¿Sirve el cine para transformar la realidad?

Como os comenté hace unos días, este mes de julio se está celebrando en La Casa Encendida, el ciclo Cine y participación social. Un proyecto al que estoy bastante vinculada. 

El jueves pasado se proyectó Mi nombre es Joe de Ken Loach y estuvieron presentes en un interesante coloquio posterior el director y productor Gerardo Herrero y el director técnico de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción, Eusebio Megías. Ambos enriquecieron el diálogo con sus intervenciones y puntos de vista.  Un espectador lanzó una pregunta interesante, si realmente este tipo de cine (un cine militante y de denuncia como el del director británico u otros directores como Tavernier o los hermanos Dardenne) puede cambiar una situación o si realmente sirve para algo. 

Los dos ponentes plantearon que, quizá, no sirva para cambiar el mundo o transformar pero el cine sí puede ser un instrumento que empuje a la reflexión y al debate. El cine puede servir para exponer una cuestión y a partir de ahí poder hablar. Siempre ha existido un cine que hace pensar. 

La pregunta tiene varias respuestas. La verdad es que día a día, trato de realizar declaraciones de amor al séptimo arte. Y, esta pregunta me ha hecho pensar y mucho. Y, volver de nuevo, a amar el cine.  Desde luego una película quizá no cuente con el poder suficiente como para cambiar una situación injusta. Pero sí puede abrir los ojos del espectador a otras visiones y puntos de vista de la realidad.  Además, el cine, se convierte en una fuente de conocimiento importante…, según va pasando el tiempo. En una fuente que será útil para historiadores y sociólogos. ¿Cómo ilustrar esta afirmación? Voy a exponer breves ejemplos: El conocimiento nos hará más libres. Durante años contábamos con las obras literarias para llegar a entender una época. Para conocer y captar ambientes de otros tiempos. Para saber cómo funcionaban las sociedades, las costumbres, para entender cómo se comportaban los hombres, para acercarnos a las formas de pensamiento, al funcionamiento político y social de lugares determinados…, etcétera. Ahora, también contamos con las imágenes cinematográficas. 

Si queremos acercarnos a cómo eran los albergues alemanes de personas sin hogar en Alemania durante la república de Weimar, contamos con una joya del cine como M, el asesino de Dusseldorf.

Si queremos entender la filosofía del New Deal y cómo estaba en aquellos momentos críticos la sociedad norteamericana, contamos con una gran obra de Frank Capra que expone un montón de puntos y ofrece un retrato de la sociedad en esos momentos genial: Juan Nadie.

El gran John Ford, no sólo dirigió alguno de los mejores westerns de la historia del cine. Durante los años 30 y 40 desarrolló valiosas películas de cine social. Una de ellas fue una magnífica adaptación de Las uvas de la ira (1940). El valor de esta película es enorme porque es una adaptación casi contemporánea con la novela. Y, Steinbeck realizó un estudio magistral de las consecuencias del crack del 29 y cómo afectó a los más desfavorecidos. Ford lo puso en imágenes.  Para entender el impacto de esta producción en el momento y su valor hoy, leamos parte de un artículo que escribió Pare Lorentz (artículo rescatado en el número 26 de la revista Nickel odeon en el monográfico dedicado a John Ford) cuando se estrenó la película.Las uvas de la ira es la primera película hecha en Hollywood, desde1929, que ha tratado un problema social del momento, y conservó fielmente el propósito de un autor que conmocionó al país. Reprodujo la sangrienta violencia que acompañó una catástrofe económica –una violencia de la que ha informado la prensa desde muchas partes del país, además de California pero nunca el cine–, una película que cuenta la historia de una trágica migración americana hacia la esclavitud. Es toda una película”. 

Si dentro de unos años nos adentramos en películas como Riff-Raff, El odio, La vida soñada por los ángeles, En este mundo, Los lunes al sol, Lamerica y tantas otras…, tendremos ante nuestros ojos una radiografía intensa sobre la historia social del siglo XX y XXI y podremos contar con un montón de claves para entender el momento. Y, ahora, estas películas ponen frente al espectador un punto de vista y una manera de abrir los ojos hacía una realidad que está ahí. Películas que lanzan cuestiones, que dan visiones, que lanzan reflexiones…, y tras la reflexión, algún espectador puede indagar más y después… entrar en acción para transformar la realidad. 

¿El cine puede transformar la realidad? Quizá de manera inmediata, no…, pero es un camino para la reflexión y el pensamiento. Una fuente de conocimiento. Una puerta abierta para la acción futura. 

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