Documental. Otra triste historia de América. I’m not your negro (I’m not your negro, 2016) de Raoul Peck

I'm not your negro

Medgar Evers fue asesinado el 12 de junio de 1963. Malcolm X fue asesinado 21 de febrero de 1965. Martin Luther King fue asesinado el 4 de abril de 1968. Los tres ponen rostro a la lucha por los derechos de los afroamericanos pero desde puntos de vista diferentes. Ninguno de los tres llegó a cumplir 40 años. Y a través de los tres puede construirse una triste historia de América. Esa fue la idea de un intelectual afroamericano que se relacionó con los tres, los conocía y los respetaba. Y vivió cada muerte como un mazazo. Este intelectual se llamaba James Baldwin y el manuscrito inacabado (las notas vertidas) recibió el nombre de Remember this house. Así el realizador haitano Raoul Peck crea un potente documental-ensayo que parte de las notas de Baldwin y las dota de toda actualidad… porque esa triste historia se sigue escribiendo. Y otras muertes se siguen produciendo.

… y a través del discurso de Baldwin se trata de entender por qué ocurrió y ocurre esa triste historia. Una historia sobre sometimiento y poder, de silenciar voces y vidas. De construir un discurso que no deje hueco al otro. Así Peck construye un potente ensayo con los siguientes elementos y a través de un inteligente y demoledor montaje: las palabras escritas de Baldwin (con la voz de Samuel L. Jackson), las imágenes de archivos de entrevistas y conferencias del propio Baldwin, fotografías e imágenes sobre el movimiento por los derechos civiles, imágenes de archivo sobre manifestaciones contra la inclusión, de linchamientos o muertes violentas, imágenes de actualidad de la realidad afroamericana y, por último, teniendo en cuenta que Baldwin era un cinéfilo: la construcción de un discurso que invisibiliza o refleja de una determinada manera al afroamericano en la historia del cine y en el mundo de la publicidad.

I’m not your negro permite no solo adentrarse y conocer a Baldwin sino visibilizar una historia que sigue contándose. El pensamiento de James Baldwin no ha perdido actualidad y, por eso, Raoul Peck ve necesario recuperar sus palabras y construir este documental-ensayo. Baldwin trataba de entender, de llegar a la raíz del problema racial…, ¿por qué y cómo se perpetua esa situación? De repente el documental muestra una mirada, como ese mundo creado a través de una imagen idílica de una Doris Day en tecnicolor donde todo es blanco y puro, sin ninguna nota discordante, y lo enfrenta a una cadena de imágenes desgarradoras en blanco y negro de linchamientos… U oímos a Baldwin cómo descubre que John Wayne, el héroe, sigue y persigue a los indios, a los otros; y entonces él de pronto es consciente de que es el otro (el perseguido, el que debe ser silenciado), como el indio, y no el héroe.

Ficción. La solidaridad de los desencantados. El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen, 2017) de Aki Kaurismäki

El otro lado de la esperanza

El otro lado de la esperanza es la segunda película de la trilogía (aunque no está muy seguro de si la terminará…, lleva tiempo diciendo que está cansado, que se retira del mundo del cine) de la inmigración del director filandés Aki Kaurismäki. Si hace cinco años deleitó con la película-milagro Le Havre donde todo un barrio proletario se pone manos a la obra para proteger a un niño africano, en El otro lado de la esperanza es consciente de que el mundo va a peor en temas de inmigración, pero sigue apostando por la solidaridad entre los desheredados, los ciudadanos de a pie, los desconocidos… Son los que al final tratan de dar pasos para una posible justicia social… Todo regado con un poso de tristeza, sin milagro. Aunque hay una sonrisa final… y un perro con una mirada demasiado humana (los perros siempre presentes en el cine de Kaurismäki). El otro lado de la esperanza entronca más con la también chapliniana Luces al atardecer (de su trilogía sobre la precariedad laboral).

Aki Kaurismäki cuenta su historia en su universo especial de personajes hieráticos con diálogos breves pero con un punto de genialidad. Con ese mundo de colores brillantes y luz especial, un mundo todavía analógico… a pesar de la presencia de las nuevas tecnologías. Todo con esa banda sonora en directo con grupos de rock, blues y country filandés. Y la presencia de un humor muy especial en un mundo trágico. Un mundo frío que va derritiéndose poco a poco y dejando ver rayos de humanidad.

El otro lado de la esperanza cuenta cómo se cruza la vida de un refugiado sirio con un emprendedor de Helsinkin con aires de perdedor y emocionalmente tocado. Ambos terminan en un restaurante que no encuentra su identidad… El refugiado sirio, después de todo su periplo y de todo el sufrimiento a sus espaldas, solo quiere encontrar y recuperar a su hermana. Y el emprendedor fracasado no se cansa nunca de intentarlo una y otra vez. De intentar enderezar el negocio y su vida emocional. Sabe y conoce cómo funciona el mundo… y trata de sobrevivir en él. Y no se olvida de echar una mano… El refugiado sirio que aparece un día en un barco y surge de una montaña de carbón suelta verdades como puños… pero con contestaciones que siempre provocan la sonrisa. Y El otro lado de la esperanza deja un poso de tristeza… pero no olvida una sonrisa final, aunque sea amarga.

