Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Mi Indiana siempre será Indiana. Y él es el motivo que me hizo ir a verle en su nueva aventura. Steven Spielberg dirige con fuerza. Y en la primera parte sientes que estás ante el Indiana de siempre. Luego, la cosa se desinfla un poco para dejar un final que no me pega para mi héroe… ni para la heroína, mi Marion, claro está. 

La última aventura de Indiana tenía todos los ingredientes para ser algo más que una película entretenida (no lo voy a negar, me lo pasé pipa). Un Indiana (oh, Harrison, sólo tú puedes hacerlo) ya más que maduro pero igual de aventurero y hermoso; la recuperación de su gran amor y mejor pareja, Marion (Karen Allen); la noticia de un nuevo compañero de aventuras –joven y de su sangre– Mutt (prometedor Shea LaBeouf), el motero; una mala malísima, una enemiga de las que merecen la pena Irina Spalko (qué ojos azules los de la perversa Cate Blanchett)… y una historia a finales de los cincuenta en plena Guerra Fría. Con jaleos de soviéticos malos, FBI y CIA siempre por ahí… y el arqueólogo al que nunca le faltan emociones y tesoros que encontrar. 

Pero la nueva aventura de Indiana, sólo se queda ahí (que no es poco), en película de entretenimiento. Y si tiene escenas de aventura y de acción de los viejos tiempos, de las de siempre (esa persecución en moto…, qué divertida). Al final, oh, los efectos especiales se comen a Indi y a Irina y a todo lo que se ponga por delante. 

Sí, siempre se han contado historias sobre la obra de seres extraterrestres en maravillas de la tierra. La época de la Guerra Fría alimentó muchas de estas leyendas de OVNIS y seres de otros planetas. ¿Pero cómo juntar ufología, arqueología y aventura de la de toda la vida? Indi casi lo consigue pero patina. Aunque lo estemos pasando tan bien que en un principio no nos importe…, pero ese guión tanto tiempo esperado no es redondo. El macguffin ha fallado…  

Las patadas a la geografía y a la historia son memorables. Las prácticas de Indi como arqueólogo hoy hace que muchos de la profesión se lleven las manos a la cabeza. ¿Los mayas son indios salvajes que ahora sólo resucitan feroces? Los conquistadores desaparecidos, las ciudades del oro, los soviéticos malos malísimos de la Guerra Fría, la paranoia comunista… batiburrillo, batiburrillo. Hasta para meter la pata hace falta encanto.

 

Con este Indi te quedas con detalles como ese joven motero que hace buena pareja con, como el lo llama, el abuelo arqueólogo. Ese peine que nunca deja para ante cualquier situación tener bien colocado el tupé. La aparición primera de Indi, ese sombrero en el suelo que nos hace saber que nuestro héroe está cerca, el reencuentro con Marion y muchos ingredientes más.  

Y, por lo último, que patina Indiana Jones es porque nadie nos creemos ese final edulcorado y menos con Marion. No, no, ya me hubiera gustado verles perdidos, de nuevo, en una taberna lejana y compitiendo por los licores que se toman de un trago…, no, ése no es final para dos vividores y aventureros. No.

Indiana te seguiré amando.

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