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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Un corazón en invierno (Un coeur en hiver, 1992) de Claude Sautet

Un corazón en invierno

Las emociones a través de las cuerdas de un violín…

“Maxime y yo nos entendemos sin hablar”. Todo empieza con el trabajo perfeccionista y en colaboración de Stéphane (Daniel Auteuil), un lutier, con su jefe y socio Maxime (André Dussollier). Stéphane mantiene una rutina de trabajo bien hecho con los bienes más preciados de los músicos para los que trabajan: sus violines. Apenas sabemos de su vida, solo su meticulosidad en el trabajo, su soledad como compañera y que se rodea de pocas relaciones personales: un anciano maestro y una librera amiga. De pronto, una nueva presencia desequilibra su existencia: Camille (Emmanuelle Béart). Ella es no solo una violinista, camino del éxito, que solicita sus servicios, sino que además es la amante de Maxime. Desde que la ve por primera vez en una cafetería llama su atención y trata de acercarse a ella.

Stéphane ejerce un control férreo de su vida y de sus emociones. Él arregla los “instrumentos” que harán surgir las emociones. Con sumo cuidado pone en marcha los mecanismos para que funcione lo imposible, incluso un antiguo muñeco autómata violinista de siglos pasados. Su entrega y precisión esconden una verdad dolorosa: su incapacidad para el amor, la continua estancia de su corazón en invierno. A pesar de notar latidos lejanos o una necesidad de descongelación.

Claude Sautet se sirve de las miradas y el silencio, de lo que no se dice, con la música de otro solitario reconocido y perfeccionista, Maurice Ravel, de fondo para contar una historia de amor no correspondido. Entre silencio y silencio, entre miradas y huidas, entre acercamientos y distancias, las sonatas para violín y piano o para violín y violonchelo o las sonata con los tres instrumentos a la vez… Y solo Camille se entrega del todo a la perfección musical cuando toca para Stéphane. Esa ansiada perfección no estaba tan solo en la técnica sino también en esa entrega desgarrada y no correspondida. Con dolor. Cuando siente, la música llega más lejos. Aunque surja un daño que quizá tenga un reparo complejo. Pero el camino no es de rosas. Sthépane solo libera las emociones de otros, pero él se encierra en sí mismo, incapaz de salir de su caparazón a pesar de sus deseos. Tan frío como la muerte… Ese es su sino. Y mira triste, a través del cristal de una cafetería, cómo Camille se aleja en un coche. Un abismo insalvable les separa.

Sauset, con sensibilidad extrema, teje una historia triste de seres solitarios que tratan de desterrar el invierno de sus vidas, aunque sea una labor de lo más compleja. Algunos solo se sienten completos y seguros en el fondo del taller, arreglando con precisión un violín. Son observadores de la vida, las emociones están reservadas para otros.

Todas las mañanas del mundo (Tous les matins du monde, 1991) de Alain Corneau

Todas las mañanas del mundo

Entrega total a la música y al amor.

Todas las mañana del mundo recrea la posible, misteriosa y triste historia de un maestro de viola da gamba del siglo XVII, monsieur de Sainte-Colombe (Jean-Pierre Marielle). El narrador es un ya anciano discípulo suyo, Marin Marais (Gérard Depardieu), músico y compositor de la corte del Rey Sol, Luis XIV, y un virtuoso de la viola da gamba. Alain Corneau crea una composición perfecta de notas musicales en el pentagrama y construye una historia de amor, trascendencia y música.

El retiro exigente de monsieur de Sainte-Colombe tras la muerte de su amada esposa y su entrega a un perfeccionamiento musical continuo le permite una vida espiritual intensa. En ese retiro se acompaña también de sus dos hijas, Madeleine y Toinette, a las que educa con rigor en sus artes musicales, pero de las que se aísla inevitablemente. En ese aislamiento logra comunicarse y alimentar un amor eterno hacia su esposa fallecida, que nunca deja de estar presente en su vida, haciéndole sentir una existencia intensa y profunda, alejada del mundo terrenal. Ese es su misterio y por el que su música llega a lo más alto.

