Chaplin (Chaplin, 1992) de Richard Attenborough

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“El humor ayuda a vivir y preservar nuestra salud mental”… escuchamos decir al guionista Daniel Taradash, durante la ceremonia de los Oscar de 1972, como presidente de la academia, en la escena final de la película Chaplin de Richard Attenborough. Y lo dice refiriéndose a Charles Chaplin a punto de recibir su oscar honorífico… cuando regresa de nuevo a Hollywood de su exilio en Suiza (desde los años cincuenta). Una afirmación totalmente cierta y uno de los máximos doctores fue sin duda Charles Chaplin con su personaje universal, Charlot. Sin duda, no se merecía una película tan irregular pero no por ello carente de interés. En comparación con muchos biopics, Chaplin logra dar una visión del personaje para analizar e indagar en su figura y consigue la entidad suficiente como para poder realizar un debate apasionante sobre esta obra cinematográfica.

La irregularidad de Chaplin viene por ser una película fría y sin alma, todo lo contrario al cine de Charles Chaplin. Película perfecta (en ambientación y técnicamente) con momentos preciosistas pero sin alma. Solo en algunos instantes tiene destellos de brillantez, corazón y alma. Attenborough al pretender contar absolutamente toda su vida pasa de puntillas por ciertos momentos y personas fundamentales de la biografía de Chaplin. Cuando Attenborough se sale de la rigidez, logra buenos momentos fugaces.

Para contar su historia la película parte de tres fuentes (es una película ciertamente muy documentada y ese es uno de sus valores) la propia autobiografía de Charles Chaplin, Chaplin. His life and art de David Robinson y el argumento de Diana Hawkins. Llama la atención, sin embargo, que una de las cosas menos conseguidas es que el espectador vaya empatizando con Charles Chaplin o que entienda el desarrollo de su personalidad (como toda persona humana, además de genio, presenta luces y sombras. Charles Chaplin era un tipo difícil, quizá de ahí reside la dificultad de cómo plasmarle) luego eso resta emoción. No obstante, si algo salva la película es, valga la contradicción, la interpretación de Robert Downey Junior que logra imprimir carisma e imitar perfectamente algunas dotes de la pantomima de Charlot y transformarse en ese incomprensible (por mal desarrollado) Charles Chaplin.

Principio perfecto

El principio de la película es perfecto y promete. Durante los títulos de crédito aparece la silueta más universal, Charlot. Después vemos cómo Charlot se sienta en un camerino y se va desmaquillando y desprendiéndose de los atributos que le hacen ser el vagabundo más famoso del mundo, dejando al descubierto a Charles Chaplin. Oímos unas voces que no sabemos muy bien a quiénes pertenecen (lo sabremos muy pronto) y se hace una radiografía de su infancia donde se rescatan partes que serán la esencia no solo del personaje (bota, andares…) y del argumento de sus películas (nos encontramos con una ciega, con la historia de El Chico…) sino también el espíritu de su cine, una mezcla de humor –a veces cruel– y humanismo. Una fusión de risa y drama. Una risa anclada en la realidad social.

Dos tesis para construir al personaje

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La película de Richard Attenborough (él mismo, en una entrevista que incluye el dvd, reconoce las dificultades del proyecto y que el resultado no fue la película soñada así como es consciente de que gran parte de la salvación de la película vino por la interpretación de Robert Downey) parte de dos tesis para construir la personalidad y la vida de Chaplin.

