Cadeneta de declaraciones de amor cinéfilas

El panadero sin brazo que le dice a la italiana que no tuvo nunca suerte en el amor, que la ama. Y le dice que el amor es imperfecto. Que nunca serán tan perfectos como los copos de nieve o como las estrellas. Ellos no lo son, no lo son. La gente rompe corazones, ama y se equivoca, la gente muere…, pero ahora, él quiere que ella suba las escaleras y haga el favor de meterse en su cama. Ay, y mientras tanto la luna es tan grande.

Un joven enamorado de la mujer de su mejor amigo. Y no sabe cómo decírselo, no sabe cómo alejarse. Y una noche de Navidad, cuando ella ha visto ya un vídeo de boda donde sólo sale su rostro… se decide a susurrárselo con carteles. Decirle que la ama para siempre. En silencio. Tan sólo con carteles, miradas y una sonrisa.

El hombre condenado a vivir el día de la marmota para siempre y por ello condenado a amar a la misma mujer. Y su afán cada día de conquistarla, una y otra vez. Y va aprendiendo del amor. Y es capaz de convertirse por fin en el hombre amado y en el hombre que ama.

“Creo que mejoro cuando se me conoce. Haré todo lo que esté en mi mano para hacerla feliz. Cualquier cosa”, dice un doctor enamorado sin un velo pintado en el rostro.

Hay un lejano pueblo donde en un lago hay un pez gigante que nadie puede cazar y un hombre de imaginación desbordante. Y ese hombre se enamora locamente, tan locamente que el tiempo se para. Y realiza todo tipo de proezas con tal de ser amado y correspondido. Y llena un campo de flores. Y hace lo inimaginable para obtener la dirección de la amada…, y no podía ser de otra manera, al final la alcanza.

Y la clásica, entre las clásica, ¿Qué quieres Mary?¿Quieres la luna? Dime sólo una palabra y entonces la cogeré con un lazo y la bajaré para ti.

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