Razón número 1: Humphrey Bogart

El último refugio

Durante los años treinta Bogart iba de un papel secundario a otro y se le identificaba como el rostro del gánster, el bandido o el malo de la película. Así iba pasando de El bosque petrificado con su gánster Duke Mantee que secuestraba a un grupo variopinto de personas en una casa de madera a esa joya de Wyler, Callejón sin salida, donde era el gánster que regresaba a su barrio natal; en Ángeles con caras sucias se convertía en un abogado corrupto y traidor o en el melodrama Amarga victoria era un oscuro mozo de cuadras… Pero faltaba el matiz o el halo que le convertiría en estrella y a sus personajes en iconos para la memoria cinéfila. Y ese matiz o halo lo adquirió ya completamente (tuvo muchos años de entrenamiento y formación) con su personaje de Roy Earle en El último refugio. Ese papel fue un punto de inflexión en su carrera. Su personaje pasó del puro cine de gánsteres (como también demostró en otra joya de Walsh, Los violentos años veinte) al cine negro, y su personaje iba adquiriendo un fondo: un tipo duro, fiel a sus ideales, solitario, melancólico, desencantado y desengañado pero tremendamente romántico. Un perdedor con encanto y por convicción. Así Bogart fue campando por el cine negro, con su desgarro y desencanto, en ese mundo de sombras y destinos sombríos. Pero supo diversificarse y ofrecer también en otros géneros al galán duro pero irreversiblemente romántico…

Razón número 2: Ida Lupino

Una actriz y directora más olvidada que su compañero pero a reivindicar. Es de esas actrices con largas trayectorias pero muy poco analizadas o estudiadas (por no entrar en su carrera como directora). Sin embargo, tiene varios papeles inolvidables y uno de ellos es su Marie Garson arrastrando tanto desencanto como su compañero Roy, pero, sin embargo, capaz de volver a ilusionarse y enamorarse. Marie no ha tenido suerte en la vida pero, como su compañero, es una persona compacta y tremendamente fiel a sus sentimientos. Lupino representaba como nadie a personajes fuertes y duros pero con una fragilidad de fondo, con vulnerabilidad a cuestas. Además del personaje El último refugio, no se la puede olvidar en La casa en la sombra, El gran cuchillo o Mientras Nueva York duerme. Su Marie Garson ofrece una variante de la femme fatale… y es aquella que lo es inconscientemente, que más bien arrastra mala suerte.

Razón número 3: Redención y premonición

La fuerza de El último refugio (cómo me gusta este título en castellano) es que es un relato de redención. Roy Earle es un gánster ya cansado, que cuando sale de prisión quiere disfrutar de la naturaleza, de los paisajes, de sus recuerdos del pasado, que quiere ser libre; además se da cuenta de que su mundo ha cambiado y que los códigos por los que se regía han caducado… pero es leal a aquel que le ha sacado de la cárcel (su antiguo jefe) y necesita para alcanzar sus sueños de libertad realizar un último golpe.

La película de Walsh presenta una estructura y un argumento que inspirará a muchas otras películas de redención del mafioso, siendo quizá una de las más evidentes la maravillosa Atrapado por su pasado de Brian de Palma. Además El último refugio es una película que refleja continuamente la premonición de desgracia que atrapa en todo momento a su personaje principal. Y es que las premoniciones son claves en el cine negro, pues crean esa atmósfera oscura, pesimista y de caída continua.

Razón número 4: Entre dos amores

El último refugio

Para construir más todavía esa personalidad romántica desencantada de Roy Earle, la película le encierra en una encrucijada, entre dos amores. El de la nieta coja de unos entrañables granjeros (que han sido perjudicados por la Gran Depresión), Vilma (Joan Leslie), y el de la chica con apariencia de femme fatale pero absolutamente vulnerable, Marie (Ida Lupino).

La primera supone la idealización que hace Roy Earle del amor y del futuro que quiere llegar a alcanzar. No se fija en Vilma como mujer ni le interesa cómo es, sino que proyecta en ella lo que le gustaría que fuera, una chica angelical y pura alejada de su mundo, totalmente mimetizada con la naturaleza. Una chica con la que mirar las estrellas. Vilma se convierte en una chica angelical que necesita la acción de un hombre perdido como él. Roy siente que puede redimirse a su lado y hace todo lo posible por curar su cojera. Por eso recibe un bofetón cuando el ideal que se había construido se rompe ante sus ojos: Vilma solo es una chica con sus virtudes y defectos, enamorada de otro hombre (que no parece que la hará muy feliz), joven y con muchas ganas de disfrutar de diversiones que había tenido vedadas por su cojera. Vilma nunca ve a Roy como un hombre al que amar.

Y Marie, sin embargo, es un amor más realista. Desde el principio cada uno sabe cómo es el otro. Y van construyéndose poco a poco una relación que se basa en la confianza. Los dos terminan protegiéndose. Caminan juntos, disfrutan juntos, sufren juntos. Son sinceros en sus sentimientos, tratan de superar baches… y consolidan una relación fuerte… Sin embargo, a ellos es el destino el que no les deja continuar juntos.

Razón número 5: Director pionero

Raoul Walsh tiene una trayectoria apasionante. Es uno de los directores pioneros con parche en el ojo. Desde el cine mudo empieza a inventar y construir el lenguaje cinematográfico, a descubrir los caminos de este nuevo arte. Y como pionero toca todos los géneros y cuenta con varias perlas en su filmografía. Así Walsh pasea por el cine de aventuras puro, por el western, por el cine de gánsteres, el negro o el bélico. Una de sus joyas es sin duda El último refugio y no le debió dejar indiferente porque él mismo dirigió un remake pero en forma de western, Juntos hasta la muerte. Y no olvidemos que a finales de los años 30 también realiza otra joya (donde también estaría Bogart, con un importante papel) con la historia de éxito, caída en picado y redención de un gánster (con cara de James Cagney), Los violentos años veinte.