Ese es el secreto que quiere alcanzar un ambicioso Marin Marais, hijo de un zapatero, que tiene claro que tiene que ser el mejor y entrar en la corte. Su objetivo es claro: que monsieur de Sainte-Colombe le dé clases, convertirse en su alumno. Y ese joven Marais (Guillaume Depardieu) rompe la férrea y ascética vida del maestro y sus entregadas hijas. Este le admite como alumno, pero pronto chocan en cuanto que la finalidad de la música para cada uno no es la misma. Como demuestra la distinta entrega de Marais hacia Madeleine, nada que ver a la de su maestro con su difunta esposa. Madeleine como su padre es intensa, espiritual y entregada. Si ofrece su amor, lo hace hasta la médula. Marais se deja llevar en un principio por la pasión, pero el amor para él no es prioritario ni la entrega total y sacrificada a la música. No tiene reparo alguno en desprenderse de Madeleine que también ejerce de fiel maestra, cuando su padre no quiere saber nada de un alumno entregado a la corte del rey.

Marais aprende despacio y solo cuando presiente cercana la muerte, cuando ve que su vida termina, recuerda cómo el amor a la música le redime. Y cómo el maestro le entregó el secreto de sus composiciones, además de entender la oportunidad perdida. Ese amor profundo que consumió para siempre a Madeleine.

Alain Corneau entrega una película bellísima de partitura perfecta, de música de tiempos pasados, pero de emociones universales e imperecederas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

21 Comments

  1. Bet dice:

    No me vas a creer pero estaba pensando en vos. Me preocupé al no ver nuevos artículos.-
    Te mando un beso enorme, Bet.-

  2. Cómo puedes ser tan bonita, Bet. Mil gracias.
    ¡Todo bien! Me he liado en otros teclados, pero ya estoy de regreso
    Beso
    Hildy
    PD: he visto el cambio de look de tu ciberhogar. Qué bueno. Pronto leo esa suculenta entrada que me espera

  3. Isis dice:

    “Un corazón en invierno” probablemente sea la mejor película de Sautet. Delicada como un jarrón de porcelana, elegante como suele ser seña característica de su autor y sutil en su descripción de sentimientos. Y es que el binomio música/amor (o su falta o, como enuncia el título, la imposibilidad de amar) siempre ha dado mucho juego. Aunque aquí el sentimiento se tiñe de una complejidad que contribuye a hacer de la película algo digno de verse, pues invita a leer a los personajes, a espiarles. Me atrevo a decir que Emmanuelle Béart (qué belleza de mujer y lo malograda que está debido a la dichosa cirugía) ofrece su mejor interpretación. El momento del restaurante, en el que descarga toda su rabia ante el personaje de Ateuil (un actor que, para mí, es bastante inane, pues no me transmite nada) es memorable. Y no digamos la secuencia de la lluvia y la composición de Ravel; o la deliciosa secuencia en el que Béart no es capaz de tocar una nota adecuadamente.

    Respecto a “Todas las mañanas del mundo”, para mi gusto demasiado pomposa. Se me hizo larga y tediosa. También he de reconocer que hace mucho tiempo que la he visto. Tal vez tenga que darle otra oportunidad, no sé.

    Un abrazo.

  4. Querídisima Isis, qué bien has descrito Un corazón en invierno, “delicada como un jarrón de porcelana”. Sí, lo es. Y tiene efectivamente un montón de secuencias que se quedan grabadas. Efectivamente, qué hermosa Béart… Nunca entenderé cómo esos rostros ven necesaria la cirugía estética. A mí Ateuil me gusta, pero tal y como lo describes y lo que te transmite, jajaja, era el ideal, entonces, para este papel.
    ¡Sí, por favor, da otra oportunidad a Todas las mañanas del mundo! A mí me ha parecido un cuento adulto precioso y triste con una base de realidad. Yo confieso que me dejé llevar y me engatusó totalmente.

    Beso
    Hildy

  5. Deckard dice:

    Bello texto el tuyo, Hildy, sobre “Un corazón en invierno” de Claude Sautet, una Obra Maestra indiscutible. La mejor película francesa de los 90 sin discusión alguna (ni “Delicatessen”, ni “El marido de la peluquera” ni gaitas….).

