Sorprende cuando todavía las famosas listas grises y negras de la ‘caza de brujas’ seguían en activo, que John Cromwell ofreciera una película de denuncia y de claras ideas progresistas, Sin remisión. Y el tema elegido es el sistema penitenciario femenino con temas extensivos al masculino. Es decir, Cromwell nos dice claramente que tal y como está montado el sistema penitenciario las personas que entran en él tienen muchas posibilidades de salir peor.

En las cárceles no se mejora al ser humano que entra sino que se le enjaula, la privación de la libertad va unida a la privación de la identidad como ser humano. Se bestializa al ser que ya ha delinquido. Un sistema penitenciario que no cree en que las personas pueden, quizá, mejorar, cambiar…, que no creen en la posibilidad del ser humano, de que alguien pueda tener una segunda oportunidad en la vida tras el error.

Así Cromwell con el realismo que le caracteriza se inmiscuye en una prisión femenina y se centra en Marie Allen (fantástica Eleanor Parker), joven de 19 años que ingresa en la cárcel por ser cómplice en un robo a mano armada que realiza su marido que muere durante su detención. Y se centra en la transformación de esta mujer que se va quedando sin esperanzas, que va perdiendo cualidades humanas por el trato recibido… y que sale totalmente rota por dentro y con todo el resentimiento del mundo contra la sociedad que la ha encerrado.

Toda la película la resume una frase final que dice Marie Allen con todo el cinismo del mundo cuando consigue la libertad condicional: “Por cuarenta dólares, he recibido una buena formación”. Los cuarenta dólares son la cantidad robada que la llevó a la cárcel.

La película muestra una reflexión sobre las dificultades que se encuentra la directora de la cárcel que realmente sí quiere modificar el sistema y los métodos empleados con las reclusas, que sí cree en la cárcel como lugar donde alguien puede recibir la oportunidad de cambiar y salir mejor de lo que era al mundo exterior pero que encuentra diversos impedimentos para llevar a cabo su trabajo. La directora es Agnes Moorehead en uno de sus personajes secundarios. Esta mujer es testigo de la transformación de la dulce y asustada Marie Allen en la mujer dura, resentida y desconfiada del mundo. Y se da cuenta de su fracaso y de que no ha podido hacer nada. Ella se enfrenta a una clase política y burocrática mediocre que poco le importan las reclusas y los sistemas de mejoras o los servicios sociales que se pueden llevar a cabo en un centro penitenciario.

Por otra parte, la directora también tiene en contra a las celadoras, que están inmersas en el antiguo sistema de castigo y malos tratos continuo e incluso a la corrupción de algunas de ellas. Ahí realiza retrato tremendo como celadora malísima y corrupta la gran secundaria y enorme en todas las dimensiones posibles Hope Emerson. Su papel como celadora es espeluznante.

La película es muy interesante por su aire realista de la cotidianeidad en un centro penitenciario de mujeres con reclusas de muy distintos perfiles en los años cincuenta. Desde la abuela cínica, sabia (y maravillosa) que lleva toda su vida encerrada en prisión hasta la jovencita de mala vida pero con buen corazón. Narra las relaciones entre ellas, las relaciones con las celadoras y cuenta con todos los ingredientes del cine carcelario desde un motín, hasta castigos despiadados, suicidios, intentos de fuga… pero también momentos de reunión y encuentro o de solidaridad entre las presas.

Y Eleanor Parker realiza una transformación absolutamente creíble. Sin remisión es una película interesante, muy bien rodada, que no hay que dejar escapar.

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