Según venga el juego, de Joan Didion (Literatura Random House, 2017)

Según venga el juego

Anthony Perkins y Tuesday Weld, como BZ y Maria, también protagonistas del libro.

A Joan Didion la descubrí gracias al teatro (aunque desconocía que en realidad ya sabía de ella como guionista de cine hace muchos años). Hace unos cuatro años, en una de las tardes que me acercaba a un pequeño teatro de mi barrio (que sigue luchando por su supervivencia y por reinventarse), vi un monólogo que conectó totalmente conmigo: El año del pensamiento mágico. Después indagué y supe que todo partía de un libro de Joan Didion, escritora y periodista estadounidense, que recogía cómo cambió su vida a partir de que su marido, John Gregory Dunne, también escritor, muriera de manera fulminante una noche, mientras la hija de ambos estaba en coma en el hospital (moriría dos años después).

Hace poco he retomado otra vez a Didion y no solo he leído El año del pensamiento mágico, sino que me he empapado con dos de sus novelas: Río revuelto (una novela que cuenta la historia de una familia, con los códigos de un melodrama contenido a punto siempre de estallar, durante varias décadas pasando por la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los cincuenta) y la que nos ocupa, Según venga el juego. Y también recuperé la información que tenía sobre su relación con el cine. El matrimonio de escritores vivió durante años en Los Ángeles y los dos trabajaron juntos en varios guiones de cine. Indagando en su filmografía, me di cuenta entonces de que hacía mucho que conocía a Didion. Una de las primeras películas de Al Pacino tiene como guionistas a este matrimonio: Pánico en Needle Park (The Panic in Needle Park, 1971), una dura crónica sobre drogodependencias en Nueva York. Una película muy interesante de los setenta con un jovencísimo Al Pacino mostrando ya todo su potencial. Después también estuvieron detrás de una de las versiones de Ha nacido una estrella, la de Kris Kristofferson y Barbra Streisand en 1976 (y, claro, se les menciona en la última de Bradley Cooper). Con ese mismo modelo de historia, la trasladaron al mundo del periodismo en Íntimo y personal (Up close & personal, 1996), una película que no me canso de ver y que particularmente me gusta bastante (aunque sé que no goza de ninguna consideración). Todas estas películas han formado parte de mi memoria cinéfila, y alguna la he visto varias veces. Pero todavía hay una película más, que no he visto (solo algunos fragmentos), y que el guion fue obra de Didion, y es precisamente la adaptación de su novela Según venga el juego. La película es de Frank Perry (el director de El nadador, con Burt Lancaster) de 1972, y se titula igual que la novela: Play it as it lays. Los protagonistas son Tuesday Weld y Anthony Perkins.

La novela Según venga el juego es breve, con capítulos concisos. Es seca, directa, pero golpea con su tristeza. Y narra la situación de shock emocional en la que vive su protagonista Maria Wyeth, una joven que empieza como modelo y termina como actriz de segunda, pero casada con un famoso director de cine. De una vida gris y triste en Silver Wells, Nevada, a Los Ángeles. Un largo recorrido que no la lleva a ninguna parte o donde ella no entra en las reglas del juego, una senda hacia la nada… Una vida en Los Ángeles. Una vida vacía en Los Ángeles. Y eso la va rompiendo, mientras la van despojando de criterios, de elegir su propia vida, de decidir en temas que solo la incumben a ella…

A Maria Wyeth la conocemos ya en un sanatorio mental donde tratan de buscar respuesta a varias preguntas. Y donde ella es bastante clara, anunciando que no hay “nada”, pero continua adelante porque tiene un objetivo: sacar a su hija Kate del sanatorio donde está metida. A continuación siguen las voces de Helene, una amiga del matrimonio, y del marido de Maria, Carter. Los dos aluden a un ausente BZ. Y que Maria está relacionada con su muerte. Después ya empiezan los capítulos breves con un narrador omnisciente e intercalando al final, a veces, los pensamientos de Maria.

