Premios Goya 2009

Dentro de un año de superproducciones históricas o producciones históricas, a secas, de coproducciones con más o menos suerte y de apuestas cinematográficas, sin mucha concordancia entre crítica y público, público y crítica, los Premios Goya 2009 no han deparado muchas sorpresas. Tampoco ha faltado la presencia de película de bajo presupuesto y distribución precaria que ha llamado la atención de los académicos.

Otro aspecto que me gustaría destacar es que se nota que muchos profesionales están realmente apasionados por el trabajo que realizan. Y eso es un punto maravilloso porque no olvidemos que el cine tiene una parte de industria y negocio pero que nunca debe olvidar la obra artística, una obra que produce sensaciones, sentimientos, reflexiones… El cine es un mundo maravilloso y mágico y cada película es posible gracias a un trabajo en equipo de gente apasionada y especializada en lo que hace. Que cree en lo que hace, que quiere contar una historia y transmitirla. Gente tocada por la varita de la creación artística (desde el guionista que crea o adapta una historia, hasta el director de fotografía que plasma en imágenes esa misma historia, hasta el director artístico que recrea una ficción, al director entusiasta que toma la batuta para narrar cinematográficamente lo que su mente vislumbra o los actores que se ven inmersos en personajes que sienten y actúan…). Y muchos de los que subieron a recoger el Premio, gritaron su pasión.

No faltaron referencias a la crisis, a las descargas ilegales a través de Internet y a las barreras arquitectónicas. Por su parte, la presidenta de la Academia, Ángeles González Sinde animó a seguir luchando por hacer cine. Recordó que siempre se ha dicho que el cine español ha estado en crisis y que en los peores momentos profesionales cómo Berlanga, Azcona, Bardem, Trueba…, han saltado obstáculos y han luchado por sacar adelante sus obras cinematográficas, esas comedias que hablan sobre cosas serias de la vida (Plácido, La vaquilla o Belle epoque).

Estaba clarísimo que las estrellas de Hollywood, el glamour de la sala, los dos serios, educados y formales (algo más espontáneo un Benicio del Toro, alucinado y divertido ante las tropecientas veces que fue mencionada su persona a lo largo de la Gala, frente a una Penélope Cruz elegante, seria, sobria y educada) recibirían premio por su participación en coproducciones de interés. Por una parte, Penélope por su divertido y espontáneo personaje en la última de Woody Allen (Vicky Cristina Barcelona), que como dije en su momento no es la mejor del cineasta pero sí con señas identificables y con momentos para sonreír y reflexionar. Y por otra, Benicio del Toro por su recreación de Che, El Argentino que todavía no he podido ver. Sin embargo, por lo que he podido leer y por las escenas que he podido vislumbrar su acercamiento a Guevara seguro que merece la pena.

También estaba claro el premio a mejor actriz revelación. Su nombre ya estaba en boca de todos antes del estreno de Camino. Su presencia, sus enormes ojos, su recreación del personaje…, sin sorpresa. Nerea Camacho recogió su premio entre lágrimas. He de decir y confesar que a pesar de que Camino de Javier Fesser fue la gran ganadora de la noche no he visto la película porque me ha envuelto cierta pereza. Lo que no se puede negar a Fesser es ese apasionamiento del que hablaba al principio. Sé que terminaré viéndola y os contaré. De momento, deciros que a mí Fesser me produjo gran ternura con su corto Binta y la gran idea. También, se había hablado mucho de la interpretación de Carmen Elías y su personaje complejo de madre de la protagonista. Era de esperar su Goya.

Carmen Elías pertenece a ese grupo de buenísimas actrices españolas, actrices de reparto que siempre regalan buenas interpretaciones. No se habla mucho de ellas pero son grandes profesionales y de vez en cuando en un protagonista o un secundario muestran que son grandes. En la Gala de este año había varias de esas actrices nominadas. Me refiero a mujeres como Rosana Pastor, Elvira Mínguez o la veterana Tina Sáinz (y sólo estoy nombrando a algunas).

Quizá la sorpresa de la noche fue una ópera prima que tenía tres nominaciones, y las tres las ganó. Me refiero a El truco del manco: mejor dirección novel a Santiago A. Zannou, mejor actor revelación a Juan Manuel Mantilla Langui y mejor canción original, A tientas. Una película que estaba teniendo poca vida en las salas de exhibición pero que sin duda los premios hará que aguante más en cartelera. La película presenta la otra Barcelona, la de los olvidados, los protagonistas son un joven que se busca la vida y que tiene una discapacidad física y su amigo, un mulato metido en el mundo de las drogas. Ambos lucharán por sacar adelante un estudio de música de hip hop.

La gran triunfadora de la noche, Camino, película inspirada en la vida de la niña Alexia González Barros que además muestra el papel del Opus Dei en su historia, ganó también los Goya a mejor película, dirección, guión adaptado y mejor actor de reparto a Jordi Dauder. Camino dejó fuera de competición a las otras favoritas por número de nominaciones: Los girasoles ciegos de José Luis Cuerda (sigo defendiendo esta película que a mí personalmente me encantó) y la película de acción —siguiendo la estela de su aclamada Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto— de Agustín Díaz Yañez, Sólo quiero caminar.

Mencionar que el único Goya que se llevó Los girasoles ciegos fue un merecido premio a mejor guión adaptado donde se encontraba la pluma siempre certera de uno de los grandes guionistas del cine español (y muy recordado y nombrado en la Gala debido a su reciente muerte), Rafael Azcona y del director, productor y guionista siempre interesante, José Luis Cuerda.

Otro momento a destacar fue el premio de honor al cineasta de Cine B por excelencia: Jesús Franco con una extensa filmografía de cine de terror, gore, erotismo, sexo, aventura…, quién hizo siempre lo que le apasionaba dentro y fuera de las fronteras saltando y riéndose de censuras, prejuicios y faltas de presupuesto. Tuvo palabras tiernas, humildes y cariñosas y echó una mano a todos aquellos cineastas que guardan un cortometraje en el bolsillo, preparados para empezar una carrera apasionante en el mundo del cine. Un cineasta siempre al margen que recordó emocionado a Juan Antonio Bardem con el que empezó su carrera como ayudante de dirección.

No me extrañó el Goya a mejor película europea a la poderosa, excelente y sencilla producción rumana, 4 meses, 3 semanas, 2 días y me quedo con ganas de ver la mejor película de habla hispana que correspondió a la prometedora película chilena La buena vida sobre cuatro personajes solitarios en busca de un sueño. También mención especial al documental Bucarest, la memoria perdida de Albert Solé que recupera la memoria de su padre aquejado de Alzheimer, el político Jordi Solé Tura.

La Gala de los Premios Goya sigue a mi pesar sin encontrar el tono adecuado. Este año fue presentada por Carmén Machi (con algunos buenos chistes) apoyada por los vídeos (algunos divertidos) de Muchachada Nui pero donde no logré encontrar un hilo conductor. El tono entre lo cómico y lo austero, entre el ritmo rápido y los intermedios amenos…, no consigue una Gala inolvidable. Es un tira y afloja que no consigue una entrega de premios fluída. Pero, sin embargo, no deja de haber momentos mágicos y reseñables.

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