Maridos y mujeres, un antes y un después en la vida de Woody Allen.

1. “Yo veía la vida como trágica o cómica dependiendo del nivel de azúcar en la sangre, pero siempre la consideré un sinsentido. Me sentía como un trágico encerrado en el cuerpo de un monologuista humorístico”. Algo así le dice también el personaje de Rain a Gabe Roth en un momento determinado de Maridos y Mujeres (1992) cuando le comenta una de sus novelas, es decir, cómo el humor no desaparece de la tragedia. Esta película es de las más apreciadas por Woody Allen de toda su filmografía, y curiosamente supone también un antes y un después en su vida personal. Sería no solo su última película con Mia Farrow, sino también el principio de un revuelo mediático de graves acusaciones, que aún hoy no ha terminado. A partir de ese momento, saltó a los medios su ruptura tormentosa con Farrow, la acusación de abuso sexual a su hija adoptiva Dylan y su relación con Soon-Yi, hija adoptiva de Mia, que continua hasta el presente.

Así A propósito de nada, su autobiografía, es un libro escrito por un monologuista humorístico con un paréntesis largo y exhaustivo, donde ese monólogo sobre su vida y obra se convierte en un relato autobiográfico con gotas de película de terror. De este modo queda un extraño híbrido, que deja un sabor amargo.

Allen cuenta como monólogo de humor de un misántropo, contradictoriamente optimista, su infancia, inicios en el mundo del humor, sus primeras películas y cómo se convierte en un realizador de éxito con control absoluto de su obra. Toda esta parte está regada con sus distintas relaciones sentimentales. Todo fluye con armonía hasta precisamente la realización de Maridos y mujeres y el fin de su relación con Mia.

A partir de ese momento, hay un cambio de tono en el libro, una nota discordante. Woody Allen, entonces, relata su versión de los hechos, alejado de todo lo que se ha vertido en los medios de comunicación. Si bien es cierto, que su relato es coherente, también es escalofriante el retrato que devuelve de Mia Farrow, una mujer no solo inestable emocionalmente, sino particularmente cruel, una madre dura y manipuladora con apariencia de ángel. De ahí la conversión de este paréntesis en un relato de terror. No deja de llamar la atención, sin embargo, que de nadie más el director realiza una descripción tan oscura y cruda.

Personalmente, lo que más me ha interesado ha sido lo que está fuera de ese paréntesis (no obstante, me ha aclarado bastantes cosas que siempre me había preguntado), pues lo que buscaba sobre todo era un acercamiento a su obra creativa. Y me he quedado con ganas de más, aunque aporta bastantes claves sobre su mirada, sus referentes culturales y cinematográficos, su manera de rodar y de entender el mundo.

2. “A mí me parece que la única esperanza de la humanidad reside en la magia. Siempre he detestado la realidad, pero es el único sitio donde se consiguen alitas de pollo”. Antes de ser humorista y realizador, lo que engatusó a Allen durante su infancia y adolescencia fue la magia. Intentó convertirse en un buen mago. Si bien su carrera fue por otros derroteros, la magia está muy presente en su filmografía. Y, bien es cierto, que una de las palabras que puede describir su obra cinematográfica es sin duda “mágica”. No solo hay magos entre sus personajes que realizan sus trucos (Recuerdos o Scoop), sino un alejamiento mágico de la realidad que permite obras como La rosa púrpura del Cairo, Alice, Medianoche en París, Magia a la luz de la luna o Todos dicen I love you.

Me detengo también en este punto para reflexionar sobre el retrato que de sí mismo realiza Woody Allen. Del intelectual que proyecta su imagen pública sale de la chistera otro hombre diferente. Él no deja de describirse como un muchacho judío de orígenes de clase media baja que se acercó a todo lo que oliese a intelectual para ligar con las chicas que le gustaban. Él mismo se despoja de su imagen de hombre inteligente, y se presenta como un chico de barrio, bastante deportista, al que le encantaba la magia, los partidos de béisbol o el tenis, los cómicos y con muchas ganas de ligar. Más tarde, se va dibujando como un hombre al que no le gustan los eventos sociales, que prefiere tocar su clarinete o estar en su casa si puede, y totalmente negado para las nuevas tecnologías. Entre las cosas que considera de su gusto está la escritura…

3. “Cuando me preguntan sobre la realización de películas, siempre intento dejar bien claro que no se trata de dinero, ni de elogios, ni de que se fijen en ti, ni de premios; todo eso es basura o, mejor dicho, paja. Repito constantemente que lo único que cuenta es el hecho mismo de hacer la película”. Otro de los aspectos claves que refleja el libro es cómo Woody Allen realiza películas porque siente necesidad de verse inmerso en el proceso de creación, que es precisamente lo que más le interesa. Terminada una película se mete en la siguiente, y ya esa obra terminada pasa a ser historia, no le interesan ni las críticas vertidas, ni los premios repartidos ni volver a enfrentarse a su visionado. Solo cuenta para él hacer la película, y tener el control del proceso creativo. Nada más. De hecho, como desgrana a lo largo del libro, no hay mayor crítico de su obra que él mismo, ni siquiera espera dejar mucha huella en el mundo. Durante estos últimos años, lo que le ha permitido ese control del proceso creativo y la financiación necesaria, ha sido el ofrecimiento de distintas ciudades europeas para convertirse en los platós cinematográficos de sus películas…, y él ha tomado estas ciudades al asalto para salirse de la realidad.

