Después de la tormenta

Después de la tormenta… viene la calma. O en el caso de Ryota (Hiroshi Abe), protagonista de la nueva película de Hirokazu Koreeda, asume el deambular de su vida, su realidad. Y eso le proporciona paz, un camino. Pero Koreeda lo cuenta con tranquilidad, sin prisa. Y con un humanismo que emociona. Una película sencilla sobre sentimientos y emociones complejas. Además Koreeda sigue con uno de los leitmotiv de su trayectoria: la familia. Así se construye una preciosa senda desde Still Walking, que además contaba también con los rostros de Kirin Kiki y Hiroshi Abe (y además como madre e hijo), con paradas en De tal padre, tal hijo, Nuestra hermana pequeña… hasta desembocar en Después de la tormenta. Películas envueltas en melancolía, humor, tristeza, felicidad…

En la vida de Ryota, escritor de una única novela y ahora detective privado especializado en infidelidades (según quiere creer para documentarse y escribir un nuevo libro), también sobrevuela un sentimiento de fracaso de no ser ni buen hijo, ni hermano, ni esposo…, ni padre. Y, sin embargo, no puede desprenderse ni quiere de la influencia de su madre anciana, ni de las discusiones con su hermana, ni quiere asumir que su ex puede iniciar una nueva vida y tiene miedo de perder el vínculo con su hijo en común (al que ve una vez al mes). Alrededor de toda la película vuela también el personaje de un ausente, el padre fallecido, del cuál el espectador va variando su percepción a lo largo de todo el metraje… Se puede intuir, que como su hijo, no estaba contento con la vida que llevaba… o mejor dicho no asumía que esa era su vida, y que algunos sueños se cumplen y otros se quedan por el camino. Que como su hijo, le costaba expresar sus emociones, compartirlas. En una escena clave la madre de Ryota le dice en un precioso diálogo que el arte de ser feliz es irse desprendiéndose de un montón de cargas, y darse cuenta de que todo es más sencillo de lo que pensamos.

Hirokazu Koreeda construye su historia poco a poco y todo adquiere un sentido. Y el momento del tifón, de la tormenta, es cotidiano y transcurre de manera reposada, tranquila; pero eso no quiere decir que no pase nada, precisamente ocurren muchas cosas y el personaje de Ryota logra entender y comprender su vida, así como perder ciertos miedos relacionados con la paternidad y la relación con su hijo. O darse cuenta de que hay otro futuro para él y su ex, diferente.

La película se divide en dos: una radiografía de Ryota (con un prólogo genial donde su madre y su hermana hablan tanto del padre ausente como del hermano presente en sus vidas) y su cotidianidad (sus fracasos, su trabajo, su adicción al juego, la relación con su familia y con sus conocidos…). Y el momento clímax de la tormenta donde la abuela, el nieto, el hijo y la ex compartirán una noche en el pequeño piso de la anciana. Después la calma, la vida cotidiana sigue y habrá terminado la tormenta interior de Ryota. Hay un cambio de timón… casi imperceptible, pero cierto, real.

Es inevitable, cuando ves Después de la tormenta, sales tranquilo y con una sonrisa de la sala. La calma es posible, aunque muchas cosas se desmoronen en el camino…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.