Las zapatillas rojas (The red shoes, 1948) de Michael Powell y Emeric Pressburger

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Nada más empezar sabemos que nos encontramos ante una obra especial, muy especial. Verla una primera vez se te queda en la retina. Disfrutarla una segunda vez es ya una experiencia inolvidable por lo menos para la que esto teclea. Powell y Pressburger unen sus talentos para una obra cinematográfica redonda desde el primer fotograma hasta el último. Ambos imprimían una sensibilidad especial a las historias que narraban. Como ya hicieran en Narciso negro emplean de manera virtuosa el technicolor, en manos del director de fotografía Jack Cardiff. De esta manera  una paleta especial de colores queda al servicio de unas historias extrañas pero envolventes. Las zapatillas rojas está muy libremente inspirado en el cuento de Hans Christian Andersen (pero se queda con la esencia y el simbolismo de las zapatillas rojas). Los directores nos zambullen de lleno en una compañía de ballet clásico, entre bambalinas.

Desde la primera secuencia ya sabemos que nos encontramos ante una historia que es narrada cinematográficamente. Y esa primera secuencia ya atrapa. Presenta al trío protagonista. Una puerta cerrada. Y unas escaleras. Dos hombres que no pueden contener la avalancha que se avecina. Y una voz que ordena que se abran. Jóvenes que corren por las escaleras y un cartel que explica que nos encontramos en las entrañas de un teatro donde se va representar un ballet. Son jóvenes estudiantes (futuros músicos, futuros bailarines) que van al gallinero del teatro para disfrutar de la representación. Y también hablan y discuten. Desde arriba lo observan todo. Los palcos, las butacas del patio, la orquesta y el escenario… Ahí se sienta el futuro y brillante compositor Julian Craster (Marius Goring) que sufrirá su primer desengaño en el mundo de la música. En un principio los alumnos felices miran con admiración el palco donde se encuentra su maestro de música y el distante y ambicioso Boris Lermontov (Anton Walbrook), director de la compañía de ballet. Y en otro palco se encuentra una rica mecenas con su sobrina que sueña con ser una bailarina de prestigio, Vicky Page (la pelirrojísima Norma Shearer),  que se encuentra ensimismada y emocionada con lo que está viendo en el escenario. Mientras, la mecenas trata de atraer a su terreno al palco de tan ilustres señores, quiere hacer una presentación oficial de su sobrina.

Las zapatillas rojas es el ballet que monta la compañía de Lermontov con dos incorporaciones nuevas (por distintos caminos y avatares): Vicky Page que tiene la oportunidad de convertirse en primera bailarina y Julian Craster que se va convirtiendo en un prestigioso compositor de obra propia. A ambos jóvenes les ha dado su mano y confianza Boris Lermontov. Y ese ballet además es representado durante un cuarto de hora de la película y es un prodigio no sólo de danza clásica sino de cine 100 por 100. Powell y Pressburger plasman este ballet en lenguaje cinematográfico, traspasan el escenario teatral y trasladan al espectador a un mundo onírico y alegre que termina siendo una pesadilla (como es el propio cuento de Andersen).

Si en el cuento de hadas las zapatillas rojas representaban un castigo divino ante la vanidad y la coquetería de Karen, su protagonista, en una sociedad religiosa y oscura (también podemos pensar que Karen trata de dar un poco de color y libertad a una vida oscura… y fracasa en la empresa); en la película de estos peculiares directores británicos las zapatillas rojas suponen la perfección y entrega total a la creación artística (a la música y a la danza) llevándose por delante todas las facetas de la vida (como, por ejemplo, el amor). Ésa es la filosofía del director de la compañía: la entrega completa a la obra artística sin obstáculo alguno. Y por eso se siente traicionado cuando ambos jóvenes se enamoran e inician un romance. Para él la entrega a la obra de arte ya no será la misma. Él quería las zapatillas rojas para su Vicky Page… cuando ésta se enamora, las zapatillas pierden a su única dueña. Aunque en realidad lo que simbolizan esas zapatillas es mucho más duro: la dama que quedará exhausta, dará su último suspiro. Pero las zapatillas encontrarán otra persona que las lleve. Habrá otra bailarina que se sacrificará tal y como quiere Lermontov, una entrega total.

