Momentos inolvidables de Luna de Avellaneda (2004) de Juan José Campanella

Juan José Campanella ama la vida y ama al cine. Cree en las personas y en la comunidad. Cree que pasito a pasito se puede construir algo grande. Es idealista, romántico pero también realista. Prefiere quedarse con todo lo bueno que tiene el ser humano. Profundamente enamorado de los personajes y las historias que plantea. Campanella es el eterno optimista y a pesar de los golpes que da la vida siempre quedan los momentos tiernos al lado de los amigos o de las personas que amas.

Juan José Campanella, entre otras obras suyas, ha realizado una trilogía para verla una y otra vez con su actor fetiche, un siempre fantástico Ricardo Darín: El mismo amor, la misma lluvia; El hijo de la novia y la que hoy nos regala sus momentos inolvidables (que son muchos).Este director argentino sabe de emociones y las maneja como nadie. Sus historias enganchan y siempre sales de su visionado con mucha fuerza y una amplia sonrisa. Los ideales, tal vez, sigan ahí. Sus personajes caen en crisis pero…, siempre hay un escalón para no caer en la desesperanza. Y sobre todo, compañeros, la risa y el humor, dos ingredientes contra el pesimismo y los mundos grises. Ves una película de Campanella y piensas que tal vez nada esté perdido.

Las secuencias: son muchísimas. Muchísimas. Imágenes y diálogos. Con Luna de Avellaneda haré una cascada de imágenes inolvidables.

Cristina (la profesora de baile del centro social, deportivo y cultural) en una barca con Amadeo, a punto siempre de ser vencido pero con el suficiente sentido del humor y con los amigos necesarios para no caer por el precipicio… Cristina le cuenta, entre lágrimas, un cuento que le conmueve. Tanto como Amadeo. No podía ser otro que uno de los cuentos más hermosos pero más tristes de Andersen: La pequeña vendedora de cerillas.

La asamblea final entre todos los socios del club para determinar el futuro del centro. Dos posturas: la de Alejandro, pragmática, racional y dentro del sistema capitalista más brutal y la de Román, idealista —pero con realismo— y creyendo en la importancia de un centro social, deportivo y cultural que sea sitio de encuentro para los vecinos —niños, adolescentes, mayores y ancianos—.

Román regalándole la luna al socio y fundador más emblemático en una triste sala de hospital, un José Luis López Vázquez, tierno.

Los momentos de amistad entre Román y Amadeo. Trufados de risas, encuentros, discusiones, gamberradas y confesiones. Los momentos de amistad entre Román y Graciela, siempre cómplices. Los momentos entre Román y su esposa Verónica…, te quiero, no te quiero; tiemblo, no tiemblo; hemos fracasado, no hemos fracasado; te admiro, no te admiro…, ¿seguimos juntos?¿Merece la pena?

Y muchos más…

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