Por una parte trata de encontrar un sentido a su errática vida sentimental y su atracción por mujeres mucho más jóvenes que él, adolescentes, hasta que encontró cierta estabilidad en compañía de Oona O’Neill (hija del dramaturgo Eugene O’Neill). Primero refleja la influencia que tuvo en él la fragilidad mental de su madre (y la protección que trató siempre de ejercer sobre ella hasta que le dolió demasiado cuando ya era más famoso. La mantuvo pero se alejó de ella en el plano personal), ella era la heroína de sus películas a la que había que proteger y tratar de que no se rompiera en pedazos (sobre todo los personajes de Edna Purviance). Después, en la película mantienen que el amor de su vida fue un amor de juventud, una joven de 15 años, bailarina del vodevil, llamada Hetty Kelly. Esa historia nunca llegó a consumarse pues Chaplin se fue de Londres para triunfar en los EEUU. Ella se casó con otro y falleció muy joven en tristes circunstancias. Y Chaplin busca siempre consumar y llevar adelante esa historia. Por eso su obsesión por las adolescentes: Mildred Harris o Lita Gray. Después del paréntesis sentimental con Paulette Goddar que sería también heroína de dos de sus más aclamadas películas: Tiempos modernos y El gran dictador, Chaplin conoce a la segunda mujer de su vida y con la que encontraría estabilidad, Oona O’Neill. La película de Chaplin toma una decisión de casting para cerrar el círculo sentimental de Charles Chaplin. Tanto Hetty Kelly como Oona tienen el rostro de la misma actriz: Moira Kelly. La búsqueda de la mujer amada ha terminado.

Y por otra construye un discurso fílmico en la filmografía de Charles Chaplin (con un ideario político y social que él definía simplemente como humanismo) que le hizo cosechar enemigos como el mismísimo John Edgar Hoover. Este no paró hasta que pudo deshacerse de él a través del Comité de actividades antiamericanas y las famosas listas negras con la publicidad necesaria de un escándalo sexual de por medio. Todo esto supuso su exilio a Suiza y el convertirse del artista adorado por las masas a un hombre desencantado y olvidado. De esta manera pasamos por El inmigrante, El chico, Tiempos modernos o El gran dictador… (obviando quizá dos de sus películas más políticas Monsieur Verdoux y El rey de Nueva York pero también sonados fracasos comerciales). También pasa de largo por la gran contradicción que supuso en su vida (y en su personalidad), volverse millonario después de una infancia de penurias y precisamente hacerse rico representando a un hombre muy pobre que sufre continuamente injusticias sociales…

Los detalles

No se puede negar que hay un trabajo de construcción histórica. Así disfrutamos de las escenas de vodevil. Tanto el momento en que un Charlie niño se pone en el escenario en un momento delicado que vive su madre o en el momento en que un Chaplin ya más adulto se está convirtiendo en toda una estrella del vodevil con el personaje de un borrachín, donde muestra ya el arte de la pantomima. Igualmente documentada es esa primera proyección a la que acude Chaplin (como eran esos cines de los inicios) así como los primeros rodajes junto a Sennett siendo la culminación la primera vez que da vida a Charlot (que curiosamente no sería la primera vez que le vería el público que fue en Carreras sofocantes —también hay un homenaje a este corto cuando aparece por primera vez Chaplin ante un Sennett que está rodando, sino en una obra anterior pero que se estrenaría más tarde junto a Mabel Normand, Extraños dilemas de Mabel). También se refleja con detalle cómo Chaplin se convirtió en un ídolo de las masas y cómo se dio cuenta de ello al regresar de nuevo a Europa después de haber conseguido el éxito en Hollywood. O los rodajes de sus primeras películas hasta llegar a La quimera de oro o su obsesión y perfeccionismo para un buen acabado de sus películas (como repetía una y otra vez las tomas tanto él como sus acompañantes), como a veces estaba tan volcado en su vida profesional que apenas dejaba tiempo para la personal.

Personajes con alma, momentos con alma

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El reflejar toda una vida supone pasar como un suspiro por un montón de personajes que fueron fundamentales en su vida. Algunos quedan desdibujadas, planos y sin alma como la relación con su hermanastro (hermano por parte de madre) que podría haber sido un punto muy interesante para contar su historia y se queda en superficial o con Edna Purviance, su primera musa en la pantalla con la que estableció hasta el final de los días de la actriz una relación muy especial, que en la película sale unos segundos.

Sin embargo hay dos personajes que cada vez que aparecen aportan alma y corazón a una película fría y excesivamente correcta. Richard Attenborough vuela con ellos y te quedas con ganas de más. Y con ellos, el espectador sí que logra acercarse más a Charles Chaplin: uno es su madre, interpretada por su nieta, Geraldine Chaplin, que logra momentos delicados al representar su fragilidad mental y lo que afectan a su hijo. Y el otro es Douglas Fairbanks, gran amigo de Chaplin hasta su fallecimiento temprano por tener un corazón delicado. Tiene el rostro de Kevin Kline y logran reflejar ambos una amistad atractiva y momentos de verdad.