Boris Lermontov dirige una gran familia artística donde se encuentra el compositor, el coreógrafo, el director artístico, los bailarines, los empresarios del teatro… Tiene mano dura y todo lo controla pero a la vez es el único que sabe mantener la calma entre bambalinas antes del estreno de una obra. Es el que confía plenamente en cada una de las personas que con su trabajo sacarán adelante la siguiente temporada. Es el que soluciona conflictos y problemas. Está presente en la selección de bailarines, en los ensayos, en cada una de las partes del proceso creativo… Sin embargo para él sólo hay una premisa: el espectáculo debe continuar a toda costa y para él el acto creativo es una religión, algo sagrado. Y por eso a sus primeras bailarinas (y a todos los que forman parte de ‘su’ familia) les pide que vivan únicamente para la danza y la música para que den todo en el escenario… No concibe combinar el arte con otra alternativa de vida.

Y como no lo concibe no deja que Vicky y Julian puedan alternar su amor con el arte. Los pone en un dilema. Y ésa será la gran tragedia de Vicky: quedarse con las zapatillas rojas y triunfar en los escenarios de todo el mundo o seguir a su enamorado Julian y vivir quizá en el anonimato sin alcanzar la excelencia en el arte que tanto disfruta…

Powell y Pressburger reflejan todo esto en secuencias de gran belleza con la ayuda de una dirección de fotografía que crea unos ambientes inolvidables. Así deslumbra esa pelirroja vestida de fiesta con una capa que sube corriendo unas escaleras de piedra con un hermoso fondo marino (y una banda sonora casi onírica con una voz lírica que parece que sale del cielo) para ir terminar en un aposento donde la anuncian que no va a una cita amorosa sino a convertirse en la primera bailarina de una obra todavía no escrita… O esos dos jóvenes enamorados que van al anochecer en una carroza con un cochero dormido… y van al lado del mar. Mientras, el joven le dice a su amada que desea ser mayor para contar a un joven entrevistador que el momento más feliz de su vida sabe que fue en algún lugar del Mediterráneo al lado de Vicky Page. También filman uno de los suicidios más hermosos y tristes del cine. No hay escena que no sea digna de ser mirada.

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Y durante toda la película quedan presentes esas zapatillas rojas… que pueden tener un montón de significados. La entrega total al arte, el sacrificio del amor, la persecución de la gloria y la fama, la consecución de la libertad creadora… pero también unas zapatillas que si se portan o se llevan supone un camino de dolor, sacrificio y muerte. Unas zapatillas rojas que pueden finalmente llenar ellas solas un escenario…

 Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

18 comentarios en “Las zapatillas rojas (The red shoes, 1948) de Michael Powell y Emeric Pressburger

  1. ¡Qué bien lo has contado! En más de una vez he pensado en escribir sobre esta película, pero no he llegado a hacerlo por no encontrar el tono, la perspectiva adecuada desde la que acercarme a ella. Y leyéndote leo lo que me hubiera gustado escribir pero no he sabido.
    Me acordé mucho de esta película durante los meses que nos dieron la chapa con «Cisne negro». Casualmente, en una estadística muy particular, me di cuenta de que quienes apreciaban mucho la película de Aronofsky no habían visto ésta, y que quienes sí la conocían solían mostrarse fríos con ella (bueno, más o menos como con «The Artist», que invariablemente gusta mucho más a quienes no ven habitualmente cine mudo). «Las zapatillas rojas» es mucho más profunda, más sutil, más romántica y mucho mucho más terrorífica. Sin trucos; sólo con una historia contada con excepcional pericia técnica (sin el magistral uso de la cámara y sin ese empleo del color digno de ser enseñado en las escuelas hablaríamos de otra película) y haciendo hincapié, como siempre, en los terrores más efectivos, los puramente humanos, sin necesidad de flashes, paranoias y perturbaciones forzadas.
    Besos

  2. … querido Alfredo, sí, exaltadoramente romántica y a la vez terrorífica. Además de dejarnos una representación genial de lo que ocurre entre bambalinas.

