Manchester frente al mar (Manchester by the sea, 2016) de Kenneth Lonergan (6 nominaciones)

Manchester frente al mar

Manchester frente al mar es el retrato de un corazón roto y te va hundiendo en ese pozo oscuro de donde Lee Chandler (Cassey Afleck) no puede salir a flote, aunque lo intente. Lee es un silencioso encargado de mantenimiento de unos edificios de Boston, un hombre solitario, que tan solo en determinados momentos explota violentamente. Recibe una llamada y esa llamada supone un regreso a su localidad natal, un pequeño pueblo pesquero: su hermano ha fallecido. No solo tiene que encargarse de todo lo que supone la muerte de un ser querido sino también ocuparse de su sobrino adolescente. Su regreso le reabre heridas del pasado (que nunca cerraron) y como ráfagas va pasando, de nuevo, su vida frente a sus ojos y el momento en que todo se quebró, de la forma más brutal.

El regreso supone para Lee Chandler un camino emocional doloroso. Por no sucumbir al dolor, voluntariamente decidió vivir aislado y al margen de la propia vida. El regreso le supone volver a sentir: el encontrarse con caras de su pasado, con silencios y miradas, la relación codo con codo con su sobrino, el recuerdo de su hermano ausente, el reencuentro con su exmujer…, pero también le supone revivir el dolor y las pesadillas. Y descubrir sencillamente que no puede con ello, que si quiere sobrevivir necesita seguir al margen. Aunque inconscientemente se ha abierto una compuerta…, quizá pueda volver a sentir.

Kenneth Lonergan en su tercer largometraje construye un minucioso y elegante melodrama sobre gente corriente (de alguna manera lejana hay ecos en la forma de narrar y contar de Gente corriente de Robert Redford), donde como no podía ser de otra manera en este género, el empleo de la banda sonora (entre música clásica y la partitura original de Lesley Barber) acompaña el viaje emocional. Frente al mar, y ese barco lleno de significados y recuerdos para los dos hermanos y el sobrino; en esa villa pesquera, donde hay un predomino del azul (que ese el color de la melancolía, que nunca abandona el metraje), de la claridad y la calma, donde el frío cala en los huesos… estallan los recuerdos dolorosos de Lee y el peso de la culpa que no puede quitarse de los hombros. Entre recuerdos, ensueños, y restablecimiento de relaciones con gente del pasado, con la recuperación de la figura de ese hermano ausente que siempre estuvo a su lado, y su relación especial con el sobrino (rotos los dos por la ausencia de un tercero) la sensibilidad devuelve vida a Lee, pero vida con dolor y desgarro. Sin posibilidad de olvido.

Jackie (Jackie, 2016) de Pablo Larraín (3 nominaciones)

Jackie

Y también el director Pablo Larraín se mete en el interior de Jackie Kennedy (Natalie Portman) y elige los días posteriores al asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy. Y cuenta el estado de shock de la primera dama más recordada de la Casa Blanca, pero también su empeño en dejar un controvertido legado para la posteridad. Y como siempre Larraín ofrece una mirada especial, con todas las sombras posibles que enriquece la visión de los acontecimientos que narra. Así como en No hablaba del lenguaje publicitario, el empleo del mensaje y la manipulación, para un giro y un cambio de decisión… que cambia el rumbo de un país, en Jackie mete los dedos en la transmisión para la posteridad de un controvertido legado. Donde Jackie jugó un papel importante, y un conocimiento en la transmisión de información, en la puesta en escena e imagen (no en vano estudió periodismo, y posteriormente se dedicaría al mundo editorial, entre libros). Y de eso va Jackie… de la puesta en escena del entierro de un presidente y de la consciente transmisión de un legado para la posteridad.

En Jackie se siente que hay un conocimiento de la figura de la primera dama y de su historia y personalidad. De las luces y las sombras que rodearon su historia y también su forma de ser. Hay un momento clave en la película que es una conversación entre Bobby Kennedy y Jackie donde realmente se preguntan ambos cuál es el legado de Kennedy, qué es lo que realmente ha hecho durante su presidencia…

Larraín construye su película y pone como eje y arranque una entrevista que ofreció la primera dama a un periodista (fueron muy pocas las entrevistas que concedió a lo largo de su vida y siempre rodeó su figura de silencio, misterio y frialdad), una entrevista que dirige, pero que también la hace desnudarse ante el entrevistador y contar a corazón abierto su estado emocional durante esos días, sus sensaciones.

Y es brutal escuchar la voz de Richard Burton en su interpretación de Camelot y una Jackie caminando perjudicada entre las habitaciones de su palacio… o ya como reina destronada que, sin embargo, se ha encargado de hacer saber a todo el mundo que hubo un Camelot en la Casa Blanca.

Lion (Lion, 2016) de Garth Davis (6 nominaciones)

Lion

Lion contiene dos películas en una, y eso ya hace que la estructura empiece a chirriar. Por una parte la infancia de un niño hindú que se pierde y toda su odisea y angustia, pues no encuentra ni a su familia ni a su aldea de origen, todas las penalidades que pasa, como un Oliver Twist hindú, hasta que es adoptado por una pareja australiana. Y una segunda parte de ese niño ya joven universitario (Dev Patel) y su empeño en recuperar a su familia biológica. Una película que cuenta la odisea de un personaje real, como luego se nos recalca en las escenas finales (tanto fotografías como el vídeo al final de la película).

Si la primera parte no está mal construida pero apela al sentimentalismo del espectador con los grandes ojos de ese niño de cuatro años (Sunny Pawar) que por trágico destino es separado de su amado hermano mayor, y de su madre y hermana. Y donde se construye una India y una miseria desde una mirada occidental. La segunda es un melodrama desordenado, con historia de amor metida con calzador, que deja frío al espectador con esa caída del estudiante a los infiernos de la incertidumbre y esa búsqueda, que quiere ser angustiosa, por un buscador de Internet que localiza todos los lugares del planeta (Google Earth) de su aldea natal. Con algún que otro apunte interesante que se queda tan solo en la superficie: como esa conciencia del protagonista de vivir en un mundo privilegiado y con oportunidades y las diferencias con su país de origen, o las duras secuelas que pueden dejar las duras infancias a las personas (sobre todo en el otro niño que adopta la pareja australiana) o también qué puede significar la adopción y cómo hacerla (aunque esos padres adoptivos, donde está una sufrida Nicole Kidman, resultan excesivamente planos y solo se exalta su bondad sin rastro de sombra alguna). Lion de Garth Davis peca demasiado de una visión superficial de la pobreza y de las brechas económicas y sociales, que podía haber sido su fuerte. No deja huella, no se te queda en la memoria.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.