{"id":1718,"date":"2012-04-15T21:36:45","date_gmt":"2012-04-15T19:36:45","guid":{"rendered":"http:\/\/hildyjohnson.es\/?p=1718"},"modified":"2012-04-15T21:36:45","modified_gmt":"2012-04-15T19:36:45","slug":"madrid-1987-de-david-trueba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hildyjohnson.es\/?p=1718","title":{"rendered":"madrid, 1987 de David Trueba"},"content":{"rendered":"<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/madrid1987.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1719\" title=\"madrid, 1987\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/madrid1987-300x297.jpg?resize=300%2C297\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"297\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/madrid1987.jpg?resize=300%2C297&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/madrid1987.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/hildyjohnson.es\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/madrid1987.jpg?w=600&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>En diez tecleos<\/strong><\/p>\n<p><strong>1\u00ba tecleo. Dos cuerpos desnudos. <\/strong>Dos cuerpos desnudos en un cuarto de ba\u00f1o durante un fin de semana. Un cuarto de ba\u00f1o que se convierte en refugio. De pronto la desnudez de los cuerpos deja de ser importante, deja de ser algo llamativo. La situaci\u00f3n ya no es absurda. Lo que vemos son dos personas con almas desnudas. O lo que es lo mismo durante unas horas no hay m\u00e1scaras. Para lo bueno y lo malo. Desnudan todo lo desnudable. Y el espectador voyeur al final no ve \u00fanicamente los cuerpos, ve el verbo.<\/p>\n<p><strong>2\u00ba tecleo. El tiempo, la historia, lo cotidiano<\/strong>. Un cigarrillo tras otro. Una m\u00e1quina de escribir. La radio. Cambio 16. Una carpeta con separadores. Vasos de whisky. Gafas y mucha miop\u00eda. Anfetas. Un ba\u00f1o con azulejos blancos. La grifer\u00eda de siempre. Los ventanucos interiores. La ausencia del m\u00f3vil. Norma Duval. Rosa Le\u00f3n. La raya del pelo de Su\u00e1rez. Los libros con las tapas cubiertas, papel, p\u00e1ginas. Los ceniceros. Felipe y Alfonso. Prensa escrita. El valor de la palabra\u2026<\/p>\n<p><strong>3\u00ba tecleo. La voz. <\/strong>Todo lo envuelve la voz grave, la verborrea imparable, la frase precisa de un desencantado y amargado de la vida con rostro de Jos\u00e9 Sacrist\u00e1n. Su voz lo seduce todo. Su voz como el personaje del columnista se transforma. Y de un hombre amargado, desagradable, que sienta c\u00e1tedra en cada frase que derrama\u2026 con voz grave, a un hombre que seduce y hace imaginar a trav\u00e9s de la palabra vomitada. Con cada cadencia sentimos al hombre que desnuda su ser y su desencanto por la juventud perdida o el deseo de volver a aletear. El hombre que se mira al espejo y no observa al hombre que le gustar\u00eda haber sido. El hombre que se mira al espejo y le gustar\u00eda seguir creyendo en el cambio\u2026 El hombre que en el fondo sigue sabiendo que la palabra late aunque la silencie.<\/p>\n<p><strong>4\u00ba tecleo. El silencio. <\/strong>El cuerpo. La musa. Al principio hecha de silencios. Al principio s\u00f3lo la miramos a trav\u00e9s de la voz de ese columnista que s\u00f3lo quiere tocar su cuerpo\u2026 ya no le interesa el talento. S\u00f3lo es un cuerpo. \u00bfUn objeto? Un lienzo para pintar y vomitar todo lo que se le ocurra. Y ella observa en silencio cual estatua de m\u00e1rmol. Con rostro de Mar\u00eda Valverde. Cual mujer florero-pasiva. El papel que le da el columnista con intelecto, el columnista con ideas progresistas convertido en tirano que desprecia. Pero ella poco a poco va mostrando otra cara que nada tiene que ver con la pasividad hasta que llega al cl\u00edmax del enfrentamiento y humaniza la verborrea imparable del columnista, y le hace reparar que tras el cuerpo hay un talento. Que tras ese cuerpo hay un verbo que escuchar.