{"id":4290,"date":"2016-05-12T00:09:01","date_gmt":"2016-05-11T22:09:01","guid":{"rendered":"http:\/\/hildyjohnson.es\/?p=4290"},"modified":"2016-05-12T00:09:01","modified_gmt":"2016-05-11T22:09:01","slug":"espia-surgio-del-frio-the-spy-who-came-in-from-the-cold-1965-martin-ritt","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hildyjohnson.es\/?p=4290","title":{"rendered":"El esp\u00eda que surgi\u00f3 del fr\u00edo (The spy who came in from the cold, 1965) de Martin Ritt"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\" align=\"justify\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/elespiaquesurgiodelfrio.jpg\" rel=\"attachment wp-att-4291\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-4291\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/elespiaquesurgiodelfrio-1024x614.jpg?resize=584%2C350\" alt=\"El esp\u00eda que surgi\u00f3 del fr\u00edo\" width=\"584\" height=\"350\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/elespiaquesurgiodelfrio.jpg?resize=1024%2C614&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/elespiaquesurgiodelfrio.jpg?resize=300%2C180&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/elespiaquesurgiodelfrio.jpg?resize=768%2C461&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/elespiaquesurgiodelfrio.jpg?w=1200&amp;ssl=1 1200w\" sizes=\"(max-width: 584px) 100vw, 584px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Durante los a\u00f1os sesenta hubo un cine de esp\u00edas muy diferente al mundo representado por James Bond. Todo empez\u00f3 con <i>El esp\u00eda que surgi\u00f3 del fr\u00edo<\/i>. El universo del novelista John Le Carr\u00e9 nada ten\u00eda que ver con el que presentaba Ian Fleming. Por tanto los cineastas que adaptaron a Le Carr\u00e9 nada tuvieron que ver con los que adaptaron a Fleming&#8230; Ni tampoco los actores que se convirtieron o en esp\u00edas con glamour o en esp\u00edas que llevaban el desencanto sobre sus hombros.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\"><!--more--><\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">El Bond cinematogr\u00e1fico de aquellos a\u00f1os (Sean Connery) era un esp\u00eda espect\u00e1culo y de pirotecnia, un h\u00e9roe de pel\u00edcula de aventuras, donde la visi\u00f3n de la Guerra Fr\u00eda ten\u00eda una lectura simple y maniquea. Bond ten\u00eda licencia para matar pero era el h\u00e9roe glamuroso, el bueno de la funci\u00f3n un poco chuleras, que se enfrentaba a malos mal\u00edsimos que o bien eran terroristas, conspiradores o malvados comunistas&#8230; que trataban de alterar el orden brit\u00e1nico&#8230; La serie Bond es tremendamente entretenida (bueno, depende del Bond), lo que cuenta es el espect\u00e1culo, la acci\u00f3n y una resoluci\u00f3n: vencer al malo. Pero tambi\u00e9n es muy interesante el an\u00e1lisis del contenido y su evoluci\u00f3n como personaje a trav\u00e9s de las d\u00e9cadas (hasta llegar a uno de mis Bond favoritos, Daniel Craig)&#8230; pero eso es otra historia.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">De pronto, frente al esp\u00eda con glamour, surge el esp\u00eda desencantado que juega en un gran tablero de ajedrez, y que a veces se siente (y no solo se siente sino que es) como una mera marioneta, en esa guerra fr\u00eda, donde hay dos lados del muro y unos y otros, con mismos m\u00e9todos, tratan de alcanzar sus fines. Y entre todos que no estalle ni cambie el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Los esp\u00edas trabajan en las cloacas, en la parte oscura. Este esp\u00eda desencantado se encuentra con otros que arrastran el mismo desencanto \u2013los ideales se quedaron en el camino y van descubriendo una guerra que les mina y destroza\u2013 o con otros que deciden jugar hasta que les retiran del tablero por viejos o por otros motivos. Esp\u00edas, dobles agentes, contraespionaje, trampas, traiciones, mentiras&#8230; pero sin ese halo de h\u00e9roe de acci\u00f3n que no encuentra tiempo para estarse quieto o aburrirse. El esp\u00eda desencantado realiza una labor silenciosa y a veces puede ser relegado a funcionario del Estado gris. Mueve piezas, consigue informaci\u00f3n, vive entre dos mundos, puede perder su identidad y no recuperarla, echa de menos la confianza&#8230; No se siente h\u00e9roe, sino m\u00e1s bien un hombre solo y, a veces, sin ilusi\u00f3n alguna. Otras tan solo un perdedor. Nadie sabr\u00e1 si ha cumplido una misi\u00f3n o no, y ni \u00e9l mismo sabe cu\u00e1l ser\u00e1 el siguiente movimiento en ese gran tablero de ajedrez. Ni siquiera