Primavera tardía (Banshun, 1949)/El sabor del sake (Sanma no aji, 1962) de Yasujiro Ozu

… El hombre siempre se queda solo. Y Yasujiro Ozu nos los explica con dos escenas sencillas dentro de la complejidad que subyace en su fondo. En las dos, un hombre viudo (Chishu Ryu con un rostro que cuenta historias), después de haber casado a su hija, le espera la soledad por compañera. En una lo dice todo con el rostro y ese cuidado que pone en pelar lentamente una manzana mientras su cabeza se agacha. En la otra el tormento es más largo, llega después de haber bebido mucho, canta frente a la mesa ante otro vaso más. Después se pone en pie, ya ha constatado que está solo y lo dice a quien quiera escucharle (en este caso un hijo adolescente adormecido y molesto por la actitud del padre) y se va a oscuras por el pasillo, como pidiendo intimidad al espectador, a la cocina y le vemos al fondo como se sirve otro vaso… en soledad.

Entre Primavera tardía y El sabor del sake (su última película) han pasado algo más de diez años y Ozu ofrece pequeñas variaciones sobre un mismo tema entregando dos películas bellas sobre lo que significa el paso del tiempo, la vejez, la soledad… y otros muchos temas (como las relaciones entre padres e hijas) que van surgiendo de la placidez de sus imágenes y cuidadas composiciones. Y éste ha sido mi estreno en la filmografía prolífica de este director japonés. Y no podía haber sido más hermoso. Así que esto promete un visionado de más obra del director y por tanto una buena porción de descubrimientos.

Lo que más me ha gustado ha sido que frente la sencillez de sus propuestas y argumentos subyacen muchos temas complejos. En ambas un padre se ‘sacrifica’ por encontrar un buen esposo a su hija en edad de casarse pensando que es una forma de que pueda vivir su propia existencia. Y pensando que el que se quede a cuidarle, a la larga será una condena. Piensa que es mejor no obligarla a la soledad del padre y convertirla en una mujer solitaria, amargada y soltera. En El sabor del sake vemos el futuro de la joven de Primavera tardía si se hubiera quedado para siempre al cuidado de su padre, en la figura del viejo profesor al que llaman Calabaza absolutamente solo y en compañía de una hija amargada e igual de solitaria. Pero no todo es tan sencillo: ¿les espera a ambas hijas una vida mejor en un matrimonio concertado… en el que sale de la casa de un hombre para meterse en la casa de otro, su esposo? El negarse a seguir la tradición y preferir la felicidad ya conocida (que es cuidar al padre en una y en la otra al padre y el hermano adolescente) ¿no es un acto de rebeldía? Tanto el padre como la hija sucumben a las presiones sociales y familiares. Aquellos que les rodean  ‘obligan’ de alguna manera a poner fin a una cotidianeidad que les hace felices a ambos. Por otra parte las dos jóvenes protagonistas renuncian al amor por llegar demasiado tarde (los chicos que les gustan se han comprometido ya) y dan el paso de casarse con cierta incertidumbre y con dos hombres de los que no están enamoradas. En Primavera tardía, no obstante, la mejor amiga de la protagonista le da la posibilidad de otra vida si fracasa el matrimonio. Ella misma se casó y se divorció. Ahora vive sola, con su hijo y trabajando… y vive bien.

Las dos presentan además un Japón que se encuentra en una era de cambio después de la Segunda Guerra Mundial. Donde las tradiciones más ancestrales se unen a la modernidad y a la entrada de la mirada occidental. Y eso se ve en las vestimentas de los personajes o en los detalles de sus hogares o en el mobiliario urbano. Las dos películas son íntimas, de interiores, con diálogos sencillos donde se dice mucho más con una mirada, una sonrisa o un silencio.

