El libro de plata de Olivia Laing (Alpha Decay, 2026)

El libro de plata se centra en el rodaje de Casanova de Federico Fellini y también en…

¿No he dicho muchas veces que hay libros que nos llaman? Uno de ellos ha sido El libro de plata de la escritora británica Olivia Laing. Primero, leí un artículo en Internet sobre él. Me quedé con la reseña. Segundo, fue entrar en una librería y buscar la novela por las estanterias hasta dar con ella y quedarme mirando la foto en blanco y negro de la portada con Federico Fellini cruzando Venecia en compañía de Danilo Donati, uno de los grandes protagonistas de esta novela, y otra persona no identificada, según los créditos de la imagen. No lo dudé ni un segundo. Ese libro tenía que estar en mi mesilla de la cama.

Empecé a leerla y es de esas novelas que no solo no puedes dejar, sino que buscas el momento para poder seguir pasando las páginas y a la vez te apetece que no acabe. ¿De qué va? Nicholas, un joven británico, huye de Londres por un hecho traumático y termina en Venecia. Allí, cuando está dibujando la fachada de una iglesia para no mostrar lo perdido y solo que está, lo encuentra Danilo Donato, un importante diseñador de vestuario, director de arte y escenógrafo del cine italiano.

Danilo Donato, artista carismático que se come la vida, no solo se convertirá en su amante y en la puerta de entrada de Nicholas a Cinecittá en los setenta, sino que además el joven tendrá la oportunidad de trabajar en dos películas claves en la filmografía de dos grandes cineastas: Casanova de Federico Fellini y Saló, o los 120 días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini. Nicholas se aferra a la pasión de la pintura y esta le abre una puerta a un mundo que nunca hubiese imaginado.

La novela está escrita en cuatro actos (con títulos tan significativos como Argento, Mercurio, Piombo, I Resti… que dibujan un trayecto del esplendor de la plata a las cenizas) y un camino trazado por una hilera de capítulos cortos que dictan un ritmo y te van haciendo saltar de un rodaje a otro. Así los lectores se enfrentan a dos estilos de trabajo totalmente distintos, pero que reflejan una postura en la vida y una época, la Italia en los convulsos años de plomo. Fellini es todo caos, exceso, fantasía, barroquismo, escapismo, gritos. Pasolini es todo austeridad, orden, calma, intelecto, análisis, silencio. Sus personalidades serpentean por cada una de las líneas, cada uno carismático a su manera.

Olivia Laing logra algo genuino y es sentir el funcionamiento de Cinecittá y meterte de lleno en el rodaje de dos películas tan estimulantes y complejas dentro de las filmografías de ambos directores. Así el lector se mete tanto en los mundos y mecanismos de fantasia de Fellini como en los rodajes de Pasolini que no dejaban indiferentes y menos de una película tan significativa y tan dura como Saló.

… Saló, o los 120 días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini.

Lo interesante es que entre rodaje y rodaje se va hilando no solo una historia íntima entre Nicholas y Danilo con sus vaivenes, sino que también se urde lentamente una intriga que activa y refleja la inestabilidad política del momento donde las advertencias de Pasolini sobre el fascismo le convierten en un objetivo a abatir además de manipular y juzgar su manera de vivir y sentir.

«Creo que, en cierto sentido, todos somos débiles porque todos somos víctimas. Y que todos somos culpables porque estamos dispuestos a jugar el juego de masacrarnos los unos a los otros, con tal de que podamos poseerlo todo al final de la matanza». Y esos setenta con esa convulsión y violencia con el análisis certero de un cineasta es lo que une la novela de Laing con un mundo actual que está viviendo sus propios años de plomo.

Todo esta Italia convulsa funciona con la mirada externa de un joven británico herido y con su propia mochila sobre los hombres que primero, como los lectores, cae deslumbrado ante el mundo que le abre Cinecittá, pero que va deslizándose por los recovecos, las sombras y las violencias sutiles hasta darse de bruces con la compleja realidad italiana del momento. Por otro lado, las películas de estos dos genios actúan como piezas premonitorias, pues ambas atrapaban el espíritu de una época.

Cuando cerré las páginas de El libro de plata tenía ganas de dos cosas: de volver a leerla y detectar todos los hilos narrativos y de ver de nuevo Casanova y Saló. El viaje a través de las 240 páginas me ha merecido mucha la pena por un instante pensé que me encontraba dentro de la ballena gigante de Casanova, en una Vespa recorriendo las calles de Roma o en el salón de una villa vacía con Pasolini escribiendo un artículo en otra habitación.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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