El pretexto del editor, recurso desaprovechado

Para ir por los distintos episodios de la vida de un genio del cine, la película crea un personaje absolutamente ficticio: un editor con el rostro de Anthony Hopkins, George Hayden. Este editor se encuentra en la casa europea de un Charles Chaplin envejecido y desencantado y trata de sonsacarle más información sobre su vida para poder dar forma a la autobiografía del artista. Son escenas como metidas con calzador, meras transiciones, que no dan riqueza a esta obra cinematográfica, prueba de ello es que se podría prescindir perfectamente de ellas. Parece que son una solución para encontrar una estructura o una forma de contar, pero no aportan realmente nada. Se podría haber creado una interesante relación entre ambos personajes y que la película hubiese sido una especie de confesión o de lucha titánica y dialéctica entre artista y editor para construir una autobiografía cercana a la realidad o al mito.

También uno de los grandes hándicaps, que a la que esto escribe le ha sacado totalmente de la película (pero roconozco que eso ya son manías personales), es el maquillaje de envejecimiento a Robert Downey para interpretar a Chaplin hasta el final de su vida en la cual es octogenario. Y me ha venido a la cabeza porque tampoco pude soportar el Hitchcock maquillado que recientemente interpretó Hopkins.

Pérdida del tono… ¿cómo contar su historia?

Por último, quizá también el mayor defecto de Chaplin es no haber encontrado el tono adecuado para contar su historia. Biopic preciosista, frío y perfecto con escenas con alma (según los personajes). A veces cuenta la propia vida del genio como una película muda que es un recurso interesante pero que con el carácter serio y academicista de la película parecen escenas fuera de lugar: como la creación casi mágica del personaje de Charlot o la huida de Chaplin con su hermanastro y su esposa para que no les arrebaten la película de El chico durante el divorcio de su primera mujer.

No obstante, como se ha podido ver, Chaplin puede ser un primer acercamiento interesante a la figura de este artista genial a pesar de sus peros. Sobre todo merece la pena ver muchas veces ese principio donde ya vemos a un Robert Downey totalmente entregado a su personaje que si hubiese estado perfectamente desarrollado hubiese sido sin duda una composición perfecta.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

14 comentarios en “Chaplin (Chaplin, 1992) de Richard Attenborough

  1. La película es Downey, eso está claro. Contiene todos los defectos y carencias inherentes a los biopics, y solo supera a otros por dos cosas, la interpretación del protagonista y los apuntes de cine dentro del cine. Para mí el error de concepto consiste en que la película no se sostiene sola por sí misma (como todo biopic); se da por sentado lo que el público sabe o debe saber del personaje para que resulte efectiva. El primer perjudicado de este postulado de partida es el guion, y tras él, todo lo demás. Pero, biopics aparte, es una característica propia del Attenborough más alimenticio. Recuerdo la indignación que sufrí al ver «Grita libertad», por ejemplo. Me pareció una estafa, involuntaria, pero estafa.

    A mí la película me gusta porque es muy difícil que un cine sobre el cine no me guste, y porque Downey sale airoso de algo que nadie más podría haber hecho. Luego, funciona el componente sentimentaloide si te gusta el personaje. En todo caso, un apunte: el personaje universal es el vagabundo, no Charlot. El vagabundo solo es conocido así en Francia y, por asimilación, en otros países de Europa, como España. Pero en USA, el mundo anglosajón, y el resto del planeta, siempre será el vagabundo.

