Siempre había leído de esta película y siempre había querido verla. Y aunque no es de difícil acceso nunca había podido conseguir la cinta en vhs, en dvd o verla en alguna filmoteca o pase televisivo (aunque cada vez en las cadenas que vemos todos es más difícil que se programe cine clásico).
Sólo había visto la versión de Bob Rafelson en 1981, película de éxito y que siempre será recordada por la erótica escena en la cocina entre Jessica Lange (que se convertía en el icono sensual de los ochenta) y Jack Nicholson. Que si os digo la verdad, hace bastante que la vi, no me impresionó en exceso y me gustó pero creo que al final llegó a aburrirme.
Tampoco he podido ver nunca la versión anterior a ésta que hoy hablamos, la mítica Ossesione de Visconti que la llevó a la pantalla en 1942 y muchos historiadores reconocen como el principio de la corriente neorrealista en el cine italiano. Pero sé que la veré.
El cartero siempre llama dos veces es la adaptación de una novela corta de J. M. Cain (que publicó en 1934) y una de las películas que se suele nombrar cuando se habla de cine negro y mujeres fatales.
Pero amados lectores, Hildy quiere señalar que Cora no es una mujer fatal al uso. Es una mujer víctima de los tiempos, la Gran Depresión, y con sueños de llegar a ser alguien o de por lo menos lograr ser feliz.
Nos encontramos con una película que refleja la Gran Depresión en los personajes de Frank Chambers, un vagamundo, hombre sin rumbo que de vez en cuando para en algún lugar para trabajar durante algún tiempo; Cora, una esposa infeliz e insatisfecha que ve pasar la vida en una cafetería de carretera sin futuro; y en el tacaño pero tierno Nick, un hombre mayor que regenta el negocio y que se casó con una mujer joven y hermosa. Un triángulo que el destino golpea siempre dos veces.
También, es una película de amor, de ambición, de odio y poderes corruptos. Ni un personaje secundario, con los que se relacionan la pareja protagonista, sale bien parado. Y eso que dos de ellos son directos representantes de la ley (el fiscal del distrito y el abogado defensor). Y, también, una película sobre la confianza que en cada momento salta por los aires. Una pareja que se destruye y se rompe poco a poco por la mentira, los intereses, la traición, los malentendidos…, y sin embargo, Frank y Cora sobre todas las cosas intentan seguir amándose y dándose una y otra vez una oportunidad. Pero el destino nunca les deja tranquilos…, y el cartero siempre llama dos veces.
El irregular Tay Garnett ofrece una película solida en la que cuenta con una pareja protagonista con química y además mítica: una impresionante Lana Turner como Cora y un atractivo y, actualmente olvidado, John Garfield. Además, muy bien acompañados por buenos actores secundarios (nunca se les hace la suficiente justicia) como Cecil Kellaway como Nick (ese hombre al que odias –lo vemos con los ojos de Cora y Frank al que en un momento dado sólo le vemos defectos– pero también da pena en su papel de pobre hombre tacaño, algo alcohólico, machista, ingenuo y no con muchas luces…, es una víctima a la que nadie importa). O los rostros cínicos y personajes desagradables que llevan a cabo con maestría Hume Cronyn (que hace poco le vi en el papel impresionante de policía malo en Brute force) o Leon Ames.
Tay Garnett cuenta no sólo con buenos actores sino con un buen guión de Harry Ruskin y Niven Busch, una buena fotografía en blanco y negro y una música envolvente. De esta manera nos queda en la retina un montón de momentos cinéfilos: ya había visto varias veces la aparición de Cora de blanco impoluto y sensualidad a flor de piel. Las escenas de la playa. Los dos momentos en que los protagonistas tratan de asesinar a Nick, el que ellos creen, equivocadamente, que les impide cumplir sus sueños. Todas las escenas en que los protagonistas luchan por combatir las dudas que tienen sobre el otro…, en fin, a qué esperan para sentarse y disfrutar de una historia de destino y amor fatal.
