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En El nuevo, nuevo testamento, el director belga Jaco Van Dormael sigue construyendo su universo especial, con un acusado sentido de la estética y un amor exacerbado al cine (los referentes cinematográficos y fotográficos siempre están), para explicar los misterios y miedos más profundos del ser humano: el tiempo, la vida, la muerte, el destino, los sueños, las decisiones tomadas, la vida, el amor, las creencias…, todo rociado con un poco de fantasía y unas gotas de poesía visual. Si en Las vidas posibles de Mr. Nobody tiraba por la ciencia ficción, en su nueva película roza el cuento fantástico con dosis de humor negro y bastante ternura.

Y parte de una premisa atractiva: Dios existe y vive en Bélgica. Es malhumorado, desagradable, trata con dureza a su familia (su hijo JC se fue de casa, y ahora sufren sus arranques violentos su mujer, siempre silenciosa y encerrada en su mundo, y su rebelde hija Ea, de diez años) y disfruta haciendo sufrir a los que ha creado a su imagen y semejanza. Todo lo que necesita es su ordenador, que se encuentra en una habitación hasta arriba de archivos. Crea leyes para hacer sus vidas más infelices y difíciles, provoca catástrofes, hace que se peleen unos con otros, genera guerras, desastres naturales… solo para no aburrirse, para creerse un dios. Pero Dios no cuenta con que también va a rebelarse su hija pequeña que cansada cruza el umbral del hogar-cárcel para salir por una lavadora (como le explica su hermano JC, con el que puede comunicarse) al mundo exterior, al mundo creado por su padre. Y que esa niña va a buscar a seis discípulos más (que junto a los de su hermano harían 18, el número favorito de su madre que adora el béisbol). Y que además su hija antes de marcharse, va a vengarse de su padre con dos acciones: primero, va a enviar a todos los humanos en un mensaje de móvil qué tiempo les queda de vida (creando el caos… pues los humanos toman conciencia de su mortalidad, del tiempo que les queda, de apurar la vida…, de plantearse cómo han vivido, de pensar en el destino ya impuesto)… y segundo, deja el ordenador de su padre inservible, es necesario volver a reiniciarlo (y a su padre desesperado y dispuesto también a salir a su propio mundo creado, a buscarla). Lo único que echará de menos Ea, la hija de este dios belga, es a su madre que se queda sola en casa, siguiendo su rutina diaria, tranquila y melancólica, como siempre. Esa diosa madre… que puede despertar algún día…

Jaco Van Dormael es otro director que sigue el camino trazado por George Melies…, es decir, se sirve del cine para crear universos imposibles. Así lo han seguido haciendo cineastas como Terry Gilliam, Jean Pierre Jeunet, Michel Gondry o Charlie Kaufman. Así el director belga crea realmente un nuevo nuevo testamento muy especial lleno de microrrelatos fantásticos. Y nos va introduciendo en la vida de varios seres humanos que convierte en excepcionales. De nuevo, escribe a través de la cámara el Génesis, el Éxodo, el Cantar de los cantares, la creación del mundo y, cómo no, los evangelios según los nuevos seguidores de Ea, escritos por un sin hogar-testigo, Victor… Victor es la primera persona con la que se encuentra Ea, y se convierten en inseparables, juntos van a la búsqueda de los seis apóstoles (Ea ha cogido sus fichas, por azar, del archivo interminable de la habitación secreta de su padre).

Entonces nos enteramos de que dentro de cada persona suena una música diferente. Puede ser música de circo, Haendel o Schubert o una canción tan conocida como La mer de Charles Trénet. Que Ea puede crear sueños o andar sobre las aguas. Que cuando sabemos lo que nos queda de vida, de pronto podemos cambiarla y vivirla con intensidad o experimentar una y otra vez si realmente es imposible morir porque sabemos por un mensaje que nos quedan sesenta y cinco años de vida (ahí está ese personaje impagable, el joven Kevin…). Que se puede dejar la vida gris en una oficina y recuperar los sueños de aventura de la infancia. Que a lo mejor el amor está en el sitio más inverosímil: en un gorila o en un amor de la infancia, que solo era un recuerdo, una emoción, una sensación… Que el único deseo de un niño que va a morir pronto es convertirse en una niña…

Así Jaco Van Dormael no solo consigue meter al espectador en su universo de microrrelatos sino que además pone rostros que seducen. Descubre una actriz niña que sorprende (Pili Groyne), un Dios del Antiguo Testamento, que en realidad es cutre, mediocre, vulgar y resentido (Benoît Poelvoorde), una diosa madre apocada y silenciosa pero de mirada dulce (Yolande Moreau) y unos discípulos que arrastran sus vidas, con su sueños y miedos o secretos íntimos (Catherine Deneuve o François Damiens y toda una galería de buenos secundarios).

Van Dormael logra su particular lectura de la Biblia, donde el Dios del Antiguo Testamento en su llegada a la tierra sufre a cada paso su propia creación… y donde, tal vez, una diosa madre que quizá algún día despierte… o una niña con sus nuevos discípulos creen otro mundo posible.

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