    Besos

  2. Quizá sin nos quitáramos de la cabeza la palabra biopic veríamos, según qué películas, de otra manera. Cuando vemos un filme sobre un personaje real nunca quedamos satisfechos, ya sea por la poca veracidad, o por el aburrimiento de la historia. Ahora, hay historias que son aburridas de personajes de ficción y gusta a la mayoría, en fin, todo un lío de gustos y críticas. Esta película me gustó bastante. Downey también podría hacer un filme de Hitler, lo digo por la impresionante imagen que encabeza este magnífico texto. Una vez le oí decir a Garci respecto a Attenborough que fue un director poco querido por parte de la crítica y el público. Dijo una cosa que me llamó la atención y es que si las películas se estrenaran sin decir el nombre del director la historia del cine sería muy diferente. Digno de reflexión, mi querida Hildy, no sé, quizá Tierra de penumbras hoy sería todo un clásico reconocido, por ejemplo. Y para ir terminando, que se me queman los macarrones, Downey está muy bien y como doble partida, vemos a la ex mujer de Carlos Saura, la hija de Chaplin, la auténtica semblanza física de su padre.

    Besos (imagínatelos de esta manera): imitando a Chaplin como lo hacía la Norma Desmond en Sunset Boulevard. Qué bien hacía de Chaplin, jolines.

  3. Querida Hildy, aquí sí que discrepo, a mí la película me encanta y siempre me pareció que había sido hecha con cariño y respeto por la figura de Chaplin, tanto pública como privada. Pero seguramente estoy opinando desde la total subjetividad, desde ese vínculo mágico que uno establece con las películas que le gustan y que hace que las defienda a capa y espada. Voy a dejar el DVD al lado del reproductor así vuelvo a mirarla y esta vez intentaré hacerlo desde un lugar más objetivo, a ver qué resulta…
    Un beso grande, Bet.-

  4. Sí, querido Alfredo, lo sé. En los títulos de crédito su personaje siempre aparece como The tramp… pero desde siempre para mí ha sido Charlot, y hay que reconocer que es tan bonito…
    Por otra parte, ya sabes que a mí también me apasionan las películas de cine dentro del cine. En esta ocasión llevaba tanto tiempo detrás de esta película…, que si bien me ha resultado interesante en muchos aspectos, no me ha conquistado por los motivos que expongo. Y Robert Downey es cierto que logra transformarse en Charles Chaplin y en su personaje (excepto cuando empiezan a maquillarle excesivamente que a mí este asunto me saca totalmente de la historia).

    Besos
    Hildy

  5. Querido Francisco, ¡cuántos frentes de reflexión abres…! Quizá lo que me pasó con esta película es que tengo cariño inmenso a Charlot y mucha información sobre Charles Chaplin y no logré apasionarme con la propuesta de Attenborough. Aunque vuelvo a escribir, que me pareció una película bastante interesante y con escenas muy buenas como la del principio. Creo que me hubiese caído mejor Charlot que Charles Chaplin. Para mí los personajes con más alma de la película son los que tienen los rostros de Geraldine y de Kline: la madre de Chaplin y Douglas Fairbanks.

    Besos
    Hildy

  6. Ja,ja,ja, querida Bet, discrepar y debatir es sanísimo. Te doy totalmente la razón en que está hecha con cariño y respeto… pero a mí no me llegó. Quizá tenga que ver mi apasionamiento por Charlot y por el cine de Charles Chaplin…, no logró emocionarme como me emociono con sus películas. No me llegó la recreación de Charles Chaplin (a pesar de la brillante interpretación de Downey) pero como digo me parece una película más que interesante y con muchos puntos a destacar. Es decir, me parece una película que hay que ver… aunque para mí tiene tantos logros como peros…

    Besos
    Hildy

  7. Hace poco tiempo estuve discutiendo sobre los biopics con un amigo y con mi novia. Yo defendía «Beyond the sea», biopic de Bobby Darin pero es que además es musical y mi novia no aguanta los musicales. Los biopics tienen muchos problemas pero evidentemente, una película sobre la figura de Chaplin llama al interés de todo cinéfilo, igualmente que el reciente biopic de Marilyn. Seguramente la veré, aunque espero demasiado de ella y auqe Chaplin me parece una de las figuras esenciales de la Historia del Cine y atreverse a dedicarle hoy un día una película es algo osado pero también valiente. Abrazos Hildy y gracias por este post que nos acerca algo más a la película a todos los que todavía no la hemos visto.

