Emily Dickinson y una carta en La decisión de Sophie de Alan J. Pakula

Ayer me llevé inmensa alegría cuando al precio de un periódico de tirada nacional pude por fin conseguir el dvd y en versión original subtitulada (también doblada, claro) de La decisión de Sophie que como os recordé hace poco, cuando comenté la película en la sección El viejo baúl de películas, no era tarea fácil encontrarlo.

¡Cómo me gusta, vuelvo a deciros, película y novela! Y yo sólo veo como posibles protagonistas a la inmensa Meryl Streep, un debú brillante de Kevin Kline, atractivo y hermoso tremendamente complejo, y al delicioso joven sureño con sonrisa inocente de un Peter MacNicol. Ellos son Sophie, Nathan y Stingo. Sus interpretaciones dan sentido y nos transmiten la electricidad de cordialidad, amistad y amor entre los tres personajes que también corre por las páginas de la novela de William Styron. Sophie desarma con la tristeza de sus ojos y sonrisa, y esa voz triste, esa culpa por ser una superviviente, por ser polaca, por haber sido católica, por su padre, por haber tomado una decisión que la mató definitivamente aunque trate todavía aferrarse a la vida a través del deseo…; Nathan destroza como ese chico judío e intelectual que le puede y le rompe su maltrecha salud mental obsesionado por las matanzas y el horror o Stingo ese joven inocente, aprendiz de escritor, que viaja solo a Brooklyn para encontrarse a sus dos mejores amigos pero también para empezar a vivir con intensidad, a amar y sufrir, a sentir la pérdida, a tomar responsabilidades… y que se convertirá finalmente en un escritor de éxito que sabe alcanzar cotas altas de emoción, nostalgia y sensibilidad.

Os regalo dos momentos de la película. Si todavía no la habéis visto, esperad, vedla y luego leed estos regalos. Uno es la lectura de un poema de Emily Dickinson  que conecta totalmente con la situación emocional de Sophie y Nathan. Este poema sale dos veces en la película. Primero, cuando se están conociendo una Sophie enferma y un Nathan encantador que la ayuda y la cuida con cariño y sensibilidad. Están los dos juntos en la cama. Él toma un libro de Dickinson, y lee:

Haz amplia esta cama,
haz esta cama con prudencia;
espera en ella el postrer juicio,
sereno y excelente.

Que sea recto su colchón
y redonda sea su almohada,
que ningún rayo dorado de sol
llegue jamás, a perturbarla.

Otra vez será leído al final de la película por Stingo en una situación muy distinta, y con lágrimas, Nathan y Sophie están de nuevo juntos en la cama… en silencio.

En alguna otra ocasión os he dicho que me encantan las cartas y las escenas de cartas en las películas y sus contenidos. Traten de recordar, verán cómo hay escenas emocionantes. La decisión de Sophie tiene su particular carta. También hacia el final, cuando Stingo ha logrado estar con la mujer de sus sueños, con la triste Sophie, de la que está profundamente enamorado. A la mañana siguiente, ella ya no está. Pero sí deja una carta. En la película se suaviza el texto pero es bastante literal al original. Yo os dejo la carta de la novela. Como ya has acompañado a los personajes, te conmueve, te duele, la entiendes…

«Querídisimo Stingo:

Tan hermoso amante lamento abandonar y perdóname por no decirte adiós, pero he de volver con Nathan. Créeme encontrarás alguna maravillosa Demoiselle que te hará feliz en la Granja. Te aprecio tanto… No creas que con esto soy cruel. Pero cuando desperté me sentí tan mal y tan desesperada por Nathan… Quiero decir tan llena de Culpa y pensamientos de Muerte que era como Hielo en mi sangre. Así que tengo que estar con Nathan de nuevo signifique esto lo que sea. Puede que no vuelva a verte pero créeme lo mucho que conocerte ha significado para mí. Eres un gran Amante, Stingo. Estoy tan angustiada… Pero tengo que irme ahora mismo. Perdona mi pobre inglés. Amo a Nathan pero odio la Vida y a Dios. Me importan un pepino Dios y su Universo. Y también la vida. E incluso el Amor que pueda quedar en el Mundo.

Sophie» 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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