigió una interesante y arriesgada película donde ya están muchas de las pinceladas de un género: el cine negro. La ambigüedad moral, el cuidado de los ambientes, el azar o el destino cruel, el reflejo visual de la psicología de los personajes, las influencias europeas sobre todo del expresionismo alemán, y, por eso, un uso portentoso de las luces y las sombras…, un cóctel de ingredientes que luego formarían parte del espíritu noir. Su original planteamiento y su experimental desarrollo hacen que sea una película que deja huella. A Peter Lorre le valen apenas diez minutos para convertirse en personaje-pesadilla, pero también en víctima de un sistema opresivo y en el fruto de una sociedad cruel.

La película se centra en la odisea de una joven pareja que está intentando labrarse un futuro, poder llegar a casarse y tener un hogar común. Él es un periodista que consigue su particular momento de gloria cuando es testigo en el escenario de un crimen, donde todo apunta a un culpable: un joven con mala suerte y con antecedentes (un siempre creíble Elisha Cook Jr., imprescindible actor secundario del género negro, entre sus muchos roles) que se encuentra justo en ese momento al lado del cadáver. Con el testimonio del periodista en el juicio se precipita su condena a pena de muerte. La novia tiene serias dudas de su culpabilidad y se queda muy tocada con el juicio, donde se nota que el jurado popular y el juez solo quieren irse a casa; el periodista, afectado por la reacción de la mujer que ama, empieza a reflexionar y a obsesionarse con el caso. Todo se complica cuando al llegar a su hogar, se ve implicado en un asesinato y se da cuenta de que todas las pruebas le apuntan como culpable.

El uso de la voz en off, que va mostrando la paranoia (pero con causa) en la que entra el personaje principal, y el empleo (muy del género) del flashback siguen nutriendo esta interesante y paranoica película de ingredientes de noir. Pero la joya de la corona de esta película es una secuencia onírica, que ocupa la parte central del film, donde el periodista sueña su propia condena en una pesadilla expresionista inolvidable. Una secuencia larga, atrevida y experimental que perturba y expresa los miedos más profundos del protagonista.

En una carrera contrarreloj tanto él como su novia deben encontrar a un sospechoso, un extraño hombre con una bufanda blanca, que además en su reflexión el periodista también lo encadena con el asesinato del que fue testigo. Si no lo encuentran no solo morirá un hombre condenado a muerte injustamente, sino que el propio periodista verá que su propia condena puede ser real. Así toda la película tiene un tono de pesadilla, paranoia, miedo que deja camino para un destino trágico…, y la condena de dos falsos culpables… Y también cabe destacar el mérito para su plasmación visual del director de fotografía Nicholas Musuraca, todo un referente del género. Estos profesionales son protagonistas indiscutibles del espíritu del cine negro y de sus altas cotas de calidad. El desconocido del tercer piso es toda una sorpresa y una película imprescindible para ir cimentando la historia de un género.

El año de oro del género. Envuelto en la sombra (The Dark Corner, 1946) de Henry Hathaway

Envuelto en la sombra

… una joya desconocida de uno de los años de oro del género.

1946 es un año imprescindible en la historia del género. No solo se crearon joyas como Forajidos de Robert Siodmak o imprescindibles como El cartero siempre llama dos veces de Tay Garnett, sino que también la crítica francesa fue consciente de un género y le dio nombre, cine negro o film noir. En la Francia de la guerra, la Francia de Vichy, no llegaron muchos estrenos norteamericanos; después de la guerra se estrenaron de golpe un montón de películas a la vez como Perdición, Laura o Tener y no tener… Y se dieron cuenta de todo un fenómeno, de la existencia de un género al que bautizaron.

1946 es un año de oro para el género y hay joyas que rescatar de las sombras como una del realizador Henry Hathaway, que no fue ajeno al cine negro, Envuelto en la sombra. Apasionante y entretenida película noir, que juega a un puzle complejo y enrevesado de una trama complicada, donde el realizador muestra su destreza en el género y en su particular puesta en escena. Nada es lo que parece y todo cada vez es más complejo hasta que se van desmadejando las incógnitas que descubren una personalidad psicópata y narcisista que hace del asesinato una compleja, experimental y arriesgada obra de arte.

