Pozos de ambición (There will be blood, 2007) de Paul Thomas Anderson

Retrato demoledor de un personaje llamado Daniel Palainview del que conocemos su vida desde 1898 hasta el crack de 1929. Daniel es un hombre hecho a sí mismo. A lo largo de Pozos de ambición vemos cómo se transforma un minero, esos hombres duros, durísimos (tan duros que casi parecen irreales) en un magnate petrolero. Daniel Palainview es un hombre complejo del que recorremos su evolución e historia a manera de tragedia griega o bíblica. 

Y ese Daniel Palainview cuenta con el rostro de Daniel Day Lewis capaz de traspasar la dimensión del personaje ficticio y dejar una interpretación que deja sin respiración. Una interpretación llena de matices. No le hacen falta diálogos eternos. Basta con sus gestos, andares, su voz contenida, sus actos, su mirada… 

Para analizar su evolución y transformación, el héroe trágico se contrapone con tres personajes y con su propia historia de éxito y ascenso como magnate. Los tres personajes que permiten que analicemos una personalidad complicada e inquietante son: su “hijo”, un falso profeta (Paul Dano en un personaje extremo) y su “hermano” Henry. 

Daniel Palinview refleja el mito americano de ese sueño que permite que cualquier hombre se construya así mismo y salga adelante; representa una figura de ese sistema capitalista, liberal y competitivo que destruye los obstáculos y destruye a los hombres y, por último, el fracaso del ser humano que a pesar del éxito y el dinero fracasa estrepitosamente en el ámbito humano postrándolo en la soledad más absoluta y convirtiéndole en un ser cruel, vengativo y salvaje pero a la vez frágil y roto. 

Así Paul Thomas Anderson bajo una especie de película río y gran producción ofrece un retrato humano escalofriante y una metáfora sobre el capitalismo salvaje. Quizá debido al montaje —Anderson realiza una película de más de dos horas y media con lo cual es evidente la cantidad de material filmado— o por el propio guión (también lo firma el director que se inspira en la novela Petróleo de Upton Sinclair), la película no llega a ser una obra absolutamente brillante o maestra porque quedan clarososcuros o saltos no muy desarrollados o bien explicados en esta evolución del personaje. Sin embargo, la película está plagada de momentos maestros o de gran belleza cinematográfica que hacen olvidar, a veces, este punto. 

Todo esto sin duda ayudado por un trabajo de recreación, documentación y ambientación magníficos sobre las primitivas técnicas de extracción de petróleo así como las condiciones de los trabajadores. Paul juega de manera magistral con esta recreación además de conseguir un espléndido trabajo del director de fotografía Robert Elswit con momentos visuales increíbles como el de la explosión de gas en la primera torre petrolífera que le convertirá en magnate pero también le cambiará totalmente la vida. 

La película, narrada de manera mágica a la manera más clásica (se ven claramente tres actos que tienen que ver con la evolución del personaje), está sin embargo plagada de simbolismos e interpretaciones que la hacen más rica si cabe. Su sobriedad, a veces, hiela la sangre y logra de nuevo impactar con un final absolutamente compresible con la evolución de esos personajes. 

Es de esas películas que piden, exigen, más de un visionado para poder llegar a todo lo que se nos cuenta o refleja. El nacimiento del capitalismo, la corrupción del dinero y el poder, la manipulación a la que siempre se somete a hombres y mujeres (manipulaciones económicas o de sus creencias), la competitividad, la familia, los lazos paterno-filiales, la ambición, el odio, la falta de escrúpulos… 

Daniel Palainview es toda una radiografía de un ser humano en concreto con todas sus luces y sus sombras. Una transformación escalofriante de un hombre que termina absolutamente solo y devorado por su propio imperio. Y que construye unas complicadas relaciones con su hijo (protagonistas ambos de las escenas más tiernas, humanas y cálidas pero a la vez de las más tremendas): es poderoso cómo se comunican cuando el niño es pequeño hasta que un accidente lo cambia todo y complica la comunicación entre ambos, convirtiéndose en un muro insalvable. O las confesiones que realiza al que cree su hermano perdido y de sangre, Henry, cómo Daniel se desnuda y siente un apoyo pero la traición del “hermano” le puede y transforma en un hombre más solitario aún. O, por último, la compleja relación con el falso profeta (igual de ambicioso y competidor, que también manipula las creencias de las personas) Eli, ambos mantienen un juego de poderes que llevarán hasta las últimas consecuencias… 

Pozos de ambición pone en evidencia de nuevo que el director Paul Thomas Anderson promete y tiene todavía muchas historias que revelarnos.

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