    La estuve revisando hace cosa de un año y es una de las películas europeas que más veces he visto en mi vida. Todo en ella es fascinante e intemporal. A mi, personalmente, me demuestra la capacidad asombrosa de las buenas películas para mostrarnos los aspectos más ocultos, misteriosos y esenciales de la realidad. El hecho de que una belleza como Emmannuele Beart pudiera enamorarse de un “pescado seco” como el que interpreta Daniel Auteuil en la película, pues que quieres que te diga, me dio en su día vitaminas para la vida….. Pero todo en “Un corazón en invierno” es excepcional. El tacto y el detalle con los que Sautet describe a sus personajes es asombroso. Y resulta increíble con que sutileza se disecciona relaciones tan complejas como la propia de Auteuil con Beart, la de Auteuil con Dussolier (su luthier socio y amante original de Beart), la de Beart con su agobiante y dominante mujer representante o la de Auteuil con su amiga de correrías con la que mantiene una atípica relación asexuada. Fíjate si hay ahí posibilidades de enredos y complicaciones en las tramas, pero sin embargo todo fluye con la sencillez y buen ritmo de un riachuelo de aguas cristalinas o con la armonía de un ballet de Él lago de los cisnes. Que maravilla.
    Y luego está la extraña relación de Auteuil con su profesor y mentor del que aprendió todo menos lo más importante: aprender a vivir. Porque su profesor si que sabe lo que es amar pese a su terrible enfermedad, como nos muestra Sautet en una tan magistral como estremecedora escena. Y esa relación de Auteuil con su alter ego femenino, una pareja que observa al resto del mundo con implacable cinismo. Un cinismo irreal e inasumido porque la amiga al final encuentra pareja, no como Auteuil que tira a la basura la irrepetible y asombrosa posibilidad de emparejarse con alguien tan adorable y seductor como Beart (creo que cuando la vi en el cine algún espectador airado no pudo evitar exteriorizar su desesperación y exclamo:”Pero, como puedes ser tan gilipollas?” Pues, si. Confesémoslo de una vez. Todos estábamos pensando lo mismo….)
    Gracias a esta película yo descubrí la novela “Un héroe de nuestro tiempo” de Mijail Lermontov. Una obra maestra. El alter ego femenino de Auteuil, que trabaja en una librería se la regala y le dice: “Toma. Lermontov. Seco como un palo seco. Seco como tu” o algo muy parecido.
    Que gran película. Y la exquisita utilización de la música de Ravel. Asombrosa. Si alguien está leyendo estas palabras y no ha visto esta película, que le ponga remedio lo antes posible. Les aseguramos que no se arrepentirán. Una apuesta segura.
    Y en cuanto a “Todas las mañanas del mundo”, Hildy, me pasa un poco como a Isis. Me queda muy lejana, pero no acabe de entrar en ella. Se me hizo espesa. Además la música corría a cargo de Jordi Savall que por aquel entonces estaba hasta en la sopa (creo que por entonces también estaba al cargo de la música de “El pajaro de la felicidad” de Pilar Miró, película plumbea y hermética donde las haya) Y esa música a mi me resulta de una gravedad un tanto narcotizante, así que tampoco la disfrute demasiado. No obstante, si tu la recomiendas tan vivamente, quizás le demos una segunda oportunidad…

    Un beso.

  6. Mil gracias, querido Deckard, qué bonito análisis realizas de Un corazón en invierno y cómo diseccionas todas sus posibilidades. Según te iba leyendo la iba volviendo a ver otra vez. Como demuestras es una película de análisis rico. Y no deja indiferente. Sus personajes son complejos y ofrecen un montón de lecturas. ¡Hay que recomendarla vivamente!
    Yo entré de lleno en Todas las mañanas del mundo. No sé, como digo, la viví como un cuento triste con tintes fantásticos. Me engatusó. Y efectivamente la música corre de la mano de Jordi Savall. Me pareció una historia preciosa y que también la música narraba…

    Beso
    Hildy

  7. Deckard dice:

    Gracias, bonita,por tus elogios. Eres una mujer de buen corazón. Te gusta elogiar alegremente a todos tus seguidores. Eso te honra. No te creas que es algo tan común. Hoy en día cada vez es más habitual ver solo a gente mal encarada por la calle que no es que no te dedique ya buenas palabras, es que ni saludan ni te dan la hora. Pero supongo que tú también tendrás experiencia de todo ello. Que te voy a decir.

    Te animo a que sigas asi, con ese caracter dulce y positivo. Y que sigas “dándole duro” a esto del blog, que siempre es un placer leer tus agudos y atinados análisis.

    Un fuerte abrazo.

