En el estanque dorado (On Golden pond, 1981) de Mark Rydell

Hay películas que tienes en el recuerdo y temes volver a ver por si desapareciera su buena imagen. Y algo así me pasaba con En el estanque dorado, que guardaba con gran cariño en mi memoria, ayer volví a decidirme. Volver a verla. Y es que donde hay dos grandes es imposible la decepción.

En el estanque dorado es una película de personajes y actores. En el estanque dorado es Henry Fonda y Katherine Hepburn —la única vez que trabajaron juntos— como Norman y Ethel. En esta película se puede comprobar lo que son dos buenos actores porque es una historia sencilla, muy sencilla, pequeña cotidiana… y te arrastra. Te arrastra la historia de ese matrimonio que lleva toda una vida juntos y que ahora son ancianos. Y te arrastra como se conocen y se aman. Y como saben que ya no les queda mucho juntos pero, sin embargo, ya se lo dice Ethel, a su hombre que va a cumplir ochenta años, eres mi caballero, no lo olvides.

Y Norman (último y maravilloso papel de Henry Fonda. Qué despedida tan hermosa), cercano a la muerte, temeroso de sus pérdidas de memoria, león enjaulado que no soporta que su cuerpo y mente no respondan como antaño sólo se siente seguro y con ganas de sonreír y seguir adelante al lado de su vieja dama. Que lo alegra y sostiene, que le aferra al día a día.

Norman y Ethel nunca han sido perfectos ni lo pretenden, su hija Chelsea los adora pero tiene mucho que decir —ella no podía ser otra que Jane Fonda, que hizo todo lo posible porque su padre hiciera este papel. Los dos entendían sus personajes, sus relaciones de padre e hija tampoco fueron nunca fáciles—. Porque En el estanque dorado todos son humanos, con virtudes y defectos, como la vida misma. Por eso la película, sencilla, logra transportarte a momentos de risas y también a sacar de vez en cuando un pañuelo.

Y es que da gusto sentarse en una butaca o —ahora no hay más remedio— frente al televisor (y algunos con suerte a lo mejor ante un cañón de luz. Rara vez existen ya las reposiciones a no ser que se de en las filmotecas o en los festivales y sus retrospectivas (¡¡¡qué no se pierda esta buena costumbre aunque yo no pueda verlas!!!) y encontrarse con dos grandes actores que sólo con la manera de moverse, de mirarse, de decir sus diálogos (bien bonitos por cierto)… hacen totalmente creíble que son un matrimonio que han vivido todo juntos.

Henry está brillante y la Hepburn, encantadora. Y los dos tienen más química que muchos actores jóvenes quisieran.

Mark Rydell, su director, no volvería a repetir un éxito tal. Tiene películas interesantes en su filmografía como La Rosa o Cuando el río crece pero ésta es la película por la que es más recordado porque la vida fluye… de esa casa en el lago, de las fresas, los somormujos o la trucha Walter…con la melodía de fondo de Dave Grusin.

En el estanque dorado es para sentarse cómodamente, descansar, y ver una bonita historia…, ¿quién no quiere llegar a anciano y tener una relación como la de Norman y Ethel? Seguir queriéndose a pesar de los años compartidos. De las alegrías y las penas.

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