Animación. Más allá del tiempo y el espacio. Your name (Kimi no na wa, 2016) de Makoto Shinkai

Your name

Your name supone sumergirse y creerse una historia de amor adolescente más allá del tiempo y el espacio con el trazo detallista del director japonés de animación Makoto Shinkai. Ella es Mitsuha y vive en un pequeño pueblo rural, Itomori (de esos sitios que no están en el mapa). Él es Taki y vive en Tokio. Un día sin saber cómo ni por qué se despiertan cada uno en el cuerpo del otro… y cada uno vive en el lugar del otro. Así se irán descubriendo en la vida y en el cuerpo del otro. Cuando son conscientes de la extraña situación establecen un diálogo a través del teléfono móvil (cada uno se crea un diario). Hasta que un día cesa, de golpe, el intercambio. Lo que queda claro es que los dos siempre han sentido una misma sensación: que buscan algo o a alguien.

Esta premisa, no exenta de humor ante la extrañeza de la situación, irá evolucionando a una historia de amor trágica y trascendental más allá del tiempo y el espacio, llegando a momentos catárticos. Y el destino de ambos adolescentes tiene que ver con el curso de un cometa… y con cómo de alguna manera, a veces, conectamos con otros seres humanos por caminos inexplicables. Es como si existieran unas cuerdas que nos unen o un concepto ancestral (ahí está ese personaje de la abuela Mitsuha que cuida y explica la razón de trenzar cuerdas, de estar conectados con la naturaleza, del motivo de los viejos ritos…) que sugiere que todo está conectado.

Makoto Shinkai presenta un mundo real y digitalizado. El móvil es un gran protagonista de esta historia. Pero también un dibujo de un mundo rural e idílico… Un mundo rural que sus personajes lo viven, a veces, como aburrido. Tokio e Itomori son contrarios pero se atraen, como sus personajes protagonistas. Y con su trazo dota de vida a ambos paisajes, con detalle (la gran ciudad con sus rascacielos, sus trenes, sus luces, puentes y escaleras o las peculiaridades de un bosque, de un lago, los tonos, los sonidos…). Los entornos cobran fuerza y ahí sus personajes viven y se desarrollan. Ahí viven su aventura existencial. Y entre la modernidad y la tradición que siempre está presente en el mundo visual japonés, la historia explota y entra catarsis… con un cielo que estalla por un cometa que pasa (y canciones que gritan o vomitan al son del viento sentimientos extremos). El tiempo y el espacio pierden su contorno, porque finalmente lo que importan son los trazos: quién eres… O las palabras: cuál es tu nombre. ¿Eres tú?

Cine independiente. Versión libre de un cuento. Bella durmiente (Belle Dormant, 2016) de Adolfo Arrieta

Bella durmiente

Adolfo Arrieta (ahora Ado) siempre ha seguido la senda del cine independiente y underground entre España y Francia. Su cine siempre ha sido libre, porque no ha dependido de nada ni de nadie. Arrieta dice que surge como una necesidad, como un deseo. Su obra no es fácil de ver y siempre ha sido en circuitos fuera de las salas de exhibición comerciales. Ahora es como si explorara al niño que lleva dentro de sí y recuperara de nuevo un cuento clásico: La Bella Durmiente. Y entonces Arrieta siente la necesidad de hacer una versión libre…

Y así conocemos a Egon, el joven príncipe de Letonia que toca la batería, pero que también está obsesionado con una leyenda que hunde sus raíces en el bosque y habla de unas ruinas, las de Kentz, y una bella durmiente. El príncipe de Letonia no cuenta con el apoyo de su padre que no cree en fantasías y leyendas y que le preocupa que sea el príncipe quien le suceda en el trono. Pero sí es alentado por su preceptor Gerard (Mathieu Amalric, convertido en maravilloso cuentacuentos) que además le presenta a una arqueóloga de la Unesco… que parece ser al final que es un hada, que está empeñada en que el príncipe cumpla con su cometido, aunque tenga en un principio que enamorarlo. Porque sí. Los cuentos existen. Y el reino de Kentz quedó dormido por el año 1900… desde que Rosemunde se pinchó el dedo con un huso, tal como una hada vengativa deseó con su varita mágica. Pero ya sabemos que otra suavizó el hechizo. Cien años llevan dormidos a la espera de que un príncipe bese a la princesa.

Bella durmiente es una película libre y traviesa, muy traviesa. Se ríe, con inocencia, del cuento y del mundo… y a la vez es fiel a su esencia. Y solo puedes disfrutar si te metes en ese juego. Y el príncipe de Letonia (que vive en el siglo XXI, pero también en un entorno bastante extraño y aislado) termina en el bosque encantado y descubre el inmóvil reino de Kentz… El tiempo se quedó parado…, como todos sus habitantes, pero también las flores, los pájaros, los gatos, los caballos, el agua… Y todos sabemos cómo termina el cuento. Aunque aquí todos despiertan en un mundo de nuevas tecnologías, aunque acostumbrados a la magia tampoco les extraña mucho. Y Rosamunde y Egon terminan su noche de bodas bailando un swing…, claro.

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