  8. ¡Querido Deckard, jajaja, gracias por lo de bonita! Sienta bien esta palabra recién levantada. ¡Y cómo quieres que no os escriba elogios con esos pedazos de comentarios y análisis que hacéis! Siempre me ha parecido interesante compartir miradas, conocimientos y pareceres así como el debate constructivo en esta pasión nuestra que es el cine.
    Beso
    Hildy

  9. Lilapop dice:

    Hola Hildy:
    Vi las películas hace años. No en su estreno, pero si en una sala de cine en la Filmoteca (Por cierto, qué triste debe ser la vida de aquellos cinéfilos que viven sin una filmoteca cerca…)
    Recuerdo que la película de Sautet me dejó muy buena impresión… pero apenas recuerdo el film. Es bien triste, la verdad. A ver cuándo puedo recuperarla. Si que recuerdo aspectos que me agradaron. La música, la relación entre el personaje de Auteuil y su amiga. El hombre tan estupendo que me pareció que era el personaje de Dussollier. Y el personaje de Beart, una artista tan profesional, tan precisa en la ejecución de las piezas musicales, que pierde la cabeza completamente por el personaje de Auteuil. La pierde hasta la enfermedad, si no recuerdo mal. Si que me quedó en la memoria el momento en el que ella le espeta al personaje de corazón hibernado de Auteuil “Le deseo”. Me sorprendió lo contundente, descarnado incluso de la declaración y hacerlo con tratamiento de usted y sin enfatizar. Muy francés. Debo volver a verla.
    Si que tengo fresca en la memoria y en el corazón la siguiente película de Béart con Sautet: “Nelly y el Sr. Arnaud”. Una muy hermosa película que cuenta una historia de amor imposible en tiempos contemporáneos.
    De “Todas las mañanas del mundo” tampoco recuerdo mucho…Creo que me aburrió un poco. De nuevo una mujer que se consume por amor, pero con resultados más radicales que en el film de Sautet. Al fin y al cabo, estamos en el siglo XVII y no hay terapias, ni psicofármacos para superar la depresión…Recuerdo que me sorprendió, por lo breve, la aparición de Gerard Depardieu.
    Lo mejor de la película el concierto final. Cuando acabó la sala entera estalló en aplausos. A raíz de la película no había espectador “sensible” que no se comprara la banda sonora (todavía se compraban CDS en aquella época) y se considerara fan y experto en la música de Jordi Savall y la viola de gamba….
    Un abrazo cálido y caluroso…Con estas temperaturas

  10. Querídisima Lilapop, desde estos calores veraniegos y urbanos… ¡Tienes un recuerdo muy nítido de Corazón en Invierno! Y sobre todo esa sensación de tristeza que provoca la película. Es bonito volver a ella.
    Sí me ha sorprendido cómo coincidís todos en que “Todas las mañanas del mundo” no os dejó un buen sabor de boca: aburrida, espesa o pomposa… pero, jajajaja, ¡qué he visto yo! que me dejé arrastrar por la historia e incluso eché una lagrimilla. Me pareció un cuento precioso y complejo. Por ejemplo, los personajes de monsieur de Sainte-Colombe y su discípulo Marin Marais son dos hombres llenos de imperfecciones y errores. Es difícil empatizar con ellos… y, sin embargo, te arrastran por su historia, y terminas redimiéndoles por la pasión que ambos sienten por la música y la perfección técnica… aunque por el camino hayan dejado un reguero de víctimas, entre ellas, las mujeres que más los amaron…

    Beso
    Hildy

  11. Deckard dice:

    Hola, Hildy:

    Tampoco te flageles mucho con eso de que “Todas las mañanas del mundo” no nos impresionara mucho a algunos de tus seguidores (espero que puedas dormir por las noches, vamos). A lo mejor resulta que los demás tenemos la sensibilidad embotada por haber estado expuestos tempranamente a demasiado influjo televisivo (ah, esas sesiones matutinas de los sábados, sometidas al pernicioso y enfermizo calor de “La bola de cristal” con Alaska a los mandos, imagínate como pudo eso moldear nuestros ingenuos cerebros…..) o por haber estado demasiado expuestos a las tertulias políticas de la caja tonta…..Puede que tú hayas conservado una virginal hipersensibilidad estética que nosotros hayamos perdido para siempre, asolados por semejante y tremebunda exposición a la jungla televisiva, tan perniciosa, y que ha jodido tantos cerebros….

    En todo caso, me comprometo a volver a ver “Todas las mañanas del mundo” tarde o temprano, y a volver a este foro para compartir mis experiencias ¿ok? Animo al resto de escépticos/as a que hagan lo mismo. Hildy se lo merece…..