  8. Sí, el biopic es género complejo pero creo que puede conseguir buenos retratos. Por irme a otro musical, a mí me fascinó La vida en rosa y el retrato de Edith Piaf. Querido Marcos, aunque no me haya emocionado profundamente, sí que recomiendo su visionado pues tiene elementos muy interesantes. Y sí que creo, como decía Bet, que es una película hecha con cariño y respeto por su figura. Pero a mí me dejó bastante fría… y solo en algunos momentos muy determinados llegué a sentir…

    Besos
    Hildy

  9. Tal vez la clave del asunto esté en lo que decís en tu respuesta a Francisco: la información sobre Chaplin y el contacto con su obra. En mi caso vi la peli de Attenborough hace mucho, mucho tiempo, antes de haber visto películas de Chaplin, y durante años la recordé con cariño. Cuando volví a verla de grande, fue como reencontrarme con una vieja amiga. Seguramente si hubiera recorrido el camino inverso compartiría tu opinión…
    (Cambiando un poco de tema, ¡qué película La vida en rosa! ¿no? Marion Cotillard siempre sorprende favorablemente).-
    Un beso, Bet.-

  10. En mi opinión, y después de haber leido todos los comentarios, la prueba del nueve de esta película es la siguiente: para una persona ajena al mundo de Chaplin, para un chaval de 18 años por ejemplo, ¿ver esta película le animaría a ver las pelis de chaplin? ¿sentiría curiosidad o creería que tal vez está ya todo contado….no tengo la respuesta, pero ami la película, como muchas del director, me parece un sí pero,un esfuerzo colosal en los aspectos más ornamentales y cierto esquematismo en lo esencial, que eso si, salvan los actores…
    De todos modos hace tiempo que la vi, debiera darle otro repaso antes de hablar…aunque ese es el problema…prefiero dar otro repaso por Candilejas por ejemplo….o Monsieur Verdoux o cualquier corto…un abrazo

  11. Querida Bet, puede ser lo que comentas porque cuando era niña vi otro biopic de este mismo director y me dejó absolutamente marcada y cautivada. Se trata de Gandhi. Para mí fue una película reveladora, me entusiasmó. Tendría unos 8 o 9 años… Sin embargo, con el paso del tiempo cuando volví a verla, no me gustó tanto, incluso hubo tramos en los que me aburrí. Y me pasó lo mismo que con Chaplin, me pareció una película muy apreciable para el análisis y para un acercamiento a la figura de Gandhi pero no volví a sentir la emoción de cuando la vi por primera vez.

    Super fan de La vida en rosa y de Marion Cotillard. Ahora la actriz va a estrenar por aquí dentro de poco su película con los Dardenne y me apetece una barbaridad.

    Besos
    Hildy

  12. ,,, Me has quitado la palabra, querido Victor, cada x tiempo soy feliz viendo cortos y largometrajes de Charles Chaplin. El otro día tenía, por cierto, en mis manos Candilejas. Creo que voy a verla de nuevo pronto…

    Besos
    Hildy

  13. La película se cimienta en la interpretación de su protagonista y poco mas. Es demasiado complaciente, se nota la querencia hacia el personaje y aunque a veces intente mostrar un lado no amable. Nunca se consigue y eso en mi opinión la lastra.

    Un trabajo impresionante de su protagonista y bastante mediocre todo lo demás, desde secundarios a guion o intenciones. Cuidate

  14. Querido Plared, efectivamente, en parte la película sobre todo merece la pena por la recreación que realiza Downey de Chaplin. Además se empapa de vodevil y pantomima y logra momentos fantásticos. También es cierto que el respeto hacia la figura de Charles Chaplin hace que quiera ‘justificar’ sus sombras o hacerlas desaparecer, de esta manera para mí hay momentos en los que el personaje se queda cojo e incomprensible y a mí se me hizo imposible acercarme a él. En cuanto a secundarios, me quedo con Geraldine Chaplin y Kevin Kline. Y también me quedo con la tarea de documentación, ambientación y acercamiento a un periodo determinado. Solo por la primera escena de Charlot desmaquillándose para emerger Charles Chaplin… se merece al menos un visionado.

    Besos
    Hildy

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