Una chica afortunada (Easy living, 1937) de Mitchell Leisen

Los dvd recuperan clásicos maravillosos. Ahora hay unas colecciones interesantes que traen de nuevo a primera plana comedias del periodo de oro americano (años treinta principio de los cuarenta) y sobre todo del estudio Paramount. De momento han salido títulos de Lubitsch, Preston Sturges y ahora le ha tocado el turno al gran esteta Mitchell Leisen.

Buenísima oportunidad para rescatarlas del olvido y para reírse a carcajadas. Oportunidad de oro para traer a la palestra aquellas grandes comediantes que eran Claudette Colbert, Carole Lombard, Barbara Stanwyck o la gran Jean Arthur. Sin olvidarnos de ellos, por supuesto, da gusto reírse con Henry Fonda, un Ray Milland que comienza, Don Ameche o el atractivo Joel McCrea. Sin dejar a un lado a todos esos actores secundarios de rostro inolvidable: Eugene Palette, Edward Arnold, Charles Coburn, Mary Nash…

Muchas de ellas son genuinas del screwball comedy, comedias que rozan el surrealismo en las situaciones que plantea y en los personajes que pululan por ellas y que son fruto, entre otros motivos, de la Depresión. Películas para perder la cabeza. De salones, de grandes lujos, de impresionantes vestidos, de ricos muy ricos y estrafalarios y de cómo siempre hay alguien de otra clase social, normalmente, de la clase trabajadora que pone su mundo patas arriba. Los ricos alucinan y el personaje en cuestión más todavía. En esa mezcla explosiva de clases sociales y siempre con una crítica social latente, se da rienda suelta a la locura y a la carcajada…, y a verdaderas joyas del género. A veces, se introduce también la lucha de géneros y el coctail es más explosivo todavía. Los contrastes generan carcajada.Joyas que ahora mismo se me pasan por la cabeza: Al servicio de las damas, Las tres noches de Eva, Un marido rico, Los viajes de Sullivan, Historias de Filadelfia, Medianoche, Sucedió una noche, La muchacha de la quinta avenida…, y la película que nos ocupa, Una chica afortunada.

No sólo tiene todos los elementos de las mejores screwball comedy sino que además introduce una técnica infalible para la carcajada, y ampliamente utilizada en el cine cómico mudo, el slapstick, las caídas y los golpazos inesperados y exagerados. Y aquí en Una chica afortunada funciona. Desde la primera a la última escena hay caídas reiterativas y no cansan… por lo inesperado. Por lo bien metidas que están.

Las situaciones que plantea muchas llegan a extremos surrealistas. Por supuesto hay familia de millonarios extravagantes: un banquero malhumorado pero de buen corazón (con el rostro de Edward Arnold, indispensable secundario de las películas de Capra), un hijo que vaguea todo lo que puede pero que herido en su honor propio decide abandonar el hogar y buscarse la vida con un trabajo (un Ray Milland que empieza a protagonizar papeles de cierta envergadura) y una mujer histérica y amante de los abrigos de piel (con cara de Mary Nash que también será la sufrida y millonaria madre de Tracy Lord en Historias de Filadelfia). En una discusión familiar el banquero termina tirando un abrigo de piel por la terraza y va a parar a la cabeza de una chica trabajadora con muchas deudas y bastante hambre. La chica trata de devolverlo y se cruza con el banquero. Un pequeño paseo que dan basta para lanzar rumores que llegan a la prensa. Ella es la amante. El malentendido empieza a pulular a lo largo de toda la cinta sin que ninguno de los dos afectados sea consciente…, empieza la locura y el espectáculo. La vida cambia para ambos. 

A ella le ofrecen vivir en un hotel de lujo, espectacular, cuyo director es un personaje que roza el surrealismo maravillosamente interpretado por Luis Alberni (actor secundario en un montón de comedias y películas de los años treinta y cuarenta. Actor bastante olvidado que nació en Barcelona pero que a principios del siglo XX se trasladó a EEUU, primero subió a los escenarios y luego saltó a las pantallas cinematográficas). Ella no entiende nada pero se ve arrastrada por las situaciones.Todos tienen su dosis de locura, Jean Arthur incluída, que cuando gana algo de dinero lo que más ilusión la hace es comprarse dos enormes perros lanudos. Además, encuentra el amor junto al hijo del banquero, ambos se encuentran en un restaurante autoservicio (muy parecido al que hablamos hace poco en Suave como visón, comedia de los años cincuenta con Doris Day) donde llevan el caos y la diversión. Los malentendidos llegarán a tal punto que provocarán la caída del banquero en la bolsa…

Ritmo frenético, cuidada ambientación, personajes maravillosos, diálogos brillantes (ahí se nota la mano maestra del en aquel momento guionista Preston Sturges) y cuidada y elegante dirección de un estata-director, Mitchel Liesen.

No se la pierdan. 

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