    Y esa última representación que deciden realizar de Las zapatillas rojas…

    Es una película que según vas viéndola te va emocionando más y más por lo que cuenta y por la belleza empleada para contarlo. Y como el cuento pasa de luz a la oscuridad.

    Tremendo el personaje de Boris Lermontov… casi un vampiro con gafas oscuras pero a veces amantísimo ser.

    Por cierto, no lo comento en el post… pero otra película donde los trenes son muy pero que muy cinematográficos.

    Besos, besos y más besos
    Hildy

  3. No soporto las películas de danza,te lo juro,amiga Hildy.Fíjate en el bodrio de la película El cisne negro o esa que realizó Robert Altman, pero,ay,Las zapatillas rojas me encanta.

    La chica que se puso las zapatillas rojas comenzó a bailar con ellas y nunca pudo dejar de hacerlo…basada libremente en un cuento de Andersen.

    Aquí el mundo de la danza se muestra desde dentro, con sus dificultades, dureza y capacidad de sacrificio si se quiere llegar a lo más alto. Craster es el músico de talento, Vicky la joven promesa de la danza y Lermontov el duro y avispado empresario que desprecia a su primera bailarina cuando ésta decide casarse, pues cree que para llegar a ser una gran estrella hay que renunciar a todo y vivir sólo para el baile.
    El montaje de «Las zapatillas rojas» simboliza el poder de atracción y destrucción que tiene este mundo.

    Gran obra de Powell y Pressburger, cuyo punto culminante es el ballet del título, fascinante y espectacular despliegue técnico y visual, aunque Moira Shearer demuestra a lo largo de la película que su capacidad para interpretar no es la misma que para bailar.

    Hay que reivindicar a Michael Powell.Yo lo hice una vez con su obra maestra El fotógrafo del pánico y ahora tú lo haces con esta película especial.Como dice Alfredo,hay que buscar el tono y tú lo has hecho de maraavilla.Incluso puedo imaginarte, al finalizar tu texto,que te has puesto a bailar en la cocina mientras realizabas la cena.¿Me equivoco?

    Pues bailemos sin parar en este mundo de ruido y fealdad.Es lo único que nos queda,así que muchos besos.Eso sí,no me imagines a mí con esos calzones ceñidos puestos,¿vale?

    Besos y más besos.

  4. Mi querido Francisco, Las zapatillas rojas tiene una fuerza visual deslumbrante… Y ese ballet que se inspira en el cuento de Andersen (y que ocupa un cuarto de hora de la película) es danza y puro cine. Además la historia tiene miga como sus personajes.

    Del binomio Powell-Pressburger sólo me he llevado de momento buenas sorpresas: Sé adónde voy, A vida o muerte, Narciso negro, Las zapatillas rojas… y Powell en solitario en El fotógrafo del pánico (que de nuevo da un papel a Moira Shearer con su pelo fuego en una escena estremecedora). Pero reconozco que aún me queda por indagar y revisitar. Descubrir. Son dos realizadores muy, muy personales.

    Después de terminar de teclear… hice una doble pirueta y me fui a la cocina a prepararme una deliciosa cena…

    Besos con zapatillas rojas
    Hildy

  5. Las Zapatillas Rojas!! Me encanta esa película. Justo le escribí un ensayo para clase. La película bien lo merecía. La secuencia del ballet… es tremenda.