4. “Ser misántropo tiene su lado bueno: la gente nunca te desilusiona”. Todos sus últimos años vividos desde 1992 se resumen en esta frase “la gente nunca te desilusiona”. No escribe con odio o resentimiento, pero sí con distanciamiento. Pensándolo mejor, ese distanciamiento está en todas las páginas, como si mirase la vida desde fuera, y le costase implicarse o tirarse a la piscina de lleno. De hecho, él describe con humor lo que le cuesta asistir a distintas reuniones y eventos… No puede evitar quedarse fuera, le cuesta dar el paso de entrar… Así cuenta su vida: mirando desde la calle lo que puede haber en el interior de la ventana. Quizá de esta manera, mirando a todo el mundo y todos los acontecimientos desde fuera trata de alejar el dolor y el sufrimiento… o ese sinsentido que es para él la vida.

5. “Y la ciudad es tan hermosa bajo la lluvia, con el cielo nublado. No sé por qué. Algunos sugieren que es un correlato objetivo de mi estado interno. Mi alma está cubierta de nubes”. Día de lluvia en Nueva York es una de sus últimas películas, pero no la única donde ha presentado su amor hacia la metrópoli… Una ciudad bajo la lluvia inspira una de las frases más bonitas del libro, y que mejor describe su personalidad y su vida: “ Mi alma está cubierta de nubes”. Qué buen título.

Todos dicen I love you, una huida de la realidad, pero con canción triste de fondo.

6. En un momento de A propósito de nada, cuando habla de su infancia y adolescencia, explica lo que le gustaba ir al cine, y cómo se quedaba ensimismado con aquellas películas donde sus personajes vivían en áticos entre lujo y copas de champán. Y cómo le gustaría que la vida fuese así. Eso mismo le pasa a la Cecilia de La Rosa Púrpura del Cairo, que ve en la sala de cine un mundo que le permite alejarse de su realidad. Uno de los homenajes más hermosos a ese tipo de películas es sin duda Todos dicen I love you, donde Woody Allen mezcla el screwball comedy con el musical puro y duro, con presencia inevitable de uno de sus humoristas de cabecera (aunque fueron muchos), Groucho Marx. Por supuesto, no falta la magia. Sin embargo, como canción leit motiv de la película elige una de las más tristes y románticas: I’m through with love. Muchos la recordaréis cantada por Marilyn Monroe al final de Con faldas y a lo loco. Como siempre, es bueno mirando el lado trágico de la vida con humor.

Pero esta película me permite hablar de otros dos aspectos de la filmografía de Woody Allen: su amor por un determinado tipo de música y canciones, que hacen reconocibles sus films. Y es que la vida de Allen también está unida por su pasión por la música, y en concreto, el jazz. Así como su relación especial, y que deja huella de ello en todo el libro, con los directores de fotografía con los que ha trabajado a lo largo de su vida (Gordon Willis, Carlo Di Palma o Vittorio Storaro).

7. Huida de la realidad a través del documental. Siempre tuvo interés en contar una historia de ficción en forma de documental. Así esa fue la idea para su primer largometraje Toma el dinero y corre. De nuevo Allen juega con los límites de la realidad y la ficción… Y es que el realizador a través del cine plantea una huida muy real de la realidad… ¿Cómo se come uno esto? Pues con la representación audiovisual de la realidad…, con el documental. Así más tarde se planteó la maravillosa Zelig o Maridos y mujeres, que también tiene el formato documental.

Y aquí ocurre uno de los aspectos más especiales de su cine. Pese a ese alejamiento de la realidad buscado o ese afán de describirse en el libro muy distinto a su álter ego en el cine, sin embargo, en su cine hay huellas y ecos de su vida. Hay episodios inspirados en su vida, a sus personajes le interesan o tienen sus aficiones y su mirada y filosofía de la vida transpira cada fotograma. En algunas es bastante evidente como Días de radio, Annie Hall o Recuerdos.

8. El cine como tragedia. Donde es más crítico Allen a la hora de analizar sus películas es en aquellas que se decantó por la tragedia. Así él siente como fallidas: Interiores, Septiembre o Delitos y faltas (donde cree que no combinaba bien la parte cómica con la trágica). Lo que es curioso es que según se intuye entre sus páginas para él no salía bien parado en su acercamiento a la sensibilidad trágica europea (ya se sabe su admiración no solo por su cine, como el de Bergman, sino también por su literatura como, por ejemplo, Chejov). No ha sido así, bajo su punto de vista, cuando su cine trágico ha mirado a uno de los dramaturgos norteamericanos que más le han marcado, y, en concreto, una de sus obras, Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams. De ahí han surgido dos de sus películas trágicas efectivamente más redondas: Blue Jasmine y Wonder Wheel.

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