Siempre se menciona la guerra como un momento duro, doloroso y se habla de la derrota no con odio sino con una especie de resignación e incluso con bastante sentido del humor (sobre todo en El sabor de sake y el encuentro del protagonista con un hombre con el que combatió que imagina cómo sería el mundo si ellos hubieran ganado… y deciden que mejor está tal cual). También se ven las diferencias generacionales entre los más jóvenes y los más mayores y el choque entre las tradiciones más antiguas y el paso a otras más nuevas. Y las nuevas formas de entender las relaciones que van cambiando así como la entrada de la vida moderna reflejada en los medios de transporte que agilizan la vida como el tren o los electrodomésticos en los hogares (la nevera, la plancha…).

Yasujiro Ozu apenas mueve la cámara y muchas de sus escenas, sobre todo en la intimidad del hogar, las vemos desde una perspectiva diferente, desde el tatami. Esto provoca una disposición diferente en los hogares o restaurantes, una manera distinta de acomodarse, donde las alturas son diferentes. Y por tanto no se mira igual… El director japonés cuida las composiciones de manera extrema y cuida el detalle creando imágenes de gran belleza. No realiza fundidos sino que muestra escenas de transición de plantas que se mueven por el viento, de chimeneas de las fábricas, de luces de neón o de naturalezas muertas. Ozu tiene su forma de mirar y contar, de narrar. Emplea también de manera especial la elipsis, en ninguna de las dos vemos cómo la hija conoce al pretendiente propuesto ni tampoco la boda.

Lo que sí nos regalan ambas es el último momento entre padre e hija. Cuando a éste le avisan de que ella ya está arreglada y preparada como novia, vestida a la manera tradicional. Y son dos escenas de infinita ternura, tristeza y melancolía… donde no sabemos realmente si los personajes serán realmente más felices al haber cedido a las presiones del entorno…

No es mala manera de empezar a conocer a Ozu con el visionado de esas dos películas. Una en blanco y negro con imágenes tan poderosas como dos bicicletas solitarias y la otra en un color cuidado y especial donde las líneas de las vías de un tren o de las puertas de una casa forman composiciones que relajan al espectador que plácido mira cómo la vida pasa, cambia y se transforma… con pequeñas pinceladas, pequeños matices. Y ahí esta siempre el rostro de Chishu Ryu de sonrisa dulce y melancolía innata.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

16 comentarios en “Primavera tardía (Banshun, 1949)/El sabor del sake (Sanma no aji, 1962) de Yasujiro Ozu

  1. No he visto «Primavera tardía», así que apuntada queda.
    El cine de este hombre es de una sencillez expositiva y de una pulcritud temática que tira de espaldas. Conozco a varios seguidores del cine asiático que nunca han visto películas de este tipo y que sin embargo flipan con esos coreanos que hacen infumables subproductos de acción presuntamente geniales. Qué cosas. Ozu es lo más aproximado a destilar la poética de la imagen. Sin él no existirían Wong Kar-Wai, Zhang Yimou, Kim Ki-Duk ni una docena más de directores asiáticos y no asiáticos que hacen de la poesía cotidiana su leit-motif. Es un puñetero maestro.
    Besos

  2. … pues mi querido Alfredo yo estoy entrando ahora en el mundo del ‘puñetero maestro’ y de momento me está encantando. Me alegro entonces de lo que aún me queda por descubrir. Y lo has resumido muy bien a lo largo de tu comentario su esencia: sencillez expositiva, pulcritud temática, poética de la imagen, poesía cotidiana…

    A mí Primavera tardía me ha gustado especialmente, sobre todo porque tiene escenas que no voy a olvidar en mucho tiempo.

    Besos
    Hildy

  3. … lo bueno es que siempre estamos a tiempo…

    Yo no había visto nada del cine de Ozu y es ahora cuando he empezado y de momento la sorpresa ha sido grata.

    Creo que te gustaría… Hay mucha poesía en sus imágenes.