  6. ¡Gonzalo, qué bueno verte por aquí! ¡Bienvenido! Pero ¿cuándo me vas a dejar leer ese ensayo?, je, je, je. Sí, la secuencia del ballet… es puro cine. Partimos de un escenario de teatro y acabamos en una especie de pesadilla fantástica…

    Las zapatillas rojas está llena de imágenes maravillosas… como esa de Vicky Page con un traje de fiesta subiendo unas interminables escaleras de piedra con una ópera de fondo…

    En fin para no dejar nunca de comentar…

    Besos
    Hildy

  7. Hola Hildy,
    Leer tu artículo me ha abierto un tremendo apetito de revisar «Las zapatillas rojas», y fantasear con un programa doble acompañada de «Los cuentos de Hoffmann».
    Mi favorita de Powell&Pressburger es «Coronel Blimp», una película grandiosa hecha en plena guerra mundial, y que molestó al mismo Churchill en unos momentos en que este era poco menos que indiscutible. Y de Powell en solitario, «Peeping Tom» (título infinitamente más jugoso que esa burda traducción que es «El fotógrafo del pánico»).
    Aún no he visto «Sé adónde voy», de la que he leído cosas buenas.
    Aprovecho, porque creo que está un poco olvidado, para hacer una mención especial al distinguido Anton Walbrook, un actor de gran personalidad que parece salido de una novela de Joseph Roth, como de un tiempo muy lejano. Con Powell trabajó en “Coronel Blimp” y “Los invasores” aparte de en “Las zapatillas…”, y estuvo fantástico en “La ronda” y “Lola Montes” de Ophüls. Un actor a recuperar.
    Besos,
    Javier

  8. Querido Javier, ¡no había nombrado en el comentario en el cuál cito las películas que he visto del dúo Los cuentos de Hoffman, efectivamente, otra película para revisitar y disfrutar! Y genial programa doble junto a Las zapatillas rojas.

    Decirte que aún no he conseguido ver el Coronel Blimp y me apetece muchísimo. El próximo día que nos veamos te llevo el dvd de Sé adónde voy. Creo que te va a gustar.

    Me uno a tu reivindicación de Anton Walbrook.

    Besos danzarines
    Hildy

  9. Hola, Hildy, buenas noches; magnífico texto, desde luego que sí, que deja traslucir bien a las claras el grado de fascinación que te ha generado la peli que glosa. La peli no la he visto, y, además, Alfredo, en el primer comentario, me da una clave (probable, lo dejaremos en probable…) del por qué sí que me gustó Cisne negro (aunque no me pareciera tampoco esa obra maestra que llegó a pretenderse por parte de algunos…). Mira, además, qué casualidad, que ese comentario ha venido a coincidir con las vueltas que vengo dándole desde ayer noche, que la ví, a la última de Woody Allen, A Roma con amor, un ejemplo bien significativo de hasta qué punto puede condicionar la apreciación de una película el bagaje previo con que se aborda. Y me explico: creo que ésta de Woody Allen, si la ve alguien que no conozca ni una sola de sus pelis anteriores, puede resultar fascinante (está trufada de gags ingeniosos, sin la más mínima continuidad y empaste, pero verdaderamente hilarantes y jugosos); pero vista por alguien que medio conozca su filmografía, denota claramente que se trata de eso que un taurino denominaría, sin rubor alguno, una ‘faena de aliño’. Tema este de las referencias que da, como casi siempre, para vueltas y más vueltas. Pero no te voy a dar más la brasa: es fin de semana…

    Un fuerte abrazo y que lo disfrutes.

  10. ¡Qué bien leerte Manuel! Creo amigo mío que te encantarían Las zapatillas rojas, de verdad, ¿estará en filmin? A mí me pasó algo curioso con A Roma con amor, fue tan vapuleada que yo sin embargo sí que le vi sentido dentro de su trayectoria y encontré aspectos muy pero que muy rescatables. Como dices tiene gags inolvidables. Ya si veo una ducha, no puedo evitar acordarme de la ópera…

    Besos
    Hildy

  11. Gracias Licantropunk.
    Sí, es una maravilla de película…
    Mira… calzo mis zapatillas rojas y me pongo a danzar… Antes me he asegurado de que puedo quitármelas cuando quiera.