    Besos.

  12. Jajajajaja, de momento, querido Deckard, puedo dormir tranquila. Jajajaja, ¡Yo era una de las pequeñas espectadoras de La bola de cristal! Pero, sí, me ha resultado curioso el recuerdo negativo hacia una película que cuando la he visto ahora este verano me ha emocionado. Quizá la vea otra vez y vuelva a entusiasmarme o detecte aquellas cosas que no os llegaron. Sin embargo, hay algo que me entusiasma y es leer críticas negativas de películas que me han encantado, porque me obliga a pensarlas, a mirarlas de otra manera, a darme cuenta de cosas que me habían pasado desapercibidas y a afianzar mi amor por ellas o echarles un vistazo y darme cuenta de que quizá se me escaparon cosas durante los distintos visionados. Por ejemplo, El proceso Paradine no gusta ni siquiera al mismo Hitchcock ni a Truffaut, ambos la pusieron fina durante su mítica entrevista. Así esta es un película bastante olvidada del maestro del suspense y no suscita muchas pasiones… Pues a pesar de los pesares, y de verla una y otra vez y analizar las críticas negativas, ¡¡¡¡adoro esa película!!! También me pasa lo contrario, y también me gusta el proces, películas mil y una veces alabadas y que yo intente verlas una y otra vez y no pueda con ellas… O que tenga películas que en su momento no me llegaran y después, poco a poco, y con distintos y rigurosos análisis ahora me apasionen…

    Beso
    Hildy

  13. Deckard dice:

    Hola de nuevo Hildy:

    Pues la verdad es que “El proceso Paradine” la vi hace muchísimo tiempo. No sabría decirte con detalle si es una película que merezca ser tan vilipendiada, pero la verdad es que a mi me dejó más bien poca huella (y parece que a la mayoría de los cinéfilos también, o a lo mejores que casi todos nos dejamos arrastrar por prejuicios injustos que se van arrastrando de generaciòn en generación). Yo creo que, a lo mejor, (tú que la has visto más veces y parece que la conoces a fondo), esa obra no es demasiado hitchcockiana y por eso puede que no guste mucho a sus seguidores habituales. El problema de las películas judiciales es que, suelen tener estructuras de género muy estrictas e identificables y por lo general se prestan mucho a un tratamiento muy teatral (ya se sabe: unidad de espacio, el juzgado, unidad de acción, el proceso concreto, y casi unidad temporal, porque no pocas de ellas se podrían casi narrar en tiempo real…..). Y esas características no parecen cuadrar mucho con la concepción que Alfred Hitchcock tenía del cine. Me estoy tirando un poco de la moto porque la vi hace muchísimo tiempo, y no recuerdo hasta qué punto se aferraba “El proceso Paradine” a la idiosincrasia del género judicial, pero lo que quiero decir, es que puede que Hitchcock no se sintiera muy cómodo teniendo un guión que le condicionara demasiado si al final tenía que incluir escenas largas prototípicas de juicios que pudieran lastrar o alterar demasiado su ya clásica visión del thriller y del suspense.

    Hay muchas películas que siguen esa estructura casi teatral casi de manera sistemática, pero dos en concreto que resultan muy emblemáticas. Estoy pensando en la mítica “Doce hombres sin piedad” de Sidney Lumet (basada, como en este caso parece obvio, en una obra teatral de Reginald Rose) y “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer (basada también en una pieza teatral de Aby Mann). No obstante, hay otros casos en los que se elude esta tentación y se hacen películas sobre un proceso o caso muy concreto pero eludiendo hábilmente el peligro de la teatralización. Entre las mejores de este tipo, a mi me gusta mucho “Veredicto final” (también de Sidney Lumet, pero con un sorpresivo guión del dramaturgo David Mamet, que, contra todo pronóstico viniendo de un autor teatral, sabe esquivar hábilmente los riesgos de ese encorsetamiento marcado por la triple unidad ). Y algunas otras más, como la muy reivindicable “Algunos hombres buenos” de Rob Reiner, basada también en una pieza teatral del gran Aaron Sorkin, pero cuyo guión sabe airear y dar vida a la historia más allá de la clásica unidad dentro las tres paredes.

