A veces me entra un ataque nostálgico y trato de localizar películas que en mi adolescencia y juventud se me quedaron en la mente, me marcaron por algún motivo, y que no he vuelto a verlas (ni en emisión de televisión) desde que fui a la sala de cine en aquellos años. Y las veo con ojos de hoy. Algunas me siguen funcionando como las dos de las que voy a hablar a continuación. Además ambas tratan también el tema de la juventud. Como propina una película sobre jóvenes muy actual pero que se me escapó en la sala de cine y que me ha tocado de alguna manera una de mis fibras sensibles…, Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower, 2012) de Stephen Chbosky.

Línea mortal (Flatliners, 1990) de Joel Schumacher

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Una de las preguntas eternas del ser humano es: ¿Qué pasa después de la muerte? Y el cine es una pregunta que también ha tratado de responder de diversas formas. El realizador Joel Schumacher en Línea mortal da su respuesta particular. Mezcla película generacional de grupo de jóvenes, cine de terror y gotas de thriller con una pizca de ciencia ficción… y nace una curiosa obra cinematográfica, Línea mortal.

El director tiene como hilo conductor de su filmografía un barroquismo visual (que a veces logra contenerlo bastante y otras se dispara hasta el paroxismo), títulos generacionales de los 80 y cierto sentido efectivo para el thriller. Así para una generación de espectadores que nació en los 70 y pasó adolescencia y juventud en los 80 y 90, puede conformar su memoria cinéfila con títulos como St. Elmo, punto de encuentro, Jóvenes ocultos o la película reseñada. Para servidora también es el responsable de una comedia romántica que recuerda con especial cariño, Un toque de infidelidad y de una película que removió diversas reflexiones, Un día de furia.

Línea mortal plantea un experimento de un grupo de estudiantes de medicina liderados por el personaje de Kiefer Sutherland. Este, ambicioso, ha ideado una manera de quedar clínicamente muerto durante un tiempo muy limitado y después volver de nuevo a la vida. Y así poder responder a una pregunta que no ha podido resolver ni la religión ni la filosofía, como él explica, y que quizá la ciencia sí pueda hacerlo. Qué hay después de la muerte. Por distintos motivos le acompañan en su descabellada aventura: el amigo rebelde y ateo (Kevin Bacon), la alumna bella pero atormentada y obsesionada con la muerte (Julia Roberts), el mujeriego (William Baldwin) y el que busca la gloria (Oliver Platt).

Lo que la película plantea es que el ser humano, después de la muerte, arrastra los pecados y los miedos no superados. Y que es mejor fallecer con todas las cuentas arregladas, los miedos superados, con las responsabilidades asumidas así como los arrepentimientos a tiempo o teniendo en cuenta las consecuencias sanadoras de pedir perdón. Como todo experimento científico, hay algo inesperado, que descoloca y desestabiliza a los participantes. Cada miembro del grupo, menos el personaje de Platt…, pasa por la línea mortal. Y al volver a la vida, regresa su pasado a ellos, sin poder evitarlo y de una manera excesivamente real. Con consecuencias imprevisibles… Más allá de la ciencia.

Así Schumacher se rodea de un grupo de intérpretes que estaban pegando fuerte en aquellos años para recrear un universo visual barroco para ese viaje más allá de la muerte y ese pasado que regresa al presente para golpear a cada uno de los protagonistas… y crea una película de ritmo trepidante y muy pero que muy entretenida con un planteamiento moral definido con raíces judeocristianas donde hace aparición estelar el sentimiento de culpa.

Hijos de un dios menor (Children of a Lesser God, 1986) de Randa Haines

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Hijos de un dios menor es de esas películas pequeñas que de pronto llegan a un número grande de espectadores y arrasa. De esas películas que deja un recuerdo imborrable. Una historia intimista, compleja y muy bien interpretada que pone en pantalla un difícil romance pero de manera sencilla. Con una sensibilidad extrema que sale de la pantalla. Uno de los puntos fuertes de la directora (más dedicada a la televisión) fue contar con unos intérpretes con una química especial: William Hurt (qué grande es) y Marlee Matlin (actriz sordomuda que dota de sensibilidad y complejidad a su personaje). Y precisamente son las escenas de estos dos actores los que mantienen la magia especial de esta película y su delicadeza.

