¿Cómo analizar Joker? Lo primero que me llamó la atención y que no me dejó retirar la vista de la pantalla fue la utilización del cuerpo por parte de Joaquin Phoenix para la elaboración de su personaje. Sus movimientos, gestos, la colocación de su cuerpo en determinados momentos, su vestuario, el maquillaje, su rostro y esa risa a destiempo, incómoda e inoportuna… Después llegó una secuencia clave y mi cabeza empezó a dar vueltas: en plena agitación social en Gotham, hay una proyección cinematográfica para la élite de la ciudad como todo un acontecimiento. La película en cuestión es Tiempos modernos (Modern Times, 1936) de Charles Chaplin. En un momento dado, vemos al Joker, que se ha colado en la sala de cine, vestido con unas ropas que no le corresponden, como si fuera una especie de botones con un traje de otra talla, que mira de pie hipnotizado y riéndose de Charlot patinando a ciegas en unos grandes almacenes. Charlot atrapado en esa pantalla de cine con un público que ríe, pero que no entiende la esencia de su personaje. Solo ahí existe una conexión posible entre dos parias: Charlot y Joker. Pero también se constatará a lo largo de la película de Todd Phillips que ambos siguen caminos contrarios.

Y entonces no sé si consciente o inconscientemente constato que a lo largo de toda la película se juega con el Joker como contrario de Charlot o atino un poco más: es como si se quisiera transformar al Joker en el Charlot del siglo XXI, dejando constancia de que el Charlot del siglo XX ya no es válido como modelo iconográfico. Así que esta no es más que otra mirada hacia una película que ha generado ya un montón de análisis, polémicas y críticas de distinta índole.

Las referencias visuales, gestuales y auditivas del Joker hacia Charlot son continuas. La más llamativa, además de la secuencia de la proyección de Tiempos modernos, es su incursión en la banda sonora de la canción Smile, que su origen (sin letra) es una de las melodías principales que forman parte precisamente de la banda sonora de dicha película de Chaplin. La letra se incorporó años más tarde, en los años 50, y dice cosas como “Sonríe, aunque duela el corazón. Sonríe, aunque se esté rompiendo…”. Y es como un canto catártico para la transformación del Joker.

Charlot pierde la cabeza en Tiempos modernos ante la alienación que sufre en su trabajo mecánico en la fábrica; luego es confundido como un cabecilla de una manifestación obrera; más tarde en la cárcel evita un motín y, una vez fuera, tiene que seguir luchando contra las adversidades, pero esta vez en compañía de una joven muchacha. Charlot se levanta una y otra vez ante las adversidades que le depara la vida. Lucha siempre y aunque se rebela con su mera presencia contra la sociedad que le ha tocado vivir, él pasa de odiar, siempre avanza. El Joker es un hombre con problemas de salud mental, que no ve salida alguna, que se va hundiendo más y más en la locura en un mundo corrupto que le golpea cada día agresivamente. Un día le facilitan una pistola y devuelve los golpes recibidos. Sobrevive en el caos de una manera muy diferente a Charlot, hundiéndose más en la locura y en el entorno negro en el que vive.

Charlot se convierte en símbolo con su vestimenta y con lo que expresa con su cuerpo y rostro (con ayuda de la pantomima). Todo el mundo reconoce al sin hogar con su bastón, su bombín y sus grandes zapatos. También asistimos al nacimiento del Joker como símbolo visual, para que el mundo reconozca su risa, su pintura en la cara, su vestimenta, su forma de moverse, sus gestos… Y el actor que lo representa basa gran parte de su actuación en la utilización de su propio cuerpo. Momentos de una pantomima desgarrada, como cuando con su rostro de payaso ríe incómodamente, se mira en el espejo, llora o es salpicado por gotas de sangre.

En el Joker se presenta a su protagonista, Arthur Fleck, como un paria, un marginado de la sociedad, como siempre lo fue Charlot. Y lo primero que se ve es a un hombre que trata de trabajar como payaso en la calle y cómo no solo recibe la burla de un grupo de chiquillos, sino que es salvajamente apaleado por ellos en un callejón. En Luces de la ciudad también Charlot, cuando sale de la cárcel, y está en una situación de máxima vulnerabilidad, recibe la burla cruel de los chicos de la calle.

También en Luces de la ciudad, en el momento que Charlot está más en el margen, más desvalido, logra el reconocimiento de la mujer amada. Consigue ser visible, ser real, por una mirada. La vendedora de flores ciega que ha recuperado la vista, cuando le toca en la calle para darle una moneda, reconoce al caballero andante que se imaginó en su mente mientras no veía. Y Charlot llora, aliviado. Es uno de los finales más hermosos de la filmografía del personaje. Al Joker ni siquiera le dejan ser reconocido por los ojos de la mujer amada, sino que él mismo, en su locura, recrea esa posibilidad con su vecina. Esa posibilidad de ser amado tal y como es.

Algunos cortometrajes y películas de Chaplin eran habitadas por protagonistas femeninas desvalidas y desgraciadas, frágiles, que encontraban en Charlot, un compañero de viaje en esa vida dura. La huella de alguna de estas heroínas frágiles tenía sus antecedentes en la madre de Charlie Chaplin, Hannah, una artista del music hall con problemas de salud mental. Sus hijos siempre trataron de estar pendientes. En pantalla esta heroína frágil solía tener el rostro de Edna Purviance. En el Joker, Arthur Fleck cuida a su delicada madre, y eso le aferra a la realidad, le hace no perder la cabeza del todo. Sin embargo, cuando descubre las oscuridades, vulnerabilidades y la falta de salud mental de su madre, él abandona el cuidado y se rebela contra la figura materna de la manera más extrema.

Por último en varios finales de los cortometrajes y películas de Charlot era famoso su paseíto final de espaldas por un largo camino sin final, y a veces con patadita incluida. Un canto a la vida sigue, no me rindo y a la vuelta de la esquina algo puede cambiar. El Joker también tiene su particular paseíto de espaldas por un largo pasillo de una institución psiquiátrica, dejando sus huellas de sangre en el suelo con pirueta final…

Esta es tan solo una de las muchas miradas que surgen de Joker. Esta en concreto me llamó la atención analizarla, pero también me dejó triste. Prefiero mucho más un mundo bajo la batuta de Charlot.

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