<\/p>\n<p><strong>5\u00ba tecleo. Generaciones. <\/strong>El maestro y la alumna. El profesional perro viejo y la aspirante a escritora. La vejez y la juventud. El que deja el tren o llega a su parada y la que coge el tren y espera un viaje de largo recorrido. Lecciones de vida de ida y vuelta. La voz de la experiencia y el desencanto, la voz de la que todav\u00eda espera y todav\u00eda cree. Los dos saben de amarguras. Los dos saben de placeres. Los dos saben c\u00f3mo hacerse da\u00f1o. Pero tambi\u00e9n entienden de ternuras. De empat\u00edas. Los dos saben volar y tambi\u00e9n posar los pies en la tierra. S\u00f3lo cuando se escuchan tienden un puente. Los dos trazan caminos de ida y vuelta\u2026 pero eso \u00fanicamente es posible en el refugio.<\/p>\n<p><strong>6\u00ba tecleo. Suicidio.<\/strong> Aunque no lo parezca cada d\u00eda es un nuevo suicidio. Cada sue\u00f1o al que renunciamos. Cada da\u00f1o que infligimos. Cada traici\u00f3n que perpretamos. Cada desilusi\u00f3n que nos llevamos. Cada silencio que nos guardamos\u2026 El suicidio puede ser la amargura de no querer mirarnos en un espejo. O no poder con la vida ni a rastras y un d\u00eda en silencio tirarnos por una ventana. Porque parece que nada merece la pena. Que nada puede cambiarse o transformarse. Que los tiempos pasados pasaron y ya son inasibles. El suicidio tambi\u00e9n puede ser no levantarse de una cama. Pero a veces se puede encontrar un recoveco o un refugio \u00edntimo\u2026 inaccesible para casi todo el mundo y descubrir que la vida fluye y sigue ah\u00ed. Que la palabra se oye. O se lee. O se ve\u2026<\/p>\n<p><strong>7\u00ba tecleo. Ma\u00f1ana. <\/strong>Y entonces en la voz de Irene Tremblay quiz\u00e1 llega la posibilidad de un ma\u00f1ana. Desconocido pero un ma\u00f1ana. Y ese ma\u00f1ana puede estar lleno de posibilidades. Un ma\u00f1ana lleno de incertidumbres. Y puertas cerradas pero tambi\u00e9n con piedras en las que poder alzarse para mirar. O ventanucos que dejen pasar una leve luz. \u201cQue no te venzan derrotas por llegar\u201d. Detras de una nube puede estar el sol. Ya sab\u00e9is, son cosas que pasan.<\/p>\n<p><strong>8\u00ba tecleo. Estilo. <\/strong>En <em>madrid, 1987,<\/em> hay un estilo minimalista. Un estilo desnudo. Que no se siente. Que se vive. Que arrastra. Que te envuelve. Atrapa un instante de vida. Algo que quedar\u00e1 en un recuerdo. Y en <em>madrid, 1987<\/em> se habla de estilo con certeza, de que el buen escritor es el que est\u00e1 desnudo, el que no fuerza, el que no trata de que se le note qu\u00e9 estilo tiene. Pasa igual con el que filma. Cuando se nota que en escribir o en filmar se te va la vida en ello. Se te escapa la vida en ello. Porque es lo que vomitas, lo que tienes dentro. Sin m\u00e1scaras.<\/p>\n<p><strong>9\u00ba tecleo. En la habitaci\u00f3n. <\/strong>Y con lo m\u00ednimo surgen todas las emociones. A veces s\u00f3lo hace falta una habitaci\u00f3n y unos actores. En <em>madrid, 1987<\/em>, un cuarto de ba\u00f1o, dos actores desnudos y la palabra. El ba\u00f1o tiene una peque\u00f1a ventana, un marco, un v\u00e1ter, una ba\u00f1era, un lavabo, una lamparita, una toalla, una cortina de pl\u00e1stico de ducha, y, como no, un espejo\u2026<\/p>\n<p><strong>10\u00ba tecleo. Imaginar cine.<\/strong> Lo m\u00e1s bello y desnudo de <em>madrid, 1987<\/em> es una pel\u00edcula no filmada, inventada. Y ah\u00ed vemos la capacidad y el poder de la palabra. Y ah\u00ed vemos la capacidad y el poder de la imagen. S\u00f3lo hacen falta unos espectadores. Un gran marco, un fondo blanco. Y las ganas de vislumbrar una historia.<\/p>\n<p>Esta obra est\u00e1 bajo una <a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-nd\/3.0\/es\/\" target=\"_blank\">licencia de Creative Commons<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En diez tecleos 1\u00ba tecleo. Dos cuerpos desnudos. Dos cuerpos desnudos en un cuarto de ba\u00f1o durante un fin de semana. Un cuarto de ba\u00f1o que se convierte en refugio. 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