    En su día, Billy Wilder (ya ves que tengo cierta obsesión con él, como supongo que también os pasará un poco a todos vosotros, aunque es mejor obsesionarse con él, digo yo, que albergar contundentes convicciones a favor del genocidio…..) dijo que, en buena parte, el dirigió “Testigo de cargo” porque quería demostrar que era capaz de hacer una película tan buena como cualquiera de las de Hitchcock. Pero esa película, que es una obra maestra, tampoco es clásicamente hitchcockiana. Más bien es el atípico y sorprendente resultado de la fusión de tres mundos tan variopintos como los de Hitchcock, Wilder y Agatha Christie. Aunque hay un juicio, no es una película meramente judicial. Aunque hay humor mordaz (más de Wilder que de Hitchcock, aunque este tenía muchísimo sentido del humor, más bien negro) no es propiamente una comedia. Y aunque hay mucha intriga y sorpresas al estilo Hitchcock derivados de sus juegos con los puntos de vista, tampoco es propiamente un thriller.

    En todo caso, ahora me has despertado la curiosidad sobre “El proceso Paradine.” Tendré que volver a verla. Se me acumula la tarea. Cómo eres, Hildy. Como profesora nos tienes a todos hincando codos. Creo que la tengo ahí, echando polvo debajo de una estantería en DVD, sepultada por una montaña de libros y biografías sobre Billy Wilder y Orson Welles (esto último es una broma, pero tenerla sí que la tengo).

    Primero “Todas las mañanas del mundo” y ahora esto. Espero que seas buena, y que en el examen no nos preguntes, por ejemplo, cuales son los vasos comunicantes entre estas dos películas, porque, francamente, entonces suspendo fijo. Pero fijo de verdad.

    Besos,bonita.

  14. Deckard dice:

    ¡Ah, Hildy! Y también tengo pendiente “Una chica afortunada” de Mitchell Leisen…..

    No hay horas en el día para cumplir tus despóticos designios….

    Besos.

  15. Jajajajja, pero son unos designios de lo más atractivos y placenteros…
    El cine de juicios me gusta muchísimo y, sí, puede ser muy cinematográfico, aunque una de sus bazas como se pone en evidencia en las dos emblemáticas que señalas son sus personajes y psicología. Lo logra Hitchcock (ser muy cinematográfico y nada teatral) en la película en cuestión. ¿Has visto otra joya de cine de este género: Gett: El divorcio de Viviane Amsalem? Más deberes si no la has visto…

    Beso
    Hildy

  16. Deckard dice:

    ¡Pardiez, Hildy! ¡Con tantos deberes te estás metamorfoseando en la señorita Rottenmeyer! ¡Esto no puede ser!

    “El divorcio de Viviane Amsalem.” Qué despiste llevo. Esa no la recuerdo de nada. Supongo que la estrenarían en mi ciudad en su día, aunque es extraño, porque no la recuerdo de nada. Normalmente esas que han estado nominadas a los Globos de Oro o a los Oscars suelen entrar en mi radio de detección, pero es extraño porque no me suena en absoluto….En cualquier caso ¿dices que está bien? ¿Qué es? ¿Una versión sionista de Nader y Simin o algo así? ¿Merece la pena de verdad?

    Besos.

  17. … merece la pena de verdad. Ya verás. Es un drama donde sus personajes pasan años en una sala donde se dirime su futuro ante un grupo de rabinos (pues en Israel los que todavía deciden los divorcios son los tribunales rabínicos), pero con un humor de fondo muy sutil.

    Beso
    Hildy

  18. jorge trejo dice:

    A MI ME GUSTÓ MUCHO EL PROCESO PARADINE, EN MÉXICO SE LLAMÓ “AGONÍA DE AMOR”, ME GUSTARON SUS DIÁLOGOS Y LOS PERSONAJES DE ANN TOOD Y LAUGHTON, PERO SOBRE TODO ME IMPACTÓ LA BELLEZA DE ALIDA VALLI, A LA QUE VEÍA POR PRIMERA VEZ…

  19. Querido Jorge, a mí me parece una joya de película. Me gusta mucho el título mexicano. EL amor como agonía… Sí, Alida Valli está bellísima. Está tan inolvidable como en El tercer hombre. No es de extrañar que el personaje de Gregory Peck se quede tan subyugado por ella.

    Beso
    Hildy

  20. Me apunto las recomendaciones.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

  21. Albertooooo, cuánto tiempo sin saber de ti. ¡Espero que vaya todo bien y que disfrutes de las recomendaciones! El ciclo de delicatessen francés lo disfruté muchísimo.

    Beso
    Hildy

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