Razón número 6: Los perdedores de John Huston y las huellas de W.R. Burnett

Si miramos el apartado de guionistas nos topamos con John Huston, que ese mismo año rodaría su primera película como director y con Bogart como protagonista, El halcón maltés. Además ambos cimentarían una larga amistad y una colaboración profesional con títulos como El tesoro de Sierra Madre o La Reina de África. Si hay algo sobre lo que Huston escribe y filma como nadie es sobre los perdedores y su mundo. Así el personaje de Roy no se aleja de la filosofía de muchos personajes que pueblan las películas del futuro director. Por otra parte en el guion también firma el escritor W.R. Burnett y sus huellas también están presentes: atracos fallidos, traiciones, huidas, gánsteres, el hombre frente a la naturaleza… John Huston en los años cincuenta llevaría al cine una de sus novelas, La jungla de asfalto.

Razón número 7: Galería de secundarios

El último refugio

La galería de actores secundarios es otro de los motivos de deleite para disfrutar de El último refugio. Además de las damas de la función: Ida Lupino y Joan Leslie (recordada por El sargento York o Yanqui Dandy), acompañan a Roy en su huida hacia la libertad otros actores que fueron o eternos secundarios o también tuvieron roles protagonistas (e incluso carreras como directores).

Roy se da cuenta que los viejos tiempos han cambiado cuando conoce a sus compañeros de golpe. Tres jóvenes inexpertos y patanes que le van a llevar por la calle de la amargura y con los que el robo supondrá un fracaso seguro (y, sin embargo, Roy no para de correr, aunque tenga que aguantarles o metan la pata). Estos tienen los rostros de Alan Curtis, Arthur Kennedy y Cornel Wilde. Los dos últimos más recordados y Curtis bastante más olvidado (presente en una película interesante de Robert Siodmak, La dama desconocida). Kennedy actuó en joyas ocultas u otras películas míticas como La ventana, Ídolo de barro, Encubridora, Como un torrente o El fuego y la palabra y demostró su versatilidad. Wilde sería un actor de cine de aventuras o melodramas recordados como Que el cielo la juzgue, Ambiciosa o El mayor espectáculo del mundo. También haría su peculiar carrera como director.

Luego también están presentes secundarios de la vieja escuela y siempre efectivos como Henry Travers que alcanzó la inmortalidad como un ángel en Qué bello es vivir. Aquí es un granjero que simpatiza con el gánster (sin saber que lo es) y este le toma bajo su protección pues representa el hombre sencillo con una vida que él sueña (y que también idealiza). Además de ser el abuelo de Vilma, su amor inalcanzable porque no es real. El personaje de doctor tiene el rostro de uno de los hombres lobo del cine, Henry Hull. Y también está, como el jefe enfermo de Roy (al que este es leal y fiel), Donald MacBride, un rostro que se paseó por películas como Forajidos.

Razón número 8: Los medios de comunicación

El último refugio

Desde el nacimiento del cine son muchas películas que reflejaban las buenas virtudes de los medios de comunicación y la necesidad de su existencia pero también las malas prácticas o las premoniciones futuras del daño que provoca la manipulación de los medios de comunicación sobre los hechos, cómo pueden también marcar o estigmatizar o influir en el rumbo de una historia. El último refugio se incluiría en la segunda tanda. Los medios de comunicación no solo no dejan tregua a Roy ni posibilidad alguna de redimirse, sino que le marcan creando un enemigo de la opinión pública, dándole el mote de “perro rabioso”. Y los perros rabiosos son tan peligrosos que hay que matarlos, sin oportunidad alguna. Se condena a Roy desde los titulares de prensa. Después su huida, el encontrarse oculto en las montañas en su enfrentamiento con la ley, esperando que le acorralen y maten, se convierte por prensa y radio en puro relato espectáculo… sin importar que tras el perro rabioso hay un hombre.

Razón número 9: Un perro

El último refugio

Una de las pasiones de Humphrey Bogart eran los perros. Siempre tenía alguno a su lado. Pard, el perro (uno de los protagonistas de la película) que, como cuenta un muchacho negro (un personaje tremendamente estereotipado, quizá el único pero de la película), no da mucha suerte a sus dueños, pues todos encuentran un final violento… pero a la vez tremendamente fiel y tierno, que se convertirá en un compañero de Roy y Marie… pero también en el responsable sin querer que adelanta el momento de la tragedia de su nuevo amo, al que sigue desesperadamente; bien pues, como digo, ese Pard era el perro que en esos momentos acompañaba a todas partes a Bogart. Y se llamaba Zero. Se entiende totalmente la química entre ambos…

Razón número 10: La huida

La huida como metáfora de libertad. Y es que es lo que hace avanzar al desencantado Roy, y así lo entiende también su fiel compañera Mary, que sabe a qué se refiere (ella también se ha pasado la vida huyendo). A los dos la posibilidad de huida les hace avanzar, vivir. Él aguanta los años de cárcel intentando escapar, escapar… Y eso es lo que hace hasta el final, huir. Hasta que como le queda revelado a Mary, esa huida hacia la muerte es lo que le da la libertad a Roy, o por lo menos conseguir el descanso. Entre las montañas. En un último refugio…

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