    Besos
    Hildy

  12. Hola compañero/a!

    No sé si conoces Filmmania, foro de cine que administro junto a otros locos, haciendo juegos para ver películas entre otras cosas.
    Ahora mismo estamos enfrascados en una Eurocopa cinéfila, de «partidos» entre películas. Se ven las dos y das tus votaciones a cada una, sencillo.
    Personalmente lidero Reino Unido y actualmente se encuentra en un partido difícil, por lo que me preguntaba si te gustaría verte las dos películas y votar (sin presiones, según tus gustos).

    El duelo es ‘Las zapatillas rojas’ vs ‘Decálogo 1’ de Kieslowski.
    Y aquí es donde debe votarse: http://www.filmmania.es/index.php?topic=978.0

    Igualente te invito a particiar tanto en los otros duelos de la Eurocopa como en los múltiples temas del foro.

    Gracias y un saludo, crack!

  13. Hola David, gracias por la información del foro. No conocía filmmanía. Gracias por invitarme a participar. Soy un desastre para votos, juegos y otros asuntos vía Internet; recuerda que soy Hildy Johnson y vengo de la generación de la máquina de escribir. Soy asidua a otros blogs de cine, que puedo visitar sin que perjudique mi torpeza con las nuevas tecnologías, más allá soy un desastre. Pero me encanta la existencia de estos foros que demuestran el amor al cine que existe y que además es fuerte. Y esos duelos cinematográficos prometen. Todo lo que sea ver y ver cine… me parece maravilloso.

    Mil gracias, un beso y suerte con ese foro que rebosa pasión por el cine
    Hildy

  14. Gracias por el apoyo Hildy, y aunque no te lo parezca, hoy en día, con las redes sociales y Twitter en cabeza, los foros (de cine o de lo que sea) suenan a muchos como algo del pasado… Qué cosas xD

    Aunque no lo pareca en un primer momento, es bastante sencillo, se registra un usuario y luego es husmear hilos, temáticas y debatir y hablar, lo demás nace solo. La puerta la dejamos abierta por si algún día te animas. Igualmente felicitarte por tu blog de cine, denota mucha pasión y esfuerzo, y por lo que veo ya lleva bastantes años, cosa tambiñen de alabar.

    Un saludo!

    PD: Qué grande Luna nueva!!

  15. Querida Hildy, recién voy por el primer visionado de esta película magnífica, me resta descubrir cómo la apreciaré en los siguientes. ¡Qué uso magnífico del color! Esas zapatillas y el cabello y el maquillaje de Vicky parecían salirse de la pantalla. Te aseguro que el final no lo veía venir, me imaginaba que iba a morir (como su personaje en el ballet) sobre el escenario (creo que esperaba que hasta en eso fuera superior a la lamentable El Cisne Negro). Y tenés razón, Boris realmente parece un vampiro, temible y seductor al mismo tiempo…
    Y ese ballet posible únicamente en la pantalla es cine puro (y la inspiración de mi querido Gene Kelly para el ballet de Un Americano en París).-
    Te mando un beso mientras hago un plié en la barra, Bet.-

  16. PD: Me quedé pensando en algo que escribió Alfredo en el primer comentario, sobre aquellos textos que uno quisiera escribir pero que no sabe cómo abordarlos. ¿Te ha quedado alguna película «en el tintero», hay alguna que se resiste a ser comentada? Yo tengo en este momento cinco o seis artículos empezados pero que nunca logré terminar, los más anhelados son sobre Cantando bajo la lluvia y Chicago.-
    Más besos, Bet.-

  17. ¡Adoro Las zapatillas rojas! Y me alegro un montón, querida Bet, de que te hayan quedado ganas para verla muchas veces más. Es de esas películas que de principio a fin envuelven y no te dejan.
    Respecto a los textos, hay películas que me inspiran rápidamente y deseo ponerme enseguida frente al teclado. Otras me las pienso más y el texto está paseando unos días en mi cabeza. Y, sí, hay otras que de momento mi cabeza no pide unas líneas o esperan más visionados…
    Estoy segura de que tus textos sobre Cantando bajo la lluvia y Chicago serían muy valiosos y que tu mirada seguro que vislumbra nuevas claves valiosas para enfrentarse otra vez a ellas.
    Beso
    Hildy

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