Un ensayo de referencia sobre la contracultura en España

Jordi Costa, crítico de cine y periodista cultural, emplea una metáfora muy potente para exponer la tesis de su nuevo libro Cómo acabar con la contracultura. Se sirve de una película y de una secuencia determinada. Nos hace recordar los últimos momentos de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) de Pedro Almodóvar. La ruptura de Luci con Pepi y Bom y la vuelta de esta al lado del esposo, el policía facha y maltratador. Y el autor da otro sentido, otra explicación posible, a esa secuencia: la contracultura (Pepi y Bom) se cruza con la España reprimida (Luci) y “libera el potencial utópico y libidinal de su deseo”, pero toda esa energía vomitada regresa de nuevo a las instancias de poder (el marido policía), que siempre han estado ahí, y reincorporan esa energía liberada, apropiándose del discurso de una forma pervertida. Y todo este pulso se produjo sobre todo durante los últimos años de la dictadura hasta que se sentaron las bases de la democracia durante los primeros años de la Transición. Para Costa, la historia de la contracultura en España “es el fracaso de una revolución utópica que acabó siendo absorbida por el mismo enemigo que nació para combatir, solo que ese enemigo había cambiado de forma y pasó de la sotana y el atavío militar a la pana (social)demócrata”. No obstante, en esta historia que propone el autor no borra los matices (los acentúa) y bucea en las contradicciones y en las zonas de sombra e indaga entre los hilos de unión entre la cultura oficial y las subculturas que iban emergiendo alrededor, busca sincronías increíbles y huellas impensables… creando un rico arcoíris cultural que dibuja una historia subterránea de España.

Jordi Costa proponía en una presentación del libro varias formas de encararlo y disfrutarlo. Exponía que meterse en sus páginas era protagonizar y resolver la típica película o novela bajo la fórmula del whodunit. Quién mató a la contracultura y cómo. Y lo que se dibuja es una especie de Asesinato en el Orient Express… donde se encuentran varios autores del crimen. O también proponía que viajar entre las líneas del libro, era como visitar una película de James Bond, donde no hay un escenario único, sino que en cada momento te lleva a un lugar diferente y siempre ocurren cosas. Y sí, eso es Cómo acabar con la contracultura un viaje por una determinada historia. Pero ese viaje está minuciosamente documentado, y no solo al servicio del entretenimiento más puro, sino de una reflexión seria que ofrece una mirada particular para entender un presente.

Pero además Cómo acabar con la contracultura es un festival de referencias y conocimientos culturales. Un laberinto o un país de las maravillas que proporciona descubrimientos continuos. Un paseo por la música, la literatura, el cómic, el cine, las formas de vida de un periodo muy concreto. Saltos que nos llevan de la mano a través de las andanzas del grupo musical Smash, a las historietas de Nazario, a la celebración del cine de Carlos Mira o a la película no rodada de Eloy de la Iglesia, a la persecución de hippies en Ibiza… Y el lector realiza paradas que nunca hubiese pensado en la novela de José María Carrascal, Groovy, sobre su visión del mundo hippie; o en las memorias de la familia Vallejo Nágera; o en el seno de la iglesia del Palmar de Troya; o sigue un itinerario especial por algunas discotecas míticas…

Cómo acabar con la contracultura es además una radiografía de la contracultura en España. El término acuñado por Theodore Roszak en su ensayo El nacimiento de una contracultura trata de definir el rechazo de los jóvenes urbanos de los países desarrollados a los valores y la moral dominante durante los años sesenta y setenta del siglo XX. Jordi Costa explica perfectamente las diferencias culturales, políticas, históricas y sociales del movimiento contracultural que venía de EEUU con el que se desarrolló en España. Pero sí hay un hilo común y es una respuesta distinta al poder dominante y el impulso de construir una utopía con unos códigos nuevos. Y esa huella no ha sido eliminada totalmente, los discursos culturales, incómodos o también liberadores, contra el poder dominante siguen su camino. Y Jordi Costa propone una posibilidad para entender lo que quiere expresar, un hilo del que tirar, dentro de los youtubers, y se centra en las aportaciones de Estíbaliz Quesada Yo soy una pringada. Su reflexión final es una posible mirada para entender lo que ocurre en el presente: “el viejo orden y el nuevo puentearon al monstruo, la Contracultura. Desde entonces, el nuevo orden ha entendido muy bien cuál es la funcionalidad social del monstruo. En general, son los discursos de poder los que señalan al monstruo como tal y este encarna un límite infranqueable, aquello que existe tras la línea roja”.

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