tiene la certeza de si quieren hacerle desaparecer o no. Si al d\u00eda siguiente despertar\u00e1 o no. A veces cuando abre los ojos es demasiado tarde&#8230;<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">\u2026 como le ocurre a Alec Leamas (Richard Burton), el esp\u00eda de ojos claros y rostro impasible o triste, que decide embarcarse en una misi\u00f3n compleja porque no quiere que le releguen a los despachos. Cada vez m\u00e1s asqueado se dar\u00e1 cuenta de que solo es un alfil y decide redimirse tomando una decisi\u00f3n: quedarse junto a la \u00fanica persona que durante su descenso a los infiernos ha sabido amarle, sin pedir nunca nada a cambio. Ella es una bibliotecaria idealista y pacifista del partido comunista brit\u00e1nico, que cree en la consecuci\u00f3n de un mundo mejor, v\u00edctima absoluta e inconsciente de esta historia porque absolutamente todos, unos y otros, la utilizan. Es una ficha que todos sienten el derecho de mover de un lado a otro, sin preguntar nada. Duele su mirada cuando descubre un mundo sucio, cuando derrumban su idealismo de la manera m\u00e1s cruda. Ella se llama Nan Perry (Claire Bloom).<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">El director Martin Ritt en <i>El esp\u00eda que surgi\u00f3 del fr\u00edo<\/i> claramente se posiciona al lado de Nan y de otro personaje que se ir\u00e1 convirtiendo en v\u00edctima inesperada, un esp\u00eda jud\u00edo y comunista, Fiedler (Oskar Werner), que se muestra transparente desde el momento en que aparece. Ritt acompa\u00f1a con su c\u00e1mara a Alec Leamas en su andadura por los infiernos como alfil inconsciente y hace que poco a poco vaya abriendo m\u00e1s sus desencantados ojos al descubrir el juego sucio del que ha sido protagonista, solo le queda realizar un \u00faltimo acto que sabe in\u00fatil pero noble, que le redime. As\u00ed Alec y Nan protagonizan una de las escenas finales m\u00e1s tristes pero a la vez hermosa, con la emocionante banda sonora de Sol Kaplan.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Y en esa andadura, en ese tablero&#8230;, Alec Leamas, el descre\u00eddo, el que dice que no cree ni en Pap\u00e1 Noel, ni en Dios ni en Marx&#8230; que se reserva el derecho a ser ignorante, pues seg\u00fan explica ese es el modo de vida occidental&#8230; adem\u00e1s de encontrarse una mujer que s\u00ed que cree en un mundo mejor o un esp\u00eda que s\u00ed cree que su trabajo sirve para algo, se cruza en su camino con muchas otras piezas secundarias pero fundamentales a la hora de hacer jugadas maestras o mortales como su jefe Control (Cyril Cusack) o el agente Mundt (Peter van Eyck)&#8230; y no pod\u00eda faltar una pieza secundaria el agente Smiley (\u2026 uno de los personajes de las novelas de Le Carr\u00e9).<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">Martin Ritt hace una pel\u00edcula redonda, circular, perfecta&#8230; donde el muro se convierte en desierto y fr\u00edo escenario&#8230; donde se desarrolla el primer acto y el \u00faltimo. Despu\u00e9s solo queda la bajada de tel\u00f3n. El blanco y negro de Oswald Morris recorre desolado todos los rincones: los despachos, las casas, las calles londinenses, los garitos, la sala del juicio improvisado, la celda&#8230; todo cubierto por un halo de melancol\u00eda y decadencia. La c\u00e1mara a veces quiere alejarse y solo ser testigo distante; pero otras se acerca en exceso, como si necesitara implicarse del todo. Apenas hay espacios de luz o donde los personajes sonr\u00edan o no est\u00e9n crispados. Esos momentos, no pod\u00eda ser de otra manera, los vive Leamas&#8230; junto a Nan (al lado de las estanter\u00edas de una biblioteca, incluso r\u00eden) o en plena naturaleza donde Fiedler lleva a Leamas a respirar, a hablar con un poco de relajaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">El final te deja muchos minutos mirando la pantalla en silencio&#8230; recordando esa mirada de ojos azules, derrotada, desencantada, vencida&#8230; d\u00e1ndose cuenta de que solo puede hacer un \u00faltimo acto&#8230;<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"justify\">\nEsta obra est\u00e1 bajo una\u00a0<a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\" target=\"_blank\">licencia de Creative Commons<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante los a\u00f1os sesenta hubo un cine de esp\u00edas muy diferente al mundo representado por James Bond. Todo empez\u00f3 con El esp\u00eda que surgi\u00f3 del fr\u00edo. 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