CC1682

En 1971 el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió un ensayo económico revelador: Las venas abiertas de América Latina, donde analizaba las huellas del colonialismo y el saqueo económico posterior (que era otra dependencia que perpetuaba el daño) que afectaba al desarrollo, a los gobiernos y a la sociedad civil. El sistema capitalista como sistema perverso de dominación y sumisión… y que campa sin frenos y de la manera más brutal en determinados países con las venas abiertas (sin dar posibilidad a la existencia de otro sistema o de otra forma de hacer las cosas). Y esas venas abiertas pueden extenderse a los países africanos, en un continente con una larga historia de heridas sin cura. David Reznak filma el documental CC1682 y va completando un ensayo de documentales que podrían conformar las venas abiertas de África. Y esas venas pueden dibujar un mapa marcado por los raíles de un tren. Pues esa es una de las metáforas de CC1682, las siglas de una locomotora que recorría la línea ferroviaria entre Mali y Senegal durante los años 80, y como la mala gestión política y la posterior privatización no dejaron prosperar la línea, quedando la flamante locomotora abandonada a su suerte en el desguace. África en el desguace, sin permitir (por caminos perversos) que tome la iniciativa y construya sus propios sistemas políticos, económicos y sociales para prosperar.

Ese ensayo de documentales sobre África facilita un viaje revelador. Una de las piezas fundamentales la proporcionaba Hubert Sauper con La pesadilla de Darwin (2004) donde construía un discurso perfecto sobre la agresividad exterior en el continente africano a través de la introducción de la perca del Nilo en el lago Victoria en Tanzania… y todas las consecuencias que acarreaban este hecho (desde medioambientales y sociales hasta generar también una vía para el tráfico de armas…). Otro documental impactante trataba el tema de la obsolescencia programada. La realizadora Cosima Dannoritzer, en Comprar, tirar, comprar (The Light Bulb Conspiracy, 2010), mostraba, entre otras cosas, como Ghana era un vertedero de productos electrónicos (una de las venas de África, cómo va a parar allí un montón de basura que no se sabe dónde tirar o cómo eliminar). El propio CC1682 puede dialogar directamente con Les Sauteurs donde Moriz Siebert y Estephan Wagner facilitaban una cámara a Abou Bakar Sidibe, de Mali (es uno de esos jóvenes que se ve en la tesitura de tener que abandonar su país como única salida), que vivía en el monte Gurugú y esperaba el momento oportuno para saltar la valla y acceder al territorio español. Abou Bakar, durante el documental, se daba cuenta de como la cámara se convertía en un “arma” de expresión, en un modo de visibilizar su situación y la de sus compañeros, de dar rienda suelta a sus miedos, sueños, emociones, pensamientos y frustraciones. Él mismo explicaba que cuando grababa, sentía que existía.

Y es que David Reznakdecide empaparse de las venas de Mali y dejar su cámara al lado de los habitantes de Mali para mostrar cómo ellos conocen mejor que nadie su país, con todos sus defectos y todas sus virtudes, y cómo van a la raíz de sus problemas. Así hablan hombres y mujeres (Reznak logra reflejar la importancia de su papel, como la mujer permite un motor de arranque a la economía, de influencia de opinión y una consecución de derechos sociales como la educación…) que no solo sobreviven sino que analizan la naturaleza de su situación, critican pero también ven cómo podría ser el camino posible… Dejan claro que se quieren quedar en su país, pero las circunstancias (internas y externas) obstaculizan ese deseo. Y sobre todo son tremendamente realistas. Durante la grabación se iban a celebrar los cincuenta años de la independencia de Mali (en 2010), y muchos de los participantes son tremendamente críticos con los actos conmemorativos porque como dice uno de ellos: “África está bajo tutela. Todo africano está bajo tutela”.

Quizá el único “pero” al realizador es que su discurso se dispersa, y al final queda un collage de buenas ideas, pero ninguna desarrollada hasta las últimas consecuencias. Así no se articula alrededor de una única metáfora, la de la locomotora y las vías del tren, sino que también construye otra poderosa: la de las salas de cine prácticamente abandonadas con las mismas proyecciones una y otra vez (como convive todavía un mundo analógico, donde logran hacer funcionar todo, con el digital) o ese estudio de fotografía donde los ciudadanos posan con orgullo, son visibles, como los protagonistas del documental. O toca varios palos: la lucha de la mujer y sus iniciativas (como la incorporación de las niñas en las escuelas) así como su importancia como líderes de opinión y motor de economía. Por otro lado el desastre causado por las privatizaciones. Más allá las iniciativas locales de unos cuantos emprendedores (bloques de hielo, reciclaje para la construcción de hornos y cazuelas…) o aquellos que tratan de dedicarse a las riquezas naturales con escasos medios (pesca y agricultura). Y más acá el análisis de la colonización, el significado de la independencia y las nuevas dependencias que atan a África y no permiten su crecimiento económico y social. Para también mostrar las generaciones futuras, los niños, y una incógnita de futuro.

Lo que sí es cierto que esta dispersión del discurso permite un viaje apasionante como si el espectador fuese en una locomotora que lentamente va recorriendo las vías de un país que no solo se expresa y existe, sino que si pudiera ser realmente independiente sabría cómo empezar a curar sus venas abiertas.

Nota: CC1682 se proyecta a las 20.00 los días 16 (con presencia de su director), 17, 18, 19 de marzo en la sala Borau de la Cineteca en el Matadero Madrid.

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