… Reconozco que siento especial predilección por Deborah Kerr, una actriz de filmografía abundante y con muy buenos títulos. Y en esta sección de dúos compruebo que Kerr tuvo varias parejas cinematográficas con las que protagonizó historias de distintos matices. Normalmente el amor estaba de por medio. Algunas eran historias felices y otras trágicas. Kerr iba de unos brazos a otros protagonizando escenas que se quedan en la retina. Kerr no sólo aportaba a sus personajes matices, carisma y elegancia sino que facilitaba una química especial con sus compañeros de reparto que hacía ganar puntos a sus enamoramientos cinematográficos. Así primero fue la mujer de los aventureros, después la mujer desencantada pero capaz de enamorarse y apasionarse. Alcanzó el estatus de heroína de un cine romántico al borde del melodrama o también se mimetizaba en la mujer exquisita y divertida… Kerr y sus muchos rostros.

Curiosamente Kerr tuvo una química muy especial con tres de los actores ‘más duros’ y eróticos del panorama cinematográfico de los años cincuenta. Absolutamente inolvidable y natural junto a Robert Mitchum, Burt Lancaster y Yul Brynner.

Pero también llegó a la cumbre del cine romántico junto a Cary Grant, el hombre elegante y rey de la comedia (y el suspense). O estuvo magnífica como mujer del aventurero Stewart Granger. Y entre la tragedia, el terror y la comedia trabajó varias veces junto al eficaz y carismático David Niven.

Con Robert Mitchum. Y aunque pasen los años…

Con Mitchum, el duro y desencantado por experiencia protagonizó tres películas… y cuando ya eran mayores ambos volvieron a reunirlos en un telefilm. Y desde que se encontraron en pantalla su química fue evidente. Las películas que protagonizaron juntos quizá no son las mejores de sus filmografías pero sin embargo sí que ambos desprenden una naturalidad especial que hace que sintamos no sólo que están enamorados sino que se quieren de verdad o que son cómplices en cuanto están juntos…

Primero los juntó John Huston en Sólo Dios lo sabe, 1957. Ella, una monja. Él, un soldado. Y ambos solos en una isla del Pacífico en plena Segunda Guerra Mundial y con los japoneses pululando… Una historia de amor imposible… Después en Página en blanco, 1960, una fallida pero elegante comedia, siguen dando rienda suelta a su química en una historia a cuatro bandas. Donde una aristócrata venida a menos (de nuevo Deborah) casada con otro aristócrata venido a menos Cary Grant sienten cómo su vida se ‘vuelve’ a revolucionar con la presencia de un americano multimillonario (sólo Mitchum podía hacerla ser infiel) que seduce a Kerr y una dama alocada con cara de Simmons que también quiere conquistar a Grant. Hasta que llegamos a una especie de narración crepuscular de una familia errante donde la Kerr busca asentarse y Mitchum seguir con su caminar. Se trata de Tres vidas errantes, 1960. En 1985 volverían a protagonizar una historia de amor de dos personas en la recta final de sus vidas pero esta vez para televisión… y la química continuaba intacta, Reunion at Fairborough.

Con Burt Lancaster. El dulce encanto del adulterio…

La heroína romántica Deborah Kerr, la dama elegante, protagonizó el escándalo en los años cincuenta junto a Burt Lancaster. Ella se convirtió en Karen, esposa de un alto cargo militar, un capitán. Karen es la esposa adúltera que se va a los brazos de un hermoso Burt Lancaster, un sargento. Su tórrida escena en la playa con beso apasionado es un hito. Pero inocente comparado con el triste y desencantado amor que protagonizan en 1969 en Los temerarios del aire. De nuevo, Kerr es esposa adúltera y desencantada que trata de aferrarse a otra oportunidad de amar. Entre medias compartieron pantalla pero no amor de ficción en un maravilloso melodrama coral, Mesas separadas, 1958.

Con Yul Brynner. Colisión de culturas…

La elegante dama colisiona con la fuerza bruta. Así ocurrió las dos veces que unieron sus destinos en ficción. Kerr protagonizó un maravilloso musical con uno de los papeles más recordados del divino calvo (que también lo llevó a los escenarios), Yul Brynner. Se trata de El rey y yo, 1956. Un amor tan sólo sugerido pero que deja miradas y erotismos. Y mucha química.

Después unieron de nuevo sus químicas para ser protagonistas de una tragedia. Ahí está la olvidada Rojo atardecer, 1959, donde un oficial soviético se siente atraído por una mujer británica en una Hungría revuelta en 1956.

Con Stewart Granger. De aventura en aventura…

… pero Deborah Kerr también fue damisela de los sueños de espectadores que disfrutaban con las aventuras protagonizadas por el galán Stewart Granger a principios de los cincuenta. Populares películas de aventuras nunca olvidadas donde la dama delicada Kerr enamora al héroe. Así se convierten en pareja inolvidable en Las minas del rey Salomón, 1950… donde viven una exótica aventura en el continente africano. Y también están presentes en película de capa y espada, El prisionero de Zenda, 1952. Ahí vuelven a enamorarse y a hacer soñar…También ambos estuvieron juntos en película histórica con una Jean Simmons (señora esposa de Granger) en el papel principal, La reina virgen, 1953… a ella le corresponde ser reina de la función y vivir trágicos amores con Granger.

Con David Niven. Del amor trágico al terror…

Y con otro actor británico protagonizó dos amores trágicos, alguna que otra escena cómica… y una de terror de culto (que no he visto) donde aparece por primera vez la malograda Sharon Tate. David Niven el actor carismático del bigote eterno. Niven se movía entre la comedia y la tragedia. Entre el romanticismo trágico y la elegancia. Con la Kerr fue hombre trágico pero extremadamente emocionante en Mesas separadas, donde son dos corazones solitarios que a pesar de sus trágicas existencias logran encontrarse. Película coral y reivindicable. Del mismo año 1958 es Buenos días, tristezas donde un play boy, con ganas de asentarse, y su joven hija (Jean Seberg) crearán una tela de araña y un triste destino a una historia de amor condenada donde la principal víctima será la mujer amada (y aparentemente más fuerte), Deborah Kerr. Años después, a finales de los sesenta, comparten escena delirante y divertida en la paródica Casino Royale y se convierten en extraño matrimonio de película de terror de culto, Ojo del diablo.

Con Cary Grant. Siempre quedará el Empare State Building…

Trabajaron tres veces juntos pero alcanzaron la gloria del cine romántico con sólo una de ellas. Se unieron en una película que nunca he visto con título premonitorio La mujer soñada en 1953. Se convirtieron en leyenda en el remake de Tú y yo borrando a Charles Boyer e Irene Dunne del recuerdo (magníficos también en la película de los años treinta). Leo McCarey director de ambas logra el recuerdo eterno con su remake. Así se enamoran en un viaje en barco pero ambos están comprometidos… sin embargo quedan en el State Empire Building en un plazo de seis meses… si es que siguen sintiendo lo mismo. Así quedaron Kerr y Grant para el recuerdo como pareja romántica eterna… Y siguieron mostrando su química juntos en la elegante pero a la vez fallida Página en blanco donde son el matrimonio aristócrata que vuelve a sentir sensaciones y revoluciones cuando su unión peligra por las posibles infidelidades de ambos.

Después de estas palabras… no saben la cantidad de películas que me apetece volver a ver.

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