Spencer Tracy

Y los años 30 se encontraron de frente con el cuerpo corpulento y pequeño de un hombre con aspecto de irlandés. Independiente y de fuego. Fuerte y tenaz. Capaz de inspirar la máxima ternura pero también de rostro exigente. Un rostro que le hizo repetir roles como el de cura serio, hombre de negocios, político recto, buen juez, padre temido y amado, delincuente que se redime…, un rostro capaz de echar miradas de hombre bueno, hombre enamorado y nunca vencido. Un rostro capaz de enfadarse o reír a carcajadas, un rostro atormentado, un abuelo amable…

Durante los años treinta y parte de los cuarenta tuvo una pareja cinematográfica de lujo: Clark Gable. A mitad de los cuarenta se encontró de frente a una pelirroja indómita y ya se unieron forever por los siglos de los siglos: Katharine Hepburn.  Se unió a ella en la pantalla, se unió a ella en la intimidad.

Hablo, por supuesto, de Spencer Tracy. Actor que va cayendo en olvido pero que cuenta con una filmografía interesante desde que pisó la pantalla en 1930 hasta que se fue al Olimpo de los actores en los años sesenta. Habita para la eternidad en la sala oscura. Y siempre es un placer ver su rostro y sus maneras, actor de carácter, era bueno en drama, comedia, en película bélica o del oeste, en película de catástrofes o judicial. Ni el alcohol ni su compleja personalidad hicieron que menguara su magia en pantalla.

Lo descubrió para el cine John Ford en una película de criminales en 1930, Río arriba. Y así siguió ascendiendo con los mejores directores (fue actor fetiche de Victor Fleming o Stanley Kramer. Trabajó junto a Henry King, Elia Kazan, Frank Capra, Frank Borzage, George Cukor… lo mejor del Hollywood clásico).20.00 años en Sing Sing (1932), Fueros humanos (1933), María Galente (1934)… sirvieron de entrenamiento para que todos fueran conociendo a Tracy, un actor de carácter. De pronto llegaron las tres películas que empezarían a cimentar su leyenda de celuloide: cine de catástrofes primitivo emulando el terremoto de San Francisco en la película del mismo nombre en 1936. Allí el público se enamoraría de una pareja de amigos que repetirían roles en por los menos dos películas más (Piloto de pruebas o Fruto dorado). Su amigo era Clark Gable. Tracy se transformaría en sacerdote.

Después una de las primeras grandes obras en EEUU del realizador Fritz Lang, grande entre los grandes, siempre lo escribo: Furia (1936), historia oscura sobre linchamientos y venganzas donde Tracy se transforma de ciudadano inocente, a ciudadano injustamente culpado y linchado por un pueblo impulsivo, y en un último y dramático giro, en ciudadano vengador. Por ahí está Sylvia Sidney para calmarle. Y de pronto la película que le daría su primer oscar, Capitanes intrépidos (1937), donde Tracy es un rudo marinero portugués que responde al nombre de Manuel que logra transformar a un insoportable niño rico.

A partir, de ahí todo iba yendo viento en popa. De nuevo se viste de sacerdote y consigue dos películas de éxito sobre un hombre bueno que trata de que jóvenes delincuentes (cuyo cabecilla es un rebelde Mickey Rooney) encuentren otro camino que no les haga caer y caer hasta que den con sus huesos en la cárcel: Forja de hombres,1938 y La ciudad de los muchachos (1941).

Después de pasear por un western, convertirse en Edison,  asustar a una bella y principiante Ingrid Bergman como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde o ser un encantador sin hogar en Tortilla Flag… 1942 se convierte en un año que transformará su vida. Conoce a una actriz pelirroja y actúan juntos en pantalla en una divertida comedia. Son una pareja con una química atractiva. Y ya jamás se separarían. La película es de George Stevens y se llama La mujer del año. Los dos son periodistas, él de deporte, ella de política… y empieza la batalla de sexos más encantadora.

Aquí empieza un idilio —siempre en la clandestinidad, aunque era un secreto a voces, porque Tracy era tan católico que nunca contempló divorciarse de la mujer con la que se casó en 1923— que además se repetiría una y otra vez en pantalla bien en comedia bien en drama (funcionó la fusión mejor en la comedia):  La llama sagrada (1942),  Sin amor (1945), Mar de hierba (1947), El estado de la unión, 1948, La impetuosa (1952), Su otra esposa (1957)… Y las dos películas en las que son más recordados, juntos, la maravillosa y divertida La costilla de Adán (1949) donde Kate y Spencer son un matrimonio de abogados que se enfrentan en un mismo caso y la nostálgica y en su momento novedosa por el tema tratado (matrimonio interracial): Adivina quién viene esta noche (1967) que además fue el hermoso testamento cinematográfico que dejó Tracy a su público antes de morir. Son impagables las sinceras miradas de Kate y Spencer.

Pero Spencer siguió sorprendiendo en solitario en papeles de calidad. En plena contienda (Segunda Guerra Mundial) protagonizó tres populares películas bélicas: Dos en el cielo (1943), que muchos años después Spielberg rodaría el remake Always, Treinta segundos sobre Tokio (1944) con guión de Dalton Trumbo antes de pertenecer a la lista negra y La séptima cruz (1944) del siempre interesante realizador Fred Zinneman.

Los cincuenta le convierten en un padre y abuelo absolutamente encantador, de pelo cano, en las comedias de Minnelli: El padre de la novia (1950) y El padre es abuelo (1951). En 1958 vuelve de nuevo a ser pescador para dar vida a personaje de Hemingway en El viejo y el mar y trabaja de nuevo con su descubridor Ford para realizar una película sobre un político, El último hurra.

Los sesenta sus últimos papeles los interpreta en las producciones del realizador Stanley Kramer, pero antes, en 1961 se mete en una entretenida película de catástrofe, un volcán en erupción, y vuelve a ser sacerdote valiente en El diablo a las cuatro. Deleita como el juez que quiere ser justo en Vencedores o vencidos o se vuelve corredor de coches tras botín en El mundo está loco, loco, loco… o mira con cariño a su esposa con cara de Kate en Adivina quien viene esta noche.

Este irlandés errante e independiente atrapó el corazón de los cinéfilos y lo lleva a mares infinitos. Su amigo Gable ríe, pícaro. Al final, Tracy se llevó a Kate, siempre.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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