Slumdog Millionaire

Mezcla de realismo crudo y fábula. Buen montaje y ritmo. ¡¡¡Bendito casting el de niños y adolescentes!!! Slumdog Millionaire es un cuento con luces. Y la sombra en los ojos de Salim. Realismo y fábula y la mirada de dos hermanos Jamal y Salim…, y una niña que les acompaña, Latika. Era la tercera. De esos mosqueteros que siempre les falta el tercer nombre. 

Jamal protagoniza la fábula. Después de ser niño de la calle, se convierte, ¡¡¡así es el destino!!!, en concursante ganador. Pero él no tiene intereses económicos. Él sólo quiere encontrar a su amada. Marcada, prostituida, mujer del mafioso… pero siempre con su esperanza en los ojos de Jamal. Salim protagoniza la realidad. La dura vida. El niño de ojos grandes que busca a dentelladas la supervivencia aunque para ello emplee la violencia. Salim no tiene una vida de cuento… pero cuando se da cuenta de que quizá su hermano pueda tenerla… le facilita las cosas.   

Danny Boyle da dosis de espectáculo, de energía, de historia mágica, si te metes quedas sumergida en unas vidas que se cuentan a través de las preguntas de un popular concurso televisivo y del interrogatorio que sufre Jamal por parte de un policía que trata de indagar si ha hecho trampas en el concurso… Mucho ritmo, al final un poco de Bollywood, música, amor, tristeza… y el rostro de un Salim que de niño espabilado se convierte, tras los golpes, en adolescente despiadado. No obstante, es uno de los tres mosqueteros y actúa así hasta el final. 

Imágenes que rozan lo poético se quedan grabadas, una chica que espera en la vía del tren, una niña que no puede alcanzar la mano del amigo, una madre que ve el peligro, un niño emocionado hasta arriba de mierda para que le firmen un autógrafo…

Impagable el presentador del concurso, cabrón y vanidoso como él solo. 

Sin duda, tiene magia. Yo me lo pasé bien.

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