En más de una ocasión he escuchado, y sobre todo leído, que gusta más la versión de Bob Rafelson. Y me resulta penoso porque en aquélla se explicita lo que esta joya del cine sugiere. Por poner un ejemplo, el momento en que ejecutan el plan de matar al marido de Cora, a continuación a ella le entra un calentón. Para mí no es creíble en absoluto. Me chirría más que un instrumento musical desafinado.
Sin embargo, en la versión de Garnett todo fluye. Los protagonistas son totalmente creíbles, la historia sucede como tiene que suceder y la segunda parte, que siempre se ha dicho que se ralentiza el ritmo, a mí me parece inmejorable porque la trama se enreda aún más, aparecen los personajes de Hume Cronyn y un espléndido Leon Ames, confiriendo a unos personajes de una mayor turbiedad que los propios protagonistas. Pero, sobre todo, esta película me parece que tiene, además de una atmósfera enrarecida en el mejor sentido de la palabra, a la mejor Lana Turner que, para mí, junto con la milady de Winter de Los tres mosqueteros, de Sidney, compone a los personajes más fascinantes de su filmografía.
La novela, en su momento, me encantó (creo recordar que me la prestaron) y por estas casualidades de la vida, pensando el otro día en volver a leerla, me la encontré en una librería de viejo así que aproveché la ocasión. En su momento me pareció una novela fabulosa, negrísima, sin concesiones. Recuerdo que la manera de narrar de Cain y su reflexión sobre las pasiones y pulsiones del ser humano me parecieron de una lucidez absoluta. Creo que voy a volver a disfrutar de su lectura una barbaridad.
P.D. La película de Visconti, aunque hace mucho tiempo que la ví, la recuerdo como una película muy distinta y, personalmente, no la englobaría dentro del resto de las versiones. Más bien la veo como una rareza, en el mejor sentido de la palabra.
Un abrazo Hildy.
Madre mía, Isis, qué alegría leerte. Y sobre todo en un texto que escribí hace una friolera de años… Ya he visto varias veces más la versión de Garnett, la de Rafelson, he visto Ossesione de Visconti. Lo único que no he hecho todavía ha sido leer la novela de Cain.
Qué peliculón, como bien explicas en tu comentario, la de Garnett. Qué grandes están cada uno de sus actores: John Garfield, Lana Turner, Cecil Kellaway, Hume Cronyn o Leon Ames. Buen cine negro para no cansarse nunca. No obstante, también tengo cariño a la versión de Lange y Nicholson, aunque excesivamente alargada, ¿verdad? Por ser la primera que vi y esas cosas…
Mira no me importaría de nuevo pegarme una megasesión con las tres (incluso la rareza con rasgos neorrealistas de Obsessione). Y de nuevo escribir.
¡¡¡Siempre es un placer saber de ti!!!
Beso enorme, gigante
Hildy
Jo, qué guay! Súper sesión, jejeje.
Pues lo mismo digo querida Hildy, es un lujo leerte. La verdad es que reconozco que estos últimos años he estado bastante desconectada del cine debido al trabajo y temas familiares. Pero ya estoy empezando a ponerle remedio y volver al ruedo, jeje.
Pues yo te recomendaría leer la novela. Yo creo que te va a gustar, Cain escribía muy bien.
P.D. Por cierto, en la misma librería pillé otro libro, sabes cuál? Vértigo! De Pierre Boileau y Thomas Narcejac. Estas casualidades de la vida que ocurren cada cierto tiempo, porque al igual que la novela de Cain, en su momento también la leí y esta vez sí que no lo pensé y me dije: Para mí! Jajaja. Esta novela cuando la leí en su momento me pareció extraordinaria, y es muy curioso porque la descripción física de los protagonistas es bastante distinta de la de Novak y Stewart. De hecho recuerdo que el personaje de Novak es una mujer morena.
En fin, que a veces el universo nos habla.
Besines.