    Besos
    Hildy

  4. Si tengo que enumerar las que he visto de ese director (no he visto «Primavera tardía» pero la apunto), tengo que ir contando obras maestras: «Cuentos de Tokio», «La hierba errante», «El sabor del sake». El cine de lo cotidiano contando con sensibilidad carente de cualquier afectación, un toque al alcance de pocos. Quizás Kurosawa en «Vivir», aunque no es tan contenida como las de Ozu, «Vivir» tiene otro carácter a lo ¿Capra?. Y luego hay una película japonesa moderna, «Still walking» de Hirokazu Koreeda que también me recordó al cine de Yasujiro Ozu, sobre todo a «Cuentos de Tokio». Pero no es lo mismo, como te digo, Ozu me parece especialmente brillante relatando vidas anónimas.
    Saludos.

  5. Mi querido Licantropunk, sí, tengo ganas de inmiscuirme más en el cine de Ozu. Y me gusta esa forma que tienes de definir su cine: «El cine de lo cotidiano contando con sensibilidad carente de cualquier afectación, un toque al alcance de pocos».

    También tengo pendiente de ver Vivir de Kurosawa… he leido tanto de ella que no sé que hago sin haberla mirado todavía. Pero todo será… todo será…

    Hirokazu Koreeda me gusta bastante y efectivamente Still Walking puede recordar a Ozu.

    Mi próxima asignatura pendiente de Ozu es sin duda Cuentos de Tokio.

    Beso
    Hildy

  6. Completamente de acuerdo con Alfredo, cuyo comentario suscribo al cien por cien. Solo he visto la segunda y esa visión del hombre y su relación con el entorno familiar y urbano es tal y como lo cuentas. Ese Japon uniforme parece aislar aun más al personaje.
    Y tal y como dices hay una aparente placidez que permite recrearse en el visionado, cosa no muy frecuente en nuestros días…Me encantó este paseo por esas miradas entre padre e hija, y por un cine a recuperar con urgencia. Un abrazo.

  7. Mi querido Victor, sí, el cine de Ozu aunque cuenta pequeños dramas (creo que estas dos películas en realidad son dramas, que duelen porque son la vida misma) cotidianos logra que su cine se vea con placidez, con calma. Y como bien dices te recreas en cada una de sus imágenes.

    Sí, yo a Ozu lo quiero recuperar para mis ojos con urgencia… Le tenía en mi baúl de pendientes y ha sido un placer sacarle de ahí. Poco a poco… aún me queda mucho por ver y descubrir.

    Besos tranquilos
    Hildy

  8. Decir que el filme resulta conmovedor es quedarse corto, pocas veces o quizás nunca se ha visto en el cine una relación más bella entre padre e hija, interpretados magistralmente por la musa de Ozu y su actor fetiche.
    Como secuencias inolvidables, destacar el último viaje que realizan juntos a la ciudad de Kyoto, el momento en el que Noriko se viste de novia y mira de forma tímida a su amado padre al que agradece lo hecho por ella y por supuesto la escena final, en la que el padre ya solo en su casa pela una pieza de fruta mientras se le caen las lágrimas. La tristeza es tan grande que no nos queda otra que acompañar al gran Chishu Ryu en su llanto.

    Ozu en muy grande,amiga Hildy y ahí está también su obra maestra:Historias de Tokio.Besos desde un restaurante chino y digo chino porque el japonés no me gusta nada de nada;eso de comer pescado crudo no es lo mío,es más, no me gusta ni frito.

    http://fmaesteban.blogspot.com.es/search?q=Historias+de+Tokio

  9. … Ahora mismo que voy a leerme tu crónica de Cuentos de Tokio, mi querido Francisco.

    Sí, inolvidables las escenas que mencionas de Primavera tardía. También me emocionó el paseo en bicicleta con el pretendiente fallido y la escena en el teatro…

