Arde Mississippi es de esas películas que según vas viendo te vas cabreando y cabreando más con el ser humano y por sentir la capacidad que tenemos de ser unos burros sin cerebro. Arde Mississippi te hace temblar y gritar de indignación según van pasando las dos horas de metraje. Arde Mississippi es una película que apunta y analiza el odio racial y trata de buscar los orígenes de ese odio y de comprender una reacción así tan salvaje.

Arde Mississippi te pone en un dilema. El dilema que se les plantea a los dos agentes del FBI magníficamente interpretados por Willem Dafoe y un Gene Hackman que se sale. Cómo tratas de acabar con las injusticias de una pandilla de seres irracionales con el odio en sus venas e incapaces de razonar. Cómo. Y el dilema es duro. ¿Empleas todo los métodos legales y ortodoxos y la vía del razonamiento como aboga el joven agente el FBI?¿O empleas el mismo lenguaje, el único lenguaje que entienden y ante el que reaccionan?¿Empleas los mismos juegos sucios, las mismas actuaciones irracionales y violentas para poder detenerles, para poder pararles en esa cadena de violencia injustificada?¿Empleas el método del perro viejo sureño del FBI que sabe que con burocracias y demás poco se va a poder hacer? Y el dilema es chungo muy chungo. Y la película se decanta…, y te hace ver de manera contundente que sólo hay un camino posible para detener a esos bestias… pero te queda la duda, ¿será ése el único camino?

En Arde Mississippi se unen varios ingredientes que cocinan despacio una película de calidad. Una película denuncia y además buena. Una de esas historias en las que el odio racial se siente y duele. Un director efectivo como Alan Parker que cuando encuentra un buen tema sabe cómo dirigirlo y plasmarlo en imágenes con soluciones acertadísimas. Un guión bien construido. Una fotografía magnífica y una banda sonora acorde con los sucesos que se nos cuentan son el envoltorio para un magnífico elenco de actores principales y secundarios que hacen vibrar la pantalla.

Los afroamericanos aparecen como colectivo y pocos personajes se individualizan. Pero para entender ese odio racial sin sentido la fórmula funciona.Tan sólo adquieren importancia indivual en la historia el granjero y su hijo que protagonizan una de las escenas más tremendas y dramáticas. Ambos luchan activamente contra unas actitudes injustas y el no tener miedo lo pagan muy caro. También, destacar el breve pero efectivo papel de un hombre negro que trabaja para el FBI y que viene para cumplir una misión muy especial.

Los que sí se individualizan son los del otro lado, los agente del FBI que tratan de averiguar que ha sido de tres activistas de los derechos civiles y humanos (tres jóvenes, dos blancos y un negro —hay una crítica a lo largo de toda la cinta de que si no hubieran desaparecido los dos blancos nadie hubiera movido un dedo ante tamaña injusticia—) y algunos ciudadanos de ese pueblo sureño comido y roído por el odio racial.

Si ya he hablado de la labor de los dos agentes, no se puede dejar aparte el trabajo de Frances McDormand, una chica del sur casada con el ayudante del sheriff y que de alguna manera simpatiza con uno de los agentes del FBI (Hackman, por supuesto) y él con ella…, una mujer inteligente y cansada que siente la irracionalidad de ese odio que no comparte ni mucho menos. McDormand junto a Hackman explican en diálogos de 10 las posibles causas de ese odio irracional y peligroso.

Pero los miembros de la policía local y algunos ciudadanos, todos miembros o simpatizantes del KKK se salen en sus papeles. El casting de secundarios es amplio y deja unas interpretaciones que hacen temblar. Brad Dourif (el dulce enfermo mental de Alguien voló sobre el nido del cuco) borda su papel de machista y paleto ayudante del sheriff. Michael Rooker (sí, el actor que quedó marcado por Henry, el retrato de un asesino) logra dar miedo como ese saco de músculos capacitado para dar golpes y ser bestia así como soltar continuas lindezas por su boca. Gailard Sartain (el dulce y aburrido marido de Kathy Bates en Tomates verdes fritos) es el sheriff, simpatizante del KKK que deja y motiva el odio racial. R. Lee Ermey (famoso por su papel de sargento en La chaqueta metálica) como alcalde simpatizante, ciego y corrupto. Y, por último, un Stephen Tobolowsky (sí, ese hombre con cara de cómico que hacía reír cada vez que aparecía como amigo plasta en Atrapado en el tiempo) como cabeza pensante, como ideólogo y lider de pacotilla.

Arde Mississippi es película de imágenes inolvidables e impactantes. Así como de diálogos para analizar una y otra vez. Desde la primera escena, buenísima, explica perfectamente cuál va a ser el tema principal de la película. Dos lavabos y dos carteles: White y Colored. Así de repente si me dijeran qué recuerdo, los agentes del FBI perfectamente trajeados, hombres con corbata y buenos zapatos, atravesando un pantano. Un hombre negro ahorcado de manera salvaje mientras a su espalda su casa arde en llamas. Cualquiera de los encuentros y conversaciones entre McDormand y Hackman. La escena en la que vemos la persecución y el miedo de los tres jóvenes activistas…, desde el principio conocemos su final… Las declaraciones de ciudadanos anónimos ante las cámaras de televisión que dejan ver un odio racial enraizado en lo más profundo…

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