Una película te lleva a otra y a otra y a otra. Y siempre hay un descubrimiento una sorpresa. Llevaba mucho tiempo que quería ver El demonio de las armas. Así que un día de esos en que me da un ataque de saqueo de películas en tiendas determinadas me encontré con una sesión doble El demonio de las armas y Agente especial, ambas de Lewis. Así que me dije, vale, me las quedo porque a lo mejor la otra también me gusta. Y entonces surge el momento mágico en que me encanta la película que tanto había buscado El demonio de las armas… pero me siento fascinada por la obra desconocida (por mí, claro está), Agente especial… puro cine negro, del bueno. Del fascinante (valga la redundancia).

Porque en Agente especial se unen muchos elementos. Un reparto fascinante (sobre todo en la parte de los malvados). Una manera de rodar que remite al puro lenguaje cinematográfico, lleno de hallazgos geniales que sirven para contar la historia y hacerla avanzar y para crear ese ambiente de cine negro, de destino fatal, de oscuridad y tiniebla y muy poca esperanza, de ambientes agobiantes… (y muchos de los recursos empleados para paliar una razón de producción: escaso presupuesto. Es cierto que a veces —sólo a veces—, la escasez agudiza el ingenio). Un guión (he intentado escribirlo sin acento… pero es que me da una pena quitarlo…) con frases certeras. Y una película que sugiere mil y una historias detrás de cada uno de sus personajes…, ninguno sobra. En resumen una película redonda y a reivindicar o sacar del olvido.

La historia que nos cuenta no es original pero sí la forma de contarla y llevarla a cabo. Nos engancha desde su primera secuencia. Básicamente nos cuenta el enfrentamiento entre el policía honesto, que se deja la piel en cada caso (y que no cuenta con los recursos suficientes para poder llevar a cabo su trabajo…, no sólo les ocurre a los chicos de The Wire), y el gánster sibilino que sabe manejar los hilos. El bien y el mal y en medio la chica del gánster que no sabe por quién decantarse…

Bendito reparto

… bendito reparto y las historias que se esconden detrás de cada uno de los personajes. Fascinante.

Por una parte tenemos al bien. Al policía honesto pero que a veces cansado se deja llevar por el deseo de venganza y violencia (aunque siempre termina controlándose, es un hombre honesto y entregado)… le va el rostro de un Cornel Wilde, atractivo y serio. Un policía que apenas tiene tiempo para sí mismo y que termina enamorándose ‘obsesivamente’ de la chica del gánster… a la que desea llevar por buen camino.

Por la otra al mal. El gánster sibilino con dotes de gran psicólogo pero finalmente también hombre enamorado. Sabe manejar los hilos. Sabe ordenar. Mantiene durante prácticamente todo el metraje la sangre fría. Es un hombre con una historia a desarrollar y se nos van dando pistas en pequeñas dosis y se va conformando una personalidad compleja. Así nos deja una interpretación para el recuerdo llena de matices un olvidado pero certero Richard Conte.

Después nos encontramos con los secuaces del gánster, con aquellos que le hacen el trabajo sucio. Y ahí nos enfrentamos a maravillosos personajes secundarios. Por un lado el segundo de a bordo, acompaña su singularidad con un audífono. No oye bien (… porque para lo que hay que oir) pero sueña con algún día poder ‘mandar a paseo’ a su odiado jefe que le humilla una vez sí y otra vez también. Ya se sabe, esas relaciones amor-odio… hoy te lamo los pies, mañana te vendo y me vengo. Para este papel el rostro de Brian Donlevy, un actor de reparto de filmografía interesante.

Luego falta para rizar el rizo los matones. Los dos jóvenes matones y chicos para todos… fieles hasta la muerte. Honestos con su jefe. Máquinas de matar y torturar pero que ambos desarrollan entre ellos ‘una hermosa y fiel amistad’ que nos cuenta, de manera subyacente, una historia subterránea (me repito con contundencia). Funcionan por su propio código moral… y nos regalan escenas de impacto. Además cuenta con unos rostros muy interesantes: por una parte Lee Van Cleef y por la otra Earl Holliman.

Y luego tenemos al trío de damas. También personajes hechos y derechos. Complejos y fascinantes. Como todo buen cine negro las relaciones entre hombres y mujeres exudan sensualidad. Y las tres con rostros de damas desconocidas. La chica del gánster, rubia angelical con el rostro de Jean Wallace (extracinematográficamente os contaré que en aquellos años era la bella esposa de Cornel Wilde). La chica del poli, chica de cabaré fiel y con gran corazón, ella se sabe enamorada pero también aguanta que su chico ame a la otra…, ella sólo quiere que deje de ser hombre atormentado. Ejerce de amiga y de amante. Y tiene el rostro de Helene Stanton (la más desconocida y con menos filmografía accesible). Y por último, para no desvelar nada del intríngulis nombraremos a la mujer misteriosa, e importante tanto en la trama como en la investigación. No puedo desvelar pero también esconde toda una historia interesante y una personalidad compleja. Cuenta con el rostro de una actriz secundaria interesante, Helen Walker.

Lewis, el mago artesano sin presupuesto

Y Lewis, cual maestro-artesano pero también artista que imprime su espíritu a su obra, rueda de manera inolvidable (junto a técnicos maravillos… y nunca nos olvidemos de los directores de fotografía) esta historia de cine negro. Así nos crea unos ambientes agobiantes. Juega con las sombras. Realiza un uso maravilloso de la niebla y la oscuridad. Emplea de manera magistral el sudor y el horror. El grito y los primeros planos. Las habitaciones de mala muerte. Los hospitales tristes. Los sotanos oscuros. Las calles por las que se huye. La oficina del policía, su apartamento, los vestuarios del cabaré o de un boxeador fracasado, las puertas traseras… Nos muestra las maravillas que se pueden hacer con un audífono (desde una tortura hasta una manera diferente de filmar una muerte…). Y nos mete de lleno en ese ambiente agónico de las películas noir…, ese ambiente estresante, triste, de destino fatal… enfermizamente romántico también.

… y de quién será el guión

Y por último nos regala frases y diálogos de esos que se quedan grabados. Además de una estructura certera. Como digo no hay nada más complejo como que todos los personajes tengan una vida y tú como espectador la sientas. Como anécdota también extracinematográfica decir que está firmado el guión por Philip Yordan… y para los que les apasione este tipo de historias, Yordan fue un guionista prolífico y también polémico. Parece ser que fue una ‘tapadera’ para que muchos guionistas incluidos en la lista negra durante la caza de brujas pudieran trabajar. Esto significa que trabajaba en el guión uno de ellos y luego el nombre que aparecía en créditos era el de él. Así a veces es extremadamente complejo saber cuál es realmente la aportación de Yordan a algunos guiones y sobre todo cuál es la autoría real… En Agente especial queda el misterio y el secreto de quién fue realmente el guionista ¿Yordan? ¿O realmente actuó como tapadera? Como veis otro tema apasionante…

Todo esto y más, hace de Agente especial, película reivindicable. Casi me atrevería a decir de visionado… obligatorio, digo, apasionado.

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