Así vamos viviendo el colapso emocional de la protagonista ante varios episodios de su vida. El pistoletazo de salida es muy temprano, con una infancia con recuerdos vagos y no muy gratos, de una existencia dura, junto a sus padres y un amigo de estos. Y cómo sus padres la dejan volar para que ella triunfe, no como su padre, que fracasa continuamente, y su madre tras él. Maria tiene una entrada a la juventud brutal cuando buscándose la vida como modelo (y con la distinta compañía de varios hombres), recibe la noticia del fallecimiento de su madre. Su vida sentimental es caótica, hasta que encuentra a Carter, pero es otra historia que no funciona. Su senda la lleva a la deriva, a ninguna parte, y regresa al caos sentimental. Ambos tienen una hija, Kate, con muchos problemas de salud. Carter decide ingresarla, sin contar con Maria. Y cuando siguen hundiéndose, cada vez más distanciados el uno del otro (cada uno con su historia a cuestas), esta se queda embarazada de uno de sus amantes, y Carter la obliga a abortar. Mientras ella no consigue enderezar su carrera, ni con las dos películas donde Carter la filmó como musa, Carter continua su trayectoria de éxito. Ella cada vez se siente más ajena a todo y a todos. En ese camino hacia la nada está el productor de su marido, BZ, y su esposa Helene. El único que parece que a veces conecta con el abismo de Maria es BZ, pero en realidad porque también está tocado y hundido.

Joan Didion no solo es breve y concisa, y cuenta lo justo y necesario, tan solo pinceladas, sino que logra que la novela esté envuelta en la misma sensación de shock emocional de la protagonista. En esa deriva hacia la nada. Cada línea es un viaje a una mente confusa, llena de pastillas y alcohol. Todo tiene un aire de ensueño y pesadilla. De confusión. Todo lleva hacia alguien que ya no espera nada… y que se aferra tan solo, quizá, a la esperanza de rescatar a Kate. Porque como enseñó su padre a Maria, hay que seguir jugando.

Kubrick en casa, de Vicente Molina Foix (Nuevos cuadernos Anagrama, 2019)

El resplandor

El resplandor, una de las películas estrella del libro de Vicente Molina Foix.

Hay libros unidos a buenos recuerdos. Kubrick en casa me retrotrae a un sábado de este año y a un día en Barcelona con mucha gente querida. Y todo esa jornada estuvimos entre las cuatro paredes del CCCB. Ahí no solo disfrutamos de la exposición monográfica sobre Kubrick, sino que además por la tarde fuimos a una charla entre Vicente Molina Foix y Jordi Costa. A la salida unos amigos me regalaron este librito con una dedicatoria del autor.

Y el texto es puro deleite. Vicente Molina Foix no solo descubre a un cineasta en la intimidad del hogar, sino que habla de un proceso apasionante cuando está hecho con cuidado, cuando se busca la excelencia, cuando se respeta toda una obra: el proceso de traducción de una película, algo que también controlaba Kubrick en cada una de sus producciones. El director buscaba buenos directores de cine en cada país para dirigir las sesiones de doblaje, alguien relacionado con el mundo de la escritura y la literatura para las traducciones, y a buenos actores para que doblasen a cada uno de sus personajes.

Así Molina Foix explica con exhaustividad su trabajo en aquellas películas de Kubrick que contaron con sus labores de traductor profesional. Dónde se encontraba la dificultad de la traducción, pero cómo disfrutaba del reto. Cuál era el camino adecuado a seguir y cómo se cuidaba hasta la propia traducción del título de la película. Así permite ver de otra manera Senderos de gloria, La naranja mecánica, El resplandor, La Chaqueta Metálica o Eyes wide shut.

Pero además de otra manera de ver y entender estas películas y de ahondar más en el universo del director, el libro está trufado de anécdotas donde se conoce a un Kubrick íntimo, apasionado por el trabajo bien hecho, amable, curioso, interesado por el cine y la literatura, cuidadoso en el proceso de sus obras, y por eso rebelde contra las prisas de las productoras o su afán de abaratar costes. Así, por ejemplo, rememora que quizá fue uno de los primeros espectadores que vio El resplandor en casa de Kubrick, y cómo este le pidió interesado su opinión sobre ella. O también su última visita a esa casa y un paseo hasta su tumba, durante los últimos retoques para Eyes wide shut. Así como lamenta que una vez muerto el artista, las productoras ya hicieron lo que quisieron con las copias y las traducciones, por ejemplo, de sus películas en otros formatos.

Kubrick en casa es un libro para disfrutar, para leer despacio y para saborear el trabajo bien hecho en el ejercicio de la creación. Y como colofón una entrevista del propio Vicente Molina Foix a Kubrick en el año 1980, donde este da muchas claves de su universo cinematográfico, de sus influencias y de su manera de trabajar, centrándose una parte importante en el análisis de El resplandor, su último trabajo en el momento en que se estaba realizando la entrevista.

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