Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You’re Dead, 2007) de Sydney Lumet

Un veterano del cine con ochenta y muchos años se pone detrás de las cámaras y deja un película de cine negro con ribetes de tragedia griega, melodrama familiar y un buen montaje a lo Tarantino, Anderson o a lo Fincher. 

Lo que demuestra Sydney Lumet es que sabe cómo enganchar a una historia y que maneja el lenguaje cinematográfico como quiere, para eso es un clásico. Lumet tiene buenas películas en su larga carrera y ésta, con título maravilloso, Antes que el diablo sepa que has muerto muestra a un director que sabe lo que hace y que conoce el arte cinematográfico y sus avances. Si además cuenta con unos buenos actores, te aseguro que te quedas en la butaca sin querer levantarte. 

A Lumet se le dan bien las películas corales, el cine negro o el thriller, el policiaco, los dramas familiares…, basta con echar una mirada atrás. Pasamos por su magnífica 12 hombres sin piedad —ya se le ve maestro en dirigir un reparto coral—, recorremos buenas adaptaciones de obras teatrales sobre dramas descarnados y familias problemáticas: Piel de serpiente o Larga jornada hacia la noche. Se lanza al mejor policiaco de la mano de un Al Pacino en su salsa con Serpico y Tarde de perros (donde también se da un atraco cutre) o sigue los senderos del poder, de la corrupción y del papel de los medios en Network. Continua con la corrupción en El príncipe de la ciudad, se mete de nuevo en drama judicial y regala papel bombón a Paul Newman en Veredicto final. Le obsesionan los robos pensados y llevados a cabo por miembros de una misma familia, ahí está comedia fallida Negocios de familia o la familia en sí en situaciones extremas en otro film con buen título Un lugar en ninguna parte…, y así hasta llegar a un thriller duro con familia problemática, coral, dura, que habla de la corrupción del ser humano, con atraco cutre incluido y con un destino negro. La tragedia está servida en Antes que el diablo sepa que has muerto. 

Destaco la forma de contar esta historia —sí, sí ya sé que ese tipo de montaje ahora no tiene nada de original pero no obstante hay que saber hacerlo bien y aquí está muy bien hecho—, un guión que engancha de Kelly Masterson y una serie de actores que funcionan perfectamente en esta historia nihilista. 

Los hermanos protagonistas son Andy (Phillip Seymour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke).  Ambos acuciados por problemas económicos. El ejecutivo heroínomano y corrupto y el joven que iba a llegar a ser algo y toda su vida ha ido de hijo pródigo al que todo se le permite y que ahora choca con su imagen de fracasado que apenas le llega para final de mes y poder mantener a su hija —a la que quiere hacer vivir en un mundo de comodidades al que no llega— y a una ex mujer que siempre le exige y que le conoce demasiado. Ambos con relación complicada, de amores, envidias y respaldos. Con una relación a hombros, como cepo o peso. Ambos inmersos en un atraco fallido, y que cambiará sus destinos, a la joyería de sus padres. Seymour Hoffman, pone los pelos de punta con una recreación brillante del ejecutivo que se le descabala por momentos su vida artificial. Su bonito puesto, su bonita adicción, su bonita mujer (una Marisa Tomei intensa como mujer objeto sexual que se sabe objeto a la que sólo se le exige permanecer hermosa e ignorante…, el personaje tiene una bonita, triste y tranquila ¿rebelión?), su bonita familia… Hank, correcto Ethan Hawke (que cariño le tengo, a pesar de los tropezones, desde que apareció para mí por primera vez en El club de los poetas muertos), es el hermano inseguro, al que ya se le ha caído todo, perp que el azar le depara alguna que otra sorpresa, siempre ha sido el oveja negra con suerte. 

Y esta familia bonita no es tal. Se esconden poderosos y fuertes secretos que estallan en el personaje de un padre duro. Ahí esta Albert Finney para calibrar como nadie las dosis de sufrimiento, impotencia, amor y odio. Para erguirse como rey Lear shakesperiano, como Dios vengativo de tragedia griega incapaz de cambiar el destino.  

Antes que el diablo sepa que has muerto es obra de Sydney Lumet que sigue demostrando sus dotes en ese arte que se llama cine. Lumet atrapa… ¿no es eso una lección de la que se olvidan muchas películas? Atrapar con la historia, los personajes, la trama…

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