Testigo de cargo es de esas películas-divertimento. Lo tiene todo para pasarlo bien. Creo que Wilder tuvo que disfrutar mucho haciéndola. En ella reconocemos todo su universo pero además gozamos durante el metraje porque nos divierte y entretiene en muchos sentidos. Tiene humor, intriga, drama, juicio, romanticismo, calidad… y grandes personajes interpretados por actores míticos. ¿Qué más quieren?

Charles Laughton encandila con la recreación magnífica del abogado criminalista londinense sir Wilfrid Roberts… personaje para la eternidad. Un abogado con una salud precaria pero que se niega a rendirse ni ante la enfermedad, ni ante los placeres de la vida (un buen cigarro, una copilla de vez en cuando…) ni quiere dejar nunca de ejercer con pasión su profesión. No quiere rendirse… y sin duda le gustaría morir trabajando o defendiendo. Es un perro viejo a mucha honra. Y un hombre divertido, muy divertido. Ahora sigue igual pero enfermo y además detrás tiene una especie de ángel de la guardia molesta a la vez que encantadora enfermera (sólo podía ser Elsa Lanchester) que siempre estará a su lado construyendo ambos una relación más allá del lazo profesional, de admiración-odio-fidelidad mutuos.

A sir Wilfrid Roberts se le presenta un nuevo caso criminal al que se aferra con pasión… y con el que juguetea. Como jugueteamos todos los espectadores. Un hombre atractivo y encantador, una especie de buscavidas, es acusado del asesinato de una viuda rica. No tiene coartada de ningún tipo, se sabe que estuvo con ella el día de la muerte y además para sorpresa de todos es el heredero de una cantidad vertiginosa de dinero. El hombre encantador tiene el rostro de Tyrone Power (en el que sería su último papel) que confía a Roberts que quien le salvará el pellejo, porque sabe toda la verdad y la hora exacta a la que llegó a casa, es su amantísima esposa (Marlene Dietrich, toda una leyenda) a la que conoció en Alemania durante la guerra.

Billy Wilder se mete de lleno, además de en su propio universo, en el de la escritora Agatha Christie (¿quién no ha leido de adolescente alguna de sus novelas?)…y adapta con agrado una exitosa obra teatral de la autora (que a su vez había convertido en teatro un relato corto propio). Así juega con el espectador y llena la película de sorpresas, giros y laberintos hasta llegar a final digno de trama de suspense. Y hace que todos lo pasemos fenomenal en el camino. Porque todos los personajes juegan con nosotros en un mundo de apariencias que nos atrapan…

Así no sólo nos encanta asistir a los interrogatorios de la sala de juicios y a la investigación de nuestro abogado favorito que siempre tiene la mosca detrás de la oreja sino que queremos un nuevo giro cada vez que nos haga regodearnos y acomodarnos en el sillón mientras continúa la trama.Testigo de cargo es además una buena película de juicios y no podía faltar tampoco un romanticismo fatal y cautivador.

Desde el principio hasta el final es un… empieza el espectáculo. Una y otra vez. Un deleite. Sólo tenemos que meternos en el juego propuesto y disfrutarlo. Pero a la vez también podemos reconocer como antes he dicho todo el universo de Wilder. Toda su trayectoria como artista y sus temas futuros. Así está su deleite por la intriga (como en Perdición y después en la exquisita La vida secreta de Sherlock Holmes), nos encontramos con esa Europa herida posterior a la guerra y lo que afecta a sus personajes en ese flash back a lo Berlín-Occidente donde conocemos el principio de la relación entre el personaje de Power y el de Dietrich. También nos muestra amores fatales (de nuevo Perdición), la vida como puro teatro y el tema de las apariencias (Irma la Dulce o Bésame, tonto), los profesionales que aman su trabajo sobre todas las cosas (otra vez Perdición y el personaje de Robinson…o Un, dos, tres, o Primera plana), las relaciones amistosas entre un hombre joven encantador con ganas de futuro y una mujer madura (El crepúsculo de los dioses…) y todo lo que puede tejerse alrededor. Así podríamos nombrar más temas que nos muestran Testigo de cargo como parte del universo especial de Wilder.

Se me ocurre que si tienen una tarde de fin de semana libre y les apetece deleitarse y sorprenderse, jugar con el cine, disfruten de nuevo o por primera vez de Testigo de cargo… y llevense a Charles Laughton a tomar una copilla con un cigarrillo o a que juegue un rato en su pequeño ascensor para la escalera…

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