La duda

Una buena obra de teatro. Buen guión. Un director correcto. Y unos actores brillantes. La duda tiene todos los ingredientes de película con estructura clásica. Y funciona. 

La dirección de la película y el guión corren de la mano del dramaturgo de la obra, John Patrick Shanley, el que mejor conoce la historia y los personajes. No ajeno al cine (ya se puso en la pantalla para unir a la pareja de moda a principios de los 90, Tom Hanks y Meg Ryan en la curiosa Joe contra el volcán —que os confieso que apenas la recuerdo—. Tan sólo eso que me resultó curiosa.), John Patrick crea una obra correcta y clásica que se sustenta en la fuerza de sus personajes y diálogos. En los enfrentamientos y en los temas morales que se plantean. 

La historia se sitúa en el año 1964, un año después del asesinato de Kennedy. Un año de dudas de hacia donde se dirige la sociedad. Un momento de cambios, de incertidumbres… Duda o certeza. Y volamos a un estricto colegio católico regentado por una estricta madre superiora que no ve con buenos ojos los aires nuevos y progresistas que trata de introducir en la educación el padre Flynn. También es el año en que han admitido por primera vez a un alumno negro.  

El mecanismo se pone en marcha, desde la primera homilía del padre Flynn (estas homilías no tienen desperdicio, y como obra clásica, no podía ser de otra manera, son tres…, estructuran la película. Las homilías desarrollan tres temas: la duda frente la certeza, el daño que puede causar un chisme y, por último, una despedida). Ahí se nos presenta a los personajes claves de la obra: el padre, la madre superiora, la joven monja que pivota entre la duda y la certeza y por último el desencadenante del drama: el alumno negro, monaguillo. 

Curiosamente quien pone el azúcar a la madre superiora es la joven monja. Por algo está entre medias de ambos. Y ella, la madre superiora, se aferra con certeza a una sospecha sin prueba alguna. Y recorrerá todos los caminos posibles para salirse con la suya: para acusar al Padre Flynn de que ha abusado sexualmente del monaguillo. 

Y la duda recorre toda la película, intensa por momentos, en cada uno de los enfrentamientos. Siendo uno de los más emocionantes el que sostiene la madre superiora con la madre del niño. Porque la película va más allá de la duda y cada espectador saca sus propias conclusiones. Y los personajes van ganando caras y matices. Virtudes y defectos de los tres protagonistas hacen más compleja la trama…, y por supuesto más interesante. Es de esas películas, que se merecen una tertulia después de verla. Para analizar cada parte humana de los personajes (son muchísimos los temas que se plantean. Hay uno secundario en la trama que me interesa. Y es el enfrentamiento de poderes entre el padre y la hermana superiora. ¿Por qué en la iglesia católica, como institución, la mujer sigue relegada a un segundo plano en cuanto puestos de poder?). 

Mención aparte los actores que se transforman en sus personajes: Philip Seymour Hoffman que sigue su carrera camaleónica deja otro complejo personaje y riquísimo en matices. Meryl Streep se mete de lleno en madre superiora estricta, casi da miedo, pero con gotas de humanidad que vamos descubriendo a lo largo de esta historia. La joven monja con cara de Amy Adams como esa persona que se sitúa entre los dos personajes que se enfrentan, y ya se sabe que ese papel siempre es complicado: porque entiende a ambos pero también critica a ambos. Y por último, minutos estelares para una Viola Davis, como la madre del niño, que da un giro a la historia para que veamos otro punto de vista, otra duda o quizá certeza.

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