{"id":4938,"date":"2018-01-30T00:03:19","date_gmt":"2018-01-29T23:03:19","guid":{"rendered":"http:\/\/hildyjohnson.es\/?p=4938"},"modified":"2018-01-30T00:03:19","modified_gmt":"2018-01-29T23:03:19","slug":"rey-del-juego-the-cincinnati-kid-1965-norman-jewison","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hildyjohnson.es\/?p=4938","title":{"rendered":"El rey del juego (The Cincinnati Kid, 1965) de Norman Jewison"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_4939\" style=\"width: 710px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-4939\" class=\"size-large wp-image-4939\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego-1024x576.jpg?resize=584%2C329\" alt=\"El rey del juego\" width=\"584\" height=\"329\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg?resize=1024%2C576&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg?w=1920&amp;ssl=1 1920w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg?w=1168&amp;ssl=1 1168w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/elreydeljuego.jpg?w=1752&amp;ssl=1 1752w\" sizes=\"(max-width: 584px) 100vw, 584px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-4939\" class=\"wp-caption-text\">&#8230; unos ojos azules<\/p><\/div>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">\u00bfPueden unos ojos azules conquistar toda una interpretaci\u00f3n&#8230;, incluso una pel\u00edcula? Sin duda, uno de los secretos de Steve McQueen fue la manera de mirar, de mover sus ojos azules. Adem\u00e1s de pasear varios personajes perdedores por la pantalla de cine con toda la dignidad del mundo. Siempre con un punto de picard\u00eda y dejadez. A esos ojos, a veces les acompa\u00f1aba una sonrisa&#8230; que se hac\u00eda mucho de rogar. As\u00ed su personaje en <i>El rey del juego<\/i> se convierte en un perdedor a su pesar, pero con sus propias reglas y con su independencia y libertad como bandera. Y no est\u00e1 solo: una galer\u00eda de personajes y actores maravillosos le acompa\u00f1an.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\"><!--more--><\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">La pel\u00edcula no es perfecta ni redonda, pero no importa. Pasa lo mismo con la vida, ni es redonda ni es perfecta. Tiene momentos. Tiene secuencias inolvidables. Tiene fuerza&#8230; pero, siempre hay un pero. Primero, era una pel\u00edcula que iba a dirigir Sam Peckinpah&#8230;, la historia ten\u00eda los ingredientes y la garra suficiente para que \u00e9l hubiese hecho una pel\u00edcula m\u00e1s personal, m\u00e1s hacia su terreno. Pero como tantas otras veces tuvo problemas con un productor, dej\u00f3 el proyecto y este cay\u00f3 en manos de un director que hasta el momento solo hab\u00eda hecho comedias, Norman Jewinson. Fue su entrada a un cine m\u00e1s serio (luego alternar\u00eda comedia, musicales y dramas)&#8230; y no lo aprovech\u00f3 mal&#8230;<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Cuando se habla de esta pel\u00edcula, suele salir otra&#8230; por el planteamiento de la historia. Campe\u00f3n maduro de una disciplina contra el joven promesa con la autoestima muy alta. Y la que se nombra es <i>El buscavidas<\/i> de Robert Rossen. Y <i>El rey del juego<\/i> sale perdiendo&#8230; porque se queda m\u00e1s en la superficie, y quiz\u00e1 sus personajes sean menos complejos. En una es el billar, en otro el p\u00f3quer. En las dos, la vida.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Quiz\u00e1 para algunos, antes de la gran partida, <i>El rey del juego<\/i> tenga momentos que le dicen poco, deslavazados. Pero esos momentos dan pinceladas para dibujar un contexto, una relaci\u00f3n, para conocer m\u00e1s al protagonista. Su paseo por un New Orleans de Depresi\u00f3n, y acabar en ese garito donde una mujer negra canta una triste canci\u00f3n. Sus juegos de dados con el ni\u00f1o limpiabotas negro. La conversaci\u00f3n con su chica sobre una pel\u00edcula francesa que esta ha ido a ver mientras\u00a0\u00e9l\u00a0est\u00e1 en la ba\u00f1era. La visita de Kid a su novia en el campo&#8230; y su juego con los padres de ella&#8230;, la pelea de gallos con la <i>femme fatale<\/i>.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Y la gran partida sin grandes dramas, con sus momentos muertos, donde nada ocurre, y los momentos emocionantes (incluso para los que poco sabemos de p\u00f3quer). Donde adem\u00e1s de la tensi\u00f3n de las cartas y las apuestas, confluyen las relaciones de los personajes y sus situaciones personales. El campe\u00f3n solitario, profesional y quiz\u00e1 tambi\u00e9n algo cansado (y consciente de que pronto le tomar\u00e1n el relevo), aunque siempre con la paciencia y la observaci\u00f3n como aliados; el mafioso vengativo que a toda costa quiere que se derrumbe el campe\u00f3n (incluso recurriendo a las trampas, repartiendo miedo y queriendo extender sus garras de poder); el jugador siempre profesional, pero fr\u00e1gil que se siente en una encerrona; la mujer de armas tomar (lady Manitas), gran dama del juego&#8230; y la femme fatale, que nada le importa m\u00e1s que ella. El joven jugador se debate entre dos mujeres, digo arquetipos (ay, otro de los peros), pero \u00a1tan bien actuados! Por una parte, la femme fatale y por otro la novia inocente, fr\u00e1gil, pero tambi\u00e9n muy sensual.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Pero hay una baza por la que\u00a0<i>El rey del juego<\/i> merece mucho, pero mucho la pena&#8230; y por lo que importan menos todav\u00eda sus imperfecciones: un reparto redondo. Cada cual est\u00e1 mejor. Para el campe\u00f3n maduro todo un Edward G. Robinson (en un principio el elegido hab\u00eda sido Spencer Tracy, pero su salud le impidi\u00f3 hacerse con el papel). Para el jugador honrado, pero fr\u00e1gil y a punto de sucumbir, Karl Malden. Buen amigo del protagonista y casado con la <i>femme fatale<\/i>&#8230; que le trae de cabeza. La femme fatale que se dedica solo a s\u00ed misma, Ann-Margret; y la novia inocente y sensual, la rubia Tuesday Weld. Otra vieja gloria para estar inolvidable como Lady Manitas, Joan Blondell. Y el malo de la funci\u00f3n por excelencia, Rip Torn&#8230; Los ojos azules de Steve Mcqueen no pod\u00edan estar mejor acompa\u00f1ados.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Esta obra est\u00e1 bajo una\u00a0<a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\" target=\"_blank\">licencia de Creative Commons<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfPueden unos ojos azules conquistar toda una interpretaci\u00f3n&#8230;, incluso una pel\u00edcula? Sin duda, uno de los secretos de Steve McQueen fue la manera de mirar, de mover sus ojos azules. 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