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Una oportunidad en el cielo de William A. Seiter es una obra cinematográfica desconocida que tiene varios frentes de interés para su visionado y análisis. Primero, película pre-code, es decir, antes de que se pusiera en marcha el código de censura. Segundo, una película para analizar el sistema de estudios. Y tercero y último el nacimiento de una pareja cinematográfica con química que volvería a unirse siete años más tarde en la interesante Una nueva primavera de Gregory La Cava (leer aquí): Ginger Rogers y Joel McCrea.

Una oportunidad en el cielo pone en marcha de manera sencilla y ligera una historia compleja, de esas que solo pudieron realizarse antes de implantarse el código Hays: las relaciones amorosas entre distintas clases sociales, la lucha de clases (saliendo mal paradas las clases altas…), una moderna amistad a tres bandas, un aborto, ropas ligeras… Los protagonistas son Marje (Ginger Rogers) y Blacky (Joel McCrea), dos jóvenes enamorados de clase media baja que se están construyendo un futuro. Él tiene ambiciones de ampliar su negocio de una gasolinera a una red y no para de trabajar. Ella es una chica inteligente, independiente y enamorada que tiene claro que quiere ser su compañera de vida. Los dos muestran su día a día, su cotidianidad y complicidad pero quizá han caído ya demasiado pronto en la rutina. Ella espera a que él cumpla sus ambiciones, sin presionarle en ningún momento, hasta que se decida a pedir su mano… y él se deja querer. Hasta que en la vida de ambos se cruza una millonaria despreocupada y locuela, Glory (Marian Nixon), que ciega a Blacky ante los ojos de Marje. Glory se da prisa y le embauca, ella también busca un sitio en el mundo y está hastiada de la vida programada que tiene para ella su madre. De pronto, cambia el destino… Blacky y Glory se casan rápido y a escondidas… y la mejor amiga y cómplice de la pareja y que lucha porque sean felices es una Marje que solo deja ver su tristeza en sus ojos y mirada.

En todo estudio de los años 30 estaba implantado un sistema de producción. Se apostaba por grandes películas con amplios presupuestos y galería de estrellas, películas A que daban prestigio y premios y luego había una cadena de películas B, con menos presupuesto, que se hacían rápido, con actores que estaban despuntando y que rellenaban los cines y los programas dobles. Pero estas películas B eran escuela de directores, guionistas, actores, directores de fotografía, equipos artísticos o era cantera de competentes equipos técnicos y artísticos que sabían muy bien cuál era su trabajo… Una oportunidad en el cielo está lleno de nombres a tener en cuenta. Una película B de la RKO. Desde su competente y a la vez olvidado director, William A. Seiter, que forma parte de esos directores artesanos que servían para todo y que trabajaron en todo tipo de películas con todo tipo de actores (Seiter dirigió un día a los hermanos Marx, otro a Stan y Oliver y más allá los primeros pasos de Rogers y Astaire). Hasta fijarnos en que la historia fue creada por una escritora y guionista como Viña Delmar que será recordada por ser una de las artífices de un guion tan redondo como el de Dejad paso al mañana o de una comedia tan divertida como La pícara puritana, ambas de Leo McCarey. O descubrir el rostro de un secundario de oro y muy peculiar como Andy Devine (tan recordado por su Buck de La Diligencia… pero que ya arrastraba una larga carrera) o recordar a una de esas actrices que lograron hacer la transición de cine mudo al sonoro con éxito pero que se retiraron pronto como Marian Nixon, como chispeante, alocada y programada millonaria, que como curiosidad encontraría al amor de su vida, el propio director, con el que se casaría en 1934. Así Una oportunidad en el cielo es una película de hora y media de ritmo perfecto e historia redonda y bien interpretada. Una película para meterse en la sala de cine, entretenerse y olvidar…

Y, por último, es una gozada fijarse en la química que surge entre una pareja de futuras estrellas, Ginger Rogers, antes de ponerse a danzar, y un bellísimo (además de carismático) Joel McCrea. Y es que cuando volvieron a trabajar juntos en Una nueva primavera, las chispas volvieron a saltar. Lástima que no hicieran más películas y se convirtieran en pareja de ficción mítica. Lo que es cierto es que dejan su firma en dos películas que es un placer descubrir.

En Una oportunidad en el cielo hay un leit motiv, una situación, que estructura y hace funcionar la película. Una fórmula sencilla pero que funciona perfectamente y que muestra una manera de emplear el lenguaje cinematográfico y la puesta en escena en una película. Y es la cotidianidad de un momento. Blacky llega después de un día de duro trabajo a su hogar y Marje se ha acercado para que los dos cenen juntos y le prepara su receta favorita: un pastel de pollo. Mientras sentimos su complicidad. Es todo un ritual que refleja naturalidad. Después el momento vuelve a repetirse de manera más artificiosa y sin esa mágica complicidad con una Glory que quiere agradar (antes le ayuda en los preparativos su nueva amiga, Marje) y finalmente, vuelve a repetirse ante un Blacky que regresa desencantado y desengañado… a un hogar que cree solitario para encontrarse, de forma natural, de nuevo esperándole con un pastel del pollo, a una Marje que nunca ha dejado de quererle. El espectador vive esa química y se cree a Blacky y a Marje… desde el primer momento que les ve juntos.

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