Envuelto en la sombra arranca con la historia de un amargado y fracasado detective que trata de enderezar su vida en otra ciudad, y que se ve perseguido por su oscuro pasado. Tan solo cuenta con la ayuda de su nueva secretaria con la que empezará una relación más allá de lo sexual (aunque siempre muy presente). El detective perseguido que no entiende que es lo que está pasando se ve envuelto sin quererlo en otra trama de celos, psicología enferma, chantajes, violencia, pasiones desenfrenadas y venganza… en un sofisticado ambiente de arte. Dos personajes brillan por encima de la pareja protagonista (correctos y con química, Mark Stevens —el más anodino de todo el reparto, pero que sorprende con arranques de violencia inesperados— y una sexi Lucille Ball, antes de entregarse totalmente a la comedia), el sofisticado galerista de arte con rostro de Clifton Webb, y William Bendix, que da vida al detective (y matón) que persigue incansable al protagonista, nexo de unión de dos historias en un principio incompatibles.

La película tiene ecos lejanos de Laura y momentos memorables como la escenificación perfecta de un asesinato con preparación de falso culpable. Así como un cuidado del ambiente y del uso de las luces y las sombras: desde la oficina del detective protagonista a los sótanos de una galería de arte; o cuenta con la compleja psicología y motivaciones de cada uno de los personajes, que se mueven en una ambigüedad moral continua. Envuelto en la sombra es un ejercicio sofisticado de cine negro en su año de oro.

La mujer fatal, reina del cine negro. Demasiado tarde para lágrimas (Too Late for Tears, 1949) de Byron Haskin

Demasiado tarde para lágrimas

… una mujer fatal como reina de la función.

Uno de los personajes genéricos más apasionantes del cine negro es sin duda la femme fatale o mujer fatal. Y es que da para un análisis apasionante el tratamiento de estos personajes femeninos en los film noirs. En numerosas ocasiones son las reinas de la función. Una mujer fatal apasionante y compleja, protagonista absoluta, es la que encarna Lizabeth Scott en esa olvidada película de Byron Haskin, Demasiado tarde para lágrimas. Al principio de la película, Jane Palmer se nos presenta como una esposa insatisfecha de su situación social y económica. Una ama de casa de clase media frustrada. Pero una acción, fruto del azar, cambia su suerte. Cuando regresa el matrimonio Palmer una noche en coche a su hogar, después de una breve discusión, tiran desde otro automóvil a la parte trasera del suyo un maletín. Cuando lo abren, este está hasta arriba de dinero. Mientras que el marido (Arthur Kennedy) tiene serias dudas de quedárselo (pero no le faltan tentaciones), ella lo tiene claro. El matrimonio llega a un trato: se lo pensarán durante una semana y mientras dejarán el maletín en la taquilla de una estación. El marido se guarda el ticket de recogida. Y ahí empieza el descenso a los infiernos de la protagonista de Demasiado tarde para lágrimas, que se va desvelando como una femme fatale dispuesta a arrasar y acabar con todo lo que se la cruce por delante… con tal de conseguir el preciado maletín.

Y nadie la conoce mejor y descubre toda su parte oscura, que el chantajista Danny (maravilloso, como siempre, Dan Duryea). Danny, aun siendo consciente de que será arrastrado a lo más oscuro, se entrega irremediablemente a ella, pasando de verdugo a víctima. Desde el primer momento la define como un tigre que no se deja acorralar… y que soltará su zarpazo cuando menos se lo espera. Así Demasiado tarde para lágrimas es un retrato estremecedor de una mujer que va saltando todos los obstáculos que surgen para alcanzar lo que para ella significa la felicidad: el dinero que la permitirá el nivel de vida que desea en plena libertad, sin ataduras. Con su aparente serena belleza, su carácter manipulador y su continua manera de ir salvando topes que impiden su objetivo, Jane se va saltando todos los límites sociales y morales.

Demasiado tarde para lágrimas se complica además con otra trama que precipita el desvelamiento ante todos de las fechorías de la heroína, que no se da cuenta de que se está cavando su propio y trágico destino. Y eso es quizá lo más enrevesado de la película (y quizá la baza más débil), pero no carece de interés, pues convierte la trama en un thriller con cada vez más incógnitas que resolver. Esa trama la protagonizan la hermana del marido de Jane y un misterioso amigo de este que surge de pronto de la nada (pero que en un giro final entenderemos cuál es su secreto) y que se convertirán en improvisados investigadores dispuestos a quitar la máscara de la femme fatale.

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