Los esfuerzos de ambos por encontrar un espacio o un lugar entre el silencio y el ruido donde su historia de amor y convivencia sea posible. Donde los dos encuentren su lugar satisfactorio dentro de la relación, donde ninguno se anule, donde sean solo dos personas que se aman… Y el momento que mejor refleja este conflicto (maravillosamente interpretado), es la escena en que el personaje de Marlee Matlin, Sarah, le pide al de William Hurt, James, que intente compartir con ella una de sus pasiones: escuchar a Bach. En una escena anterior este le ha dicho que no puede disfrutar de un disco de Bach porque ella no puede compartir ese disfrute con él. Entonces Sarah, por la noche, pone el disco de Bach, y busca a James. Y en la intimidad del dormitorio y la noche, le pide que a través de los gestos, a través de su cuerpo, trate de transmitirle la música del compositor. Y James lo intenta… pero finalmente le dice que no puede, que le es imposible.

Quizá lo que peor haya envejecido (y también lo más flojo de la trama) es el reflejo de esa juventud con una discapacidad auditiva que encuentra una salida o una nueva ilusión por sentirse uno más, por integrarse en un mundo que oye, cuando encuentran en su camino a un profesor carismático como James. Flojo porque no profundiza ni aporta demasiado al conflicto principal, no porque el tema no sea interesante y apasionante (ahí se escondía otra película pero solo se encuentra un borrador…).

La película refleja esa sensibilidad especial de una relación compleja y esa difícil búsqueda de un espacio entre el silencio y el ruido… por eso no pierde hoy esa esencia que captaron los espectadores en la sala de cine en el momento de su estreno.

La propina. Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower, 2012) de Stephen Chbosky

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Cada generación tiene sus películas. Pero llama la atención cómo en ese reflejo de la juventud hay características y claves que unen distintas generaciones. Así si una generación recuerda con cariño las tribulaciones de un grupo de jóvenes que trataban de cumplir sus sueños y superar obstáculos en Fama de Alan Parker en 1980, ahora otros se sienten identificados con el universo juvenil de Las ventajas de ser un marginado (adaptación de una novela escrita por el propio director y guionista). Y ¿qué es lo que une a aquellos jóvenes de los 80 con estos del siglo xxi? La sensación de vitalidad, rebeldía y libertad que les provoca estar en una sala de cine interactuando con un espectáculo con la proyección de fondo de The Rocky Horror Picture Show (1975) de Jim Sharman.

Y es que Las ventajas de ser un marginado se sirve de un trío de intérpretes jóvenes (todos con proyección de futuro) para crear un sensible retrato de unos jóvenes de los 90 pero bajo la óptica del nuevo siglo. Al final el espectador identifica sensaciones, miedos y situaciones de juventud… y da igual si fue hace treinta años (en otro siglo) o es hoy en día. Esos momentos en que te comes el mundo (o te sientes infinito, como dicen los protagonistas), esa ilusión de sentirse especial, tú y tu grupo de amigos, y tener la osadía (como los de la película) de que incluso merece la pena que se escriba sobre ellos…, esa sensación de que todo tiene solución, de poder errar y levantarse…, esos instantes de soledad, de sentirse rechazado o marginado, de no saber expresar lo que se siente, de miedo a la locura, de notar la fragilidad de la salud mental…

Las ventajas de ser un marginado funciona además de por expresar esas sensaciones (que no es fácil transmitirlas) por esos tres rostros prometedores que he aludido en el párrafo anterior y que corresponden a Logan Lerman, Emma Watson (tan presente ahora en los medios por Regresión) y Ezra Miller (que inquietó a todos en Tenemos que hablar de Kevin y se muestra aquí en otro registro totalmente diferente… y sale igualmente bien parado). Los tres se convierten en esos jóvenes que se pierden y se vuelven a encontrar… y que parece que sus vidas son únicas y especiales… Y el logro es que el espectador durante la proyección… se lo cree.

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