Little Voice (Little Voice, 1998) de Mark Herman

Little Voice es una película extraña pero a ratos emocionante. Un cuento oscuro pero con unos brotes de luz. No es película redonda pero a veces roza el momento sublime gracias sobre todo a unos intérpretes que encarnan unos personajes maravillosos. Little Voice oscila entre la comedia y la tragedia más absoluta. Y en esa mezcla crea una ambientación y un ritmo llamativo. A veces decae pero de pronto un destello la vuelve a hacer brillar. Tiene dos momentos musicales excepcionales, que detallaré más adelante.

Little Voice podría ser el cuento de una princesa destronada encerrada en su habitación en un castillo que se cae a pedazos. Vive del recuerdo de un padre que la quiso, y que le dejó una fotografía y sus discos de vinilo. Little Voice habla en susurros y convive con una madre grosera y castradora que la humilla cada segundo. Little Voice ha creado su propio mundo y se encierra en una timidez patológica que la hace no querer relacionarse con el mundo. Sólo escucha sus discos… y a veces cuando su padre se le aparece y la sonríe, se transforma, se comunica con él, cantándole las canciones favoritas de grandes divas como Judy Garland, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe o Billie Holliday. En su pequeño mundo entran dos nuevos personajes: un príncipe tímido que ama las palomas y un pseudo padre, el nuevo novio de su madre, que es un representante de artistas y ve en Little Voice la posibilidad de que nazca una estrella. Y entre ellos vive nuevos obstáculos donde la princesa finalmente descubre que puede salir del castillo que se cae a pedazos porque hay posibilidad de que la quieran otras personas y romper el lazo con una madre que la destroza. Descubre que no sólo puede comunicarse con el padre ausente sino que hay otras personas, como el tímido príncipe, que desean conocerla.

Pero también es la historia de unos perdedores en un barrio deprimido y obrero de un lugar de Gran Bretaña. Donde cada uno se comunica como puede. Y la ‘malvada’ madre y el ‘aprovechado’ agente se convierten en dos personajes patéticos que ven en Little Voice la posibilidad de una nueva vida plagada de éxito, amor y recursos económicos. Los dos están tan desesperados que no se fijan en Little Voice como persona incomunicada sino como posibilidad de futuro. Y su sueño se cae en pedazos de la manera más cruel. Y a esa ‘malvada’ madre y el ‘aprovechado’ agente los sentimos, tan patéticos y fracasados, que nos provocan compasión y tristeza. Y entonces vemos una casa patética, unos locales patéticos, un ambiente triste y deprimido donde la gente sólo trata de ser feliz. Y es ese poder imitador de Little Voice, esa voz, la que hace que muchos personajes ‘sueñen’. Entre ellos la propia protagonista. También entramos en contacto con un tímido muchacho que sólo es feliz entre sus palomas y que encuentra su ‘alma gemela’ en Little Voice y que no se rinde en su empeño de lograr comunicarse con ella, en velar ‘por lo que realmente quiere’.

Y es esa mezcla de cuento y realidad lo que hace de Little Voice película extraña y de momentos sublimes. Y es la entrega de sus intérpretes la que hace que nos quedemos enganchados. Así la madre tosca y grosera que sólo quiere que la amen, que no quiere hacerse mayor, ni tener problemas económicos, que sueña, que desprecia la vida que la rodea (entre ellos a su difunto esposo) pero una energía poderosa y muchas ganas de vivir tiene el rostro de una increíble Brenda Blethyn (con reminiscencias a Secretos y mentiras) que se convierte en una especie de matrona a lo Shelley Winters. Y logra que un personaje odioso nos mueva a la ternura y la compasión. O un fracasado agente de artistas infumables que se codea con locales igual de decadentes que él con la cara de un impresionante Michael Caine, genial como hortera que vislumbra la posibilidad última de éxito… y que vuelve  caer en la desesperación. Y al igual que la madre nos inspira tremenda compasión. O la propia Little Voice, que susurra, que mira tímidamente, que se mueve de manera apocada, que trata de gritar sus miedos y no puede… pero que se convierte en mujer mágica llena de matices cuando canta con el rostro de la artista Jane Horrocks. Alrededor de ellos pululan el tímido muchacho, con el rostro expresivo de Ewan McGregor que logrará mediante la sencillez que Little Voice salga de su caparazón y vuele. Una amiga de la madre enorme, secundaria y siempre callada (pero con toda una historia), el compañero de trabajo de Ewan… y el dueño de un local decadente que se convierte en un maestro de ceremonias decadente pero imbuido del espectáculo debe continuar pase lo que pase (un genial Jim Broadbent).

La película está inspirada en una obra teatral de Jim Cartwright que fue todo un éxito, The rise and fall of Little Voice y dirigida por el irregular Mark Herman (que tocó mi fibra sensible con Tocando el viento y me dejó bastante fría con El niño con el pijama a rayas). Herman logra, como digo, un ambiente extraño entre realismo y magia. Entre realismo y fantasía. Y nos deja en el sitio con la exitosa actuación de Little Voice (que canta a su padre) en un local maquillado (que oculta la decadencia) donde pasa de Monroe a Dietrich hasta alcanzar a la Garland bajo el entusiasmo de la platea. Nada que ver también con su electrizante y patética primera actuación a oscuras, temerosa, en ese mismo local sin tapar su decadencia y sin luces para no asustar a Little Voice donde surgen tristes imitaciones de la Holliday o una Monroe cantando su triste Happy Birthday. O nos quedamos anodados con la interpretación derrotada y tremenda de un Michael Caine que ve cómo ha perdido el tren de su última oportunidad ante un público perplejo… y canta su desilusión y frustración a gritos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

2 comentarios en “Little Voice (Little Voice, 1998) de Mark Herman

  1. Uf, vale, tiene sus momentos (o momentillos), pero es que estas historias de superación personal están tan sobadas… Lo mejor, los intérpretes.
    Eso sí, yo al director éste no le salvo ninguna.
    Besos

  2. … Menos mal que tiene esos momentos extraños.
    Curiosamente para mí el mejor personaje no es el que se supera personalmente, no es Little Voice, sino los personajes que vuelven a perder sus sueños y su oportunidad de volver a coger el tren (es decir, la madre y su novio).
    Ja, ja, ja…, ¡si es que no tengo remedio! pero Tocando el viento me enterneció un montón.
    Besos
    Hildy

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