    Besos sentada en el tatami y con un vasito de sake
    Hildy

  10. Hola Isabel/Hildy.
    ¡Qué maravilla de texto sobre estas dos magistrales películas hermanas y testamentarias!. Yo no sabría decantarme por una o por otra, aunque quizás la balanza se acabe inclinando un poco hacia “Primavera…” por la inolvidable interpretación de la hija que hace Setsuko Hara, de las más emocionantes y completas que le he visto a actor alguno.
    Ozu es inagotable, sus películas se ven cada vez mejor.
    Prueba de ello, y de que los creadores no dejan de fijarse en él, es que “Cuentos de Tokyo” quedó como la mejor película de la historia (¡por delante de “Kane” y “Vértigo”!) en la encuesta a los directores del British Film Institute del pasado año. Y en la de los críticos “Cuentos de Tokyo” quedó en el tercer puesto y «Primavera tardía» en el 15º.
    A mí me quedan (felizmente) bastantes por descubrir, y a las dos comentadas y a “Cuentos…” añadiría otras dos entre las que más me han gustado: “El otoño de la familia Kohayagawa” (su penúltima película, sobre un empresario bodeguero con dos familias) y “Había un padre” (sobre la relación entre un padre y un hijo).
    Lo que no se sabe mucho es que Ozu incluso hizo películas de gángsters a principios de su carrera…
    En “Still Walking” (que me gustó) Kore-eda sigue claramente el modelo de Ozu y su cine sobre la familia, pero como es un cineasta posmoderno, a veces subraya, carga las tintas de la amargura, lejos de la capacidad de síntesis y la sutileza de Ozu.
    Besos,
    Javier

  11. Hola Isabel/Hildy.
    ¡Qué maravilla de texto sobre estas dos magistrales películas hermanas y testamentarias!. Yo no sabría decantarme por una o por otra, aunque quizás la balanza se acabe inclinando un poco hacia “Primavera…” por la inolvidable interpretación de la hija que hace Setsuko Hara, de las más emocionantes y completas que le he visto a actor alguno.
    Ozu es inagotable, sus películas se ven cada vez mejor.
    Prueba de ello, y de que los creadores no dejan de fijarse en él, es que “Cuentos de Tokyo” quedó como la mejor película de la historia (¡por delante de “Kane” y “Vértigo”!) en la encuesta a los directores del British Film Institute del pasado año. Y en la de los críticos “Cuentos de Tokyo” quedó en el tercer puesto, y “Primavera tardía” en el 15º.
    A mí me quedan (felizmente) bastantes por descubrir, y a las dos comentadas y a “Cuentos…” añadiría otras dos entre las que más me han gustado: “El otoño de la familia Kohayagawa” (su penúltima película, sobre un empresario bodeguero con dos familias) y “Había un padre” (sobre la relación entre un padre y un hijo).
    Lo que no se sabe mucho es que Ozu incluso hizo películas de gángsters a principios de su carrera…
    En “Still Walking” (que me gustó) Kore-eda sigue claramente el modelo de Ozu y su cine sobre la familia, pero como es un cineasta posmoderno, a veces subraya, carga las tintas de la amargura, lejos de la capacidad de síntesis y la sutileza de Ozu.
    Besos,
    Javier

  12. Pensaba que no se me había publicado a la primera…, disculpad la repetición.
    Saludos

  13. ¡Bienvenido Javier, qué bien verte por aquí… y por partida triple…!

    … Gracias a ti he podido ver El sabor del sake. Así he podido empezar a descubrir a Ozu con dos películas que me han encantado y emocionado (y con muchos puntos en común). De esta manera me hago una idea y sé que me quedan muchas sorpresas por descubrir… incluso esas películas de gánsteres que mencionas en tu interesante comentario.

    Besos
    Hildy

    PD: Descubriste mi nombre tras mi seudónimo de ser inmortal…, je, je, je

  14. Enhorabuena por tu blog! Un gran trabajo, que, a partir de ahora, queda incluido entre mis páginas de referencia. He decidido contactar contigo a través de la película que hoy mismo he publicado en el mío. Me encantaría que le echaras un vistazo…

  15. Bienvenido Antonio, gracias por tus palabras y comentario.

    Acabo de pasear por tu diccineario y me ha encantado el concepto y la forma del blog.

    Si me permites también sería un placer para mí añadirte a mi columna de OTROS APASIONADOS CINÉFILOS.

    Un placer y volvemos a leernos pronto.

    Besos
    Hildy

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