Los niños

… con ganas de salir de la escuela, de conocer otros mundos.

Los niños es un título irónico para presentarnos a un grupo de personas con Síndrome de Down con más de 40 años… Y Maite Alberdi de nuevo refleja una historia triste, pero bajo una mirada sensible empapada de humor. La realizadora chilena posee un universo visual especial, una firma, como ya ha mostrado en documentales anteriores. Para reflejar la vejez, la memoria, la amistad, las ausencias y muchos otros temas subterráneos, seguía a un grupo de amigas (una de ellas la abuela de Alberdi) que no abandonaba el ritual de reunirse mes a mes, año tras año, a tomar el té. Esto ocurría en su documental La once. También realizó el retrato de una mujer que iba perdiendo cada vez más los recuerdos de su vida en una residencia de ancianos chilena; a Josebe en Ya no soy de aquí solo le quedaba la certeza de que era de Rentería y de que hablaba el euskera de su alma, pero era un espacio mítico en su mente, el de su infancia y juventud… ahora vivía continuamente el día de la marmota. Lo demás estaba borrado. Y en Los niños presenta un grupo de personas con Síndrome de Down que llevan más de cuarenta años en un colegio y como cualquier grupo establecen relaciones de amistad y enemistad, de amor y desamor. Como todas las personas y todos los grupos de amigos tienen aspiraciones, sueños… quieren vivir solos, casarse, formar una familia, encontrar un trabajo… y luchan por conseguir sus aspiraciones, pero no pueden. La sociedad les sigue viendo como niños (y la legislación también) y aunque en el centro les preparan para ser adultos conscientes e independientes, su contacto con la realidad está llena de obstáculos y frustraciones. Los tres documentales (que han visitado distintas ediciones de Documentamadrid) tienen un color y una luz especial.

Maite Alberdi toma una importante decisión de puesta en escena para contar su historia: su cámara solo sigue a cada uno de los protagonistas, no aparecen los educadores o los familiares. De estos solo se escuchan las voces o están desenfocados o de espaldas o fuera de campo, y, sin embargo, sí que sus decisiones influyen en sus vidas y en su falta de libertad e independencia. Nunca pueden sentirse realizados, les cortan las alas. Esta decisión hace que ellos, y sus sueños y sus actos, sean los protagonistas de su propia vida… y del documental. Después la directora también articula el seguimiento del grupo a través de la historia de amor entre Anita y Andrés, una historia tierna y trágica. Sus amigos o compañeros forman parte de las tramas secundarias.

Una de las señas de identidad de Maite Alberdi es que te está contando situaciones duras y, en este caso, está denunciando un tema concreto, pero emplea una mirada tragicómica de la vida. A la vez que te estás riendo por las situaciones planteadas, te invade una tristeza profunda. Sobre todo porque logra que te acerques a Rita que tiene ya 50 años y desea que la regalen una Barbie, quiere besar y tocar a un novio, no dejar de comer a pesar de que tiene que seguir un régimen y encerrarse en su mundo particular. O a Anita, que ya está aburrida de ir todos los días, todos los años, al colegio. Que ama a Andrés, que quiere independizarse de su familia, y hacer otras cosas. Es toda una rebelde frustrada. O a Ricardo, un hombre responsable que quiere trabajar día a día, y hacerlo todo bien, que quiere ahorrar para formar una familia y comprarse una casa y pagarse todas las facturas. O a Andrés, enamorado de Anita, que lucha por sus sueños y por amar sin freno, que es optimista y alegre, pero también un vividor y un bohemio…

La realizadora chilena decidió afrontar y llevar a cabo este documental porque siempre había vivido con su tía con Síndrome de Down. La mayor preocupación de su abuela (una de las protagonista de La once) era qué iba a ser de su hija cuando ella falleciera. En otros tiempos la expectativa de vida de una persona con Síndrome de Down era de unos 25 años, ahora es de 60 o más, con lo cual sobreviven a sus padres y a otros posibles cuidadores.

Y sobre todo con Los niños, Maite Alberdi logra que el espectador se identifique con los protagonistas, porque todos son distintos y cada uno tiene una forma de ver la vida